El blog donde la morralla tiende a acumularse.

El Mago del Bambú.

Sin más preámbulos, os presento a Lekuamna Ketuafor Godwin, un camerunés que bien podría ser el Mago del Bambú:

El móvil, el maletín, el chaleco, la corbata…

Ahí lo tenéis. Un hombre con unas capacidades excepcionales (y no es coña) y que sin embargo vive mucho peor que todos nosotros (supongo). Es más, dado que la esperanza de vida en camerún es de 53 años, a parte de vivir peor, seguramente vivirá menos. Quizá sea el mejor ejemplo de la suerte que tenemos de haber nacido donde hemos nacido. Si el bueno de Lekuamna hubiera nacido en Llanes, seguramente ahora sería un artesano de reconocido prestigio. Quién sabe, a lo mejor hubiera emigrado a Madrid y a estas alturas ya tendría el culo pelado de desfilar en Cibeles, tendría una línea de Pret-a-porter hecha de bambú y habría lanzado ya una funda para el iPhone. Viviría a todo trapo en el Barrio de Salamanca y tenerle en una fiesta sería de lo más in. Y no os digo nada si hubiera nacido en Bristol, lo mínimo caballero del imperio británico.

Sin embargo ahí está todo orgulloso, con sus manos de currante enseñando sus creaciones a un tipo con una cámara. Con eso a Lekuamna le basta, con eso y con tener un pedazo de laptop HP de hace una década. Es maestro y en sus ratos libres trabaja el bambú, lo que le permite ganarse un dinerillo extra. Su sueño es establecer una escuela artesana y enseñarle su técnica a más cameruneses para acabar estableciendo una empresa dedicada a fabricar puro WIN de bambú. Y yo me quito el sombrero ante semejante crack.

La putada es que es muy posible que sus ideas geniales sean plagiadas por algún listillo y la corbata de bambú acabe siendo la sensación de la próxima primavera. Made in China, por supuesto, mientras el sigue pegado a su Alcatel esperando la llamada que cambie su vida…

(Vía Anthrolology).

Maravillas de la Internet del 10-3 al 11-3

Disfrutad de lo mejor de Internet que he seleccionado del 10-3 hasta el 11-3:

Minutos musicales: Destroy Everything you Touch, Ladytron.

Hace unos días vi el magnífico documental “ The September Issue” sobre cómo se hizo la edición de otoño de 2007 de Vogue. Sí, sí, como lo lees, un documental sobre los entresijos de la mayor revista de moda del mundo. Yo soy asín de ecléctico: tan pronto veo Videodrome por la mañana como por la tarde me cago en los muertos de Anna Wintour por hideputa esclavista.

El caso es que en la introducción del documental hay un momento en el que muestran un montón de imágenes y suena una supercanción que me moló al instante. Afortunadamente para mí, reconocí el grupo a la primera: Ladytron. Es un grupo británico que hace pop retrofuturista electroclash y cuyo primer disco lleva en mi disco duro desde que Megateto me lo pasara hace muchos años. La canción que os traigo hoy es un buen ejemplo de su música. Disfrutadla:

Ladytron -- Destroy Everything you Touch (2007)

Uncharted.

Ayer conseguí acabar el Uncharted: Drake’s Fortune de la PS3. Es el primer juego que termino en la PS3 y me gustaría dejar constancia de lo encantado que he quedado.

Argumento:

En pocas palabras: las aventuras de Indiana Jones jugables. Sí, hay un tesoro que encontrar, un amigo de dudosas intenciones y una chica. Por en medio hay trampas, un templo maldito y muchos malos de piel morena. Por si fuera poco, también hay rastro de la Wehrmacht alemana. Más claro agua. (Hasta han copiado cierto concepto de El Arca Perdida) El hecho de que haya un argumento sólido, desgranado a través de escenas cinemáticas intercaladas aquí y allá, hace que yo me haya metido más en el juego que con Tomb Raider, por poner un ejemplo de un juego similar.

Técnica:

De los casi cuatro años que llevo casado, esta es la primera vez que mi mujer se ha queda mirando cómo jugaba a un videojuego. Creo que ésa es la mejor prueba del esfuerzo que los creadores han puesto en hacer un juego lo más realista posible. Los paisajes quitan el hipo, los movimientos del prota son fluidísimos, las voces están muy curradas (con actores de doblaje de reconocido prestigio) y las iluminaciones se salen. Pero es que además, los niveles de producción son altísimos. Por ejemplo: el submarino alemán de la IIGM que aparece es una reproducción tan perfecta de la realidad que me quedé un rato deambulando para disfrutar con los detalles.

