El cambio de perspectiva.

El tiempo pasa rápido amigos: Así a lo tonto hace 26 meses (!) que trabajo en Francia, que se dice pronto. A principios de este año se acabó mi beca española de dos años y continúo haciendo lo mismo que hacía hasta ahora con un contrato francés asociado al proyecto con el que trabajaba. Este contrato terminará en Enero de 2014 sin posibilidad de renovación, por lo que he comenzado a pensar en qué haré entonces con mi vida. Diez meses pasan muy rápido.

Como ya dije en su día, el plan original de mi aventura francesa era aprender y mejorar mi CV para progresar en la carrera académica. Leyendo ese post que enlazo se ve claramente que estaba ilusionado por venir y podría decirle a mi yo del pasado que la decisión era correcta. A pesar de haber tenido momentos muy malos en lo personal, el balance hasta el momento es magnífico. He cumplido el sueño de mi vida, ser un científico, y lo he hecho en un ambiente ideal y un marco incomparable. He conocido a gente muy interesante y me paseo por París con la misma facilidad que por Oviedo, que no es poco. Además la distancia ha fortalecido mi relación con La Princesse, algo que a priori parecía imposible, pero que sin embargo ha pasado. La quiero más que nunca.

Sin embargo, leyendo el post también me doy cuenta de que ya no soy el mismo que vino. Hay algo en mi forma de plantearme el futuro que ha cambiado definitivamente. El hecho de venir y trabajar aquí ha trastocado mis planes completamente.

No os voy a engañar, la principal razón para venirme fue porque me consideraba una persona que (y cito)

(…) aspira en el futuro a integrar el sistema público de Investigación, asociado a una Universidad o no.

Es decir, vine a investigar a Francia como una etapa en un proceso gradual, como un medio para obtener algo y no como un fin en si mismo. Esto es fácil de comprobar viendo mi cuaderno de ideas, durante los primeros meses de mi estancia aquí me dediqué a llenar hojas con posibles proyectos de investigación que plantear a mi regreso a España. Son ideas rebosantes de ilusión, de ganas de mejorar lo que había conocido. Muchos proyectos son verdaderas gilipolleces, otros (los menos) son tan buenos que ya me los han pisado.  Sin embargo, a medida que han pasado los meses, los proyectos científicos comienzan a escasear (aunque son mucho más maduros, afortunadamente), y comienzan a aparecer planes B fuera de la Academia. Si, de forma completamente natural, he empezado a plantearme la herejía de abandonar la única profesión que he querido ejercer en mi vida. No es la primera vez que me lo planteo, de hecho es algo que tiene presente todo aquel que haya hecho una Tesis, pero si es la primera vez que pensarlo no me causa ningún remordimiento.

¿Cómo es posible que abandonar la carrera científica se haya convertido en una opción para mi?

Hay varias razones. La primera y más obvia es la total falta de oportunidades que me voy a encontrar al volver. Conocemos de sobra las razones y no pienso escribir ni una línea más del tema, que me resulta cansino.

La segunda tiene que ver con la sensación de plenitud que tengo desde que estoy aquí. No sólo por haber conseguido ser y sentirme como un científico, si no por justificar todo lo sufrido hasta ahora. Veréis, si miro hacia atrás veo que trabajar aquí aquí da sentido a haber hecho la Tesis, que a su vez da sentido a la carrera, que da sentido al instuto, que da sentido al colegio. ¡Si hasta el hecho de estar en Francia da sentido a haber empezado a estudiar Francés en 6º de EGB!. Esto nunca me había pasado en mi vida, siempre había un objetivo por delante a alcanzar. Sinceramente, estando donde estoy ahora he alcanzado lo más alto que mi carrera va a llegar. Así como suena, subir más está fuera del alcance de mis capacidades. Ya ahora tengo que esforzarme a tope para mantenerme al nivel requerido por mi puesto y estar a la altura de lo que mis compañeros requieren. He tenido una suerte inmensa llegando hasta aquí pero, seamos serios, soy Arbeloa en el Real Madrid, juego de titular pero se nota que me falta ese plus.

La tercera creo que es consecuencia indirecta de lo dicho anteriormente. Se resumiría en: después de haber conocido esto, no tengo ninguna gana de a trabajar en ciencia en España. Y no lo es por las razones que parecerían obvias, si, ahora trabajo en un grupo puntero, un centro puntero y con bastante financiación, pero eso también existe (existía) en España. Si, es cierto que ahora gano un buen sueldo, pero también es cierto que en Oviedo tenía el mismo nivel de vida que tengo aquí ganando menos de la mitad. No amigos, lo que me repele son esos pequeños detalles que en España daba por hechos y que aquí he olvidado:

No me apetece volver a ese ambiente funcionarial malsano, lleno de rencillas, de caciques y de inútiles que se aferran a una oposición como único hito en su historia laboral.