Diversión:

Como diría Carl Lewis, “La potencia sin control, no sirve de nada”. Para mí, todo lo dicho anteriormente no significa nada para un juego, podría ser aplicable perfectamente a una película de animación. De lo que se trata en un juego no es ni de mirar paisajes, ni de quedarse intrigado con un argumento. Un juego es para jugar. Parece una tontería, pero estoy hasta los ovoides de que me recomienden juegos muy bonitos, muy trabajados y muy tal para que luego sean un tostón (un poco como Avatar). Aquí el Uncharted es donde me ha ganado. Su mezcla de saltos y puzles a lo Tomb Raider con tiroteos peliculeros es todo un acierto. Tan pronto estás tan tranquilo empujando piedras para activer un mecanismo como acelerado esquivando los disparos de los malos, tratando de meterles plomo en la cabeza. En ambos casos, las acciones duran lo justo para no sentir que se está haciendo lo mismo durante un rato. Es verdad que hay tiroteos que duran bastante, pero eso aporta un factor estratégico (en lo que a optimización de munición se refiere) que creo que le da aún más valor al hecho de superarlos. Por si fuera poco, hay implementado un buen sistema de ayuda que aporta pistas que permiten salir de atolladeros. No me malinterpretéis, odio que me traten como a un tontín, pero odio aun más no salir de un pozo porque el saliente al que hay que agarrarse está en una sombra que no distingo bien. En este sentido, las pistas si me parece que ayudan a no frustrarse con chorradas. Para esforzarse prefiero los tiroteos complicados. Sí amigos. En dificultad normal, el Uncharted tiene momentos verdaderamente difíciles. He leído algunas reseñas que dicen que eso es el mayor problema del juego. En mi opinión es su mayor virtud. Es precisamente el hecho de que me hayan matado docenas de veces lo que hace que me haya hecho ilusión pasarme el juego. Si no fuera por que con tres tiros seguidos estás muerto, ¿Cómo iba yo a fardar de haber conseguido el trofeo “Superviviente”?. Sin duda alguna, el factor de dificultad del juego, que se adapta perfectamente a mi nivel, es lo que más ha ayudado a que lo haya disfrutado tanto.

Ahora lo que me queda es jugar a la segunda parte, que todo el mundo dice que es mejor. ¿Será posible?

Mis pantalones favoritos.

Os presento a mis pantalones favoritos:

G-Star RAW “Shortcut Deckpant” de 1998 sobre alfombra de Ikea.

Os voy a razonar por qué me gustan tanto, que ya sabéis que si no argumento no soy yo.

  1. Durabilidad. Me los compró mi madre en las rebajas de invierno de 1998. Sí amigos, tienen la friolera de 12 años. Han pasado conmigo la mitad de COU, una carrera, un doctorado y tres años de matrimonio. Y siguen estando impecables. Sólo la parte de abajo tiene algún signo de desgaste, equiparable a lo que les pasa a los de Zara o Springfield (donde compro el 90% de mis pantalones) a los cuatro meses. Como son de entretiempo, calculo que los habré puesto una vez a la semana durante ocho meses en los últimos 12 años, vamos unos cuantos cientos de veces. Teniendo en cuenta que costaron 13000 ptas (una pasta para su época, ciertamente), su precio por año ha sido más que razonable. Y sigue bajando.
  2. Diseño. Como veis, son de color gris sin ningún tipo de desgaste, mancha ni otras mierdas que llevan otros pantalones. La pernera es completamente cuadrada, lo que acentúa la sencillez de su diseño, pero además lleva unas costuras en las rodillas para adaptar mejor la forma a la pierna. En mi caso, con las piernas torcidas como tengo, es un plus porque disimula el defecto perfectamente. Hoy en día es más común, pero en 1998 era novedad absoluta. Además, como son de tiro normal (no como el 80% de lo que se vende hoy), mi masculinidad no se ve oprimida y disfruta del Lebensraum que requiere y merece. Además son de talla 32 /32, lo que me viene muy bien porque soy de piernas cortas y casi todos los vaqueros de 32 de cintura son de 34 de largo, por lo que tengo que arreglarlos.
  3. Cariño. Obviamente, después de todos estos años, les tengo un cariño muy especial. Estos pantalones han visto como muchos compañeros disfrutaban de su momento de gloria nuevecitos para luego ir acabando poco a poco en las partes más profundas de las perchas pantaloneras a medida que el tiempo los mellaba. Mis favoritos no.  Ahí siguen, siendo una prenda clave en mi armario y ocupando una percha para ellos solitos, que después de tanto tiempo se la han ganado. También hay otro factor que me hace apreciarlos más y es la sensación de “Ya no se hacen pantalones así” que tengo cada vez que voy a una tienda y veo los G-Star actuales. Muy monos y muy caros, sí, pero ni de lejos con la calidad de los míos. Y eso mola.

Sólo espero seguir poniéndolos otros 12 años más.