No me apetece tener que poner dinero de mi bolsillo para comprar un ordenador para trabajar, para pagarme un congreso o un curso de formación.

No me apetece volver a sentir la falta de respeto de mis compatriotas hacia lo que yo hago.

No me apetece volver a un sistema de asignación de puestos de trabajo opuesto a la meritocracia (que tampoco existe aquí, ojo, pero está más cerca).

No me apetece volver a una Academia en la que lo primero es la Ideología y lo segundo es la Razón.

No me apetece volver a ver a funcionarios con jornadas de 27h con los santísimos huevos de escaquearse y esgrimir su convenio para no arrimar el hombro.

No me apetece volver a ver a un liberado defendiendo el café para todos.

No me apetece volver a dar clase a 200 alumnos de los cuales sólo 20 deberían/merecerían cursar una carrera.

No me apetece comer mierda con la promesa de que algún día se la haré comer a otro.

No, amigos, no me apetece pasar por lo que otros están pasando por la posibilidad de tener una plaza a los cuarenta años. No a trabajar gratis. No a chupar pollas. No a migas para hoy. No. En Francia he aprendido lo que es el respeto y el respeto comienza por respetarse uno mismo. ¿Quiere todo esto decir que no pienso optar a trabajar en la Academia? De ninguna manera, sigo en la batalla y ojalá lo consiga, hay pocas probabilidades, pero mientras haya alguna ahí lo seguiré intentando. Lo que ocurre es que abandonar ya no me da miedo.

Ése es el cambio de perspectiva: estando aquí he cumplido el sueño de mi vida. La retirada ya es una opción.

Homo homini lupus

Déjame que te cuente una historia.

A lo mejor no sabes que mi suegra falleció hace unas semanas. Entre otras cosas, mi mujer se ha dedicado este tiempo a vaciar la casa de sus cosas para facilitarle la vida a mi suegro, mientras este pasa unos días con mi cuñado fuera. Mi suegra era una persona muy querida y su falta ha supuesto un duro golpe para todos. Una de sus cualidades era cierta tendencia a guardarlo todo, especialmente la ropa. No sabemos muy bien por qué, pero se negaba a tirar nada, como si en caso de apocalipsis nuclear vestirse fuera a ser una prioridad y la ropa un bien escaso y, por lo tanto, muy valioso. Por eso mi mujer se pasó unos cuantos días vaciando armarios y clasificando todo lo que su madre había guardado, ropa de señora de los últimos 30 años y también ropa de niña y adolescente. No fue tarea fácil, porque son momentos de nostalgia y de pena, máxime cuando yo no estaba en casa para esperarla. Aun así, gracias a su coraje y a las ganas de facilitarle las cosas a su padre filtró, cribó y seleccionó hasta conformar tres grupos: uno con la ropa todavía de moda para que la familia y amigos aprovechen, otro con la ropa para dar a los necesitados y otro grupo que fue directamente a la basura. El grupo para donar eran prendas en buen estado, pero completamente desfasadas o de tallas que nadie tiene en la familia. El concepto de moda o temporada está bien cuando vives acomodadamente, pero cuando la necesidad apremia poco importa que ya no se lleven las hombreras si el chaquetón abriga ¿Verdad?.

Con la ropa para donar llenamos ocho sacos (Diógenes, ya te digo) y decidimos llevarlos a los contenedores de recogida de ropa de la Fundación Humana. Pensamos en Cáritas, pero el ropero de Oviedo nos queda muy a desmano y no abre el sábado, imprescindible pues ella me necesitaba a mí para acarrear los bultos. Esta fundación es una buena alternativa, como ves, dedican la ropa a la obtención de recursos con los que financiar programas de cooperación al desarrollo en países que lo necesitan. ¡Qué mejor final para el abrigo blanco que tanto le gustaba a mi suegra que financiar una vacuna de un niño! ¿No crees? Así que nos dirigimos en coche al contenedor más cercano a nuestra casa. Y allí estabas tu, esperando a que llegáramos. Nada más vernos te acercaste y preguntaste lastimeramente si podías coger una bolsa. Eras menuda y bajita, como lo era mi suegra, y tu expresión indicaba que lo estabas pasando mal. Mi mujer te señaló la bolsa más grande, pues sabía que ahí estaba la ropa de invierno, pantalones de paño, jerseis, camisas y un par de abrigos, blanco incluido, que te ayudaría a no pasar frío en el invierno ovetense que, aunque no es muy duro, es mejor pasar abrigado. Cogiste la bolsa y te marchaste y nosotros acabamos de depositar la ropa en los contenedores y seguimos con nuestra tarde, contentos de haber ayudado a gente cercana y a gente lejana.

Pero la historia no acaba aquí. Por la noche quedamos con unos amigos para cenar, así que salimos de casa al punto donde nos habíamos citado. Acababan de sacar los cubos de basura a la calle y al caminar por una de las calles del casco antiguo mi mujer vió un cubo de basura lleno de ropa. Qué curioso, comentó, mi madre tenía una blusa como esa. Un momento, no era una blusa como esa, ¡Era esa blusa! Me es difícil describir los pensamientos que cruzaron por mi cabeza en ese momento. Mi mujer, con los ojos llenos de lágrimas por la rabia reaccionó rápidamente, entró en el super unos pasos más adelante y compró un rollo de bolsas de basura mientras yo avisaba a nuestros amigos de que llegaríamos tarde. Sacamos toda la ropa del cubo, afortunadamente no había basura y la volvimos a llevar a casa.

Al llegar a casa comprobamos que toda la ropa que te dimos por la mañana estaba allí.  ¡No habías cogido nada! El disgusto de mi mujer se fue transformando en rabia. Si no necesitabas la ropa o no te gustó ¿Por qué tirarla a la basura? ¿Acaso no crees que no pueda haber nadie más desgraciado que tu que la necesite? ¿Por qué no la escogiste delante del contenedor o nos preguntaste qué era antes de llevártela para tirarla al lado de tu casa?. Dejamos la ropa y volvimos al punto de encuentro con nuestros amigos. Y volvimos a pasar por tu portal y, sorpresa, a lo lejos venías tu. No vives en una chabola, vives en un piso viejo (un edificio apenas 10 años más viejo que el nuestro), con electricidad y agua corriente. Venías tranquilamente con un tipo, con ese aire que tienen las parejas cuando vuelven a casa después de tomar algo. Ya no tenías el aire de necesitada de la mañana, no, ahora tenías mejor pinta exterior, pero no podías ocultar cierto toque mezquino.  Afortunadamente, no nos reconociste y nosotros no teníamos ganas de contarte todo esto, porque total para qué.

Para tí seguramente haya sido la rutina de los sábados, hacer el paripé delante de los contenedores intentando engañar a los pringados como nosotros para coger las bolsas de ropa en busca de vaya usted a saber el qué. En cambio te puedo asegurar que para nosotros ha sido el hecho que nos ha jodido el fin de semana. Mi mujer no se merece que se insulte de esa manera la memoria de su madre y menos con su fallecimiento tan reciente. No se merece haber tenido que sacar de un cubo de basura la ropa con la que su madre la fue a recoger al colegio o con la que me recibía cada vez que iba a su casa. No, no se lo merece ni ella ni nadie. Afortunadamente, esa ropa ya está en los contenedores, que era donde tendría que haber estado desde el principio.

El disgusto se nos pasará, tenlo por seguro. Lo peor es que la próxima vez que un desconocido nos pida ayuda o limosna lo pensaremos dos veces, acordándonos de esta anécdota. Es duro, pero es así. Seguramente lo mejor sea seguir colaborando con asociaciones benéficas, capaces de canalizar la ayuda de forma eficiente y evitar que esta llegue a parásitos indeseables como tu.

Libros sobre el programa Apollo.

Desempolvo el blog para escribir uno de esos posts que me producen especial placer: la recomendación de libros. A pesar de que no me paso el día haciendo reseñas, muchos de vosotros (especialmente a través de tuiter) me pedís recomendaciones y me las agradecéis cuando éstas han sido de vuestro agrado. Así que ahí vamos:

Esta semana se ha muerto Neil Armstrong y con ello, ha habido un pequeño revival de todo lo relacionado con la Carrera Espacial y el Programa Apollo. A mi su muerte no me impactó mucho, por cierto, por un lado porque como mito prefiero a Yuri Gagarin y por otro porque no es que el pobre Neil tuviera una gran presencia mediática (de hecho yo pensaba que ya estaba muerto… De todas formas, es una excusa excelente para repasar un poco uno de los temas que más me gustan desde siempre y qué mejor forma que leyendo. Ahí vamos:

Space Race, de Deborah Cadbury.

Es un libro de Historia escrito por una periodista inglesa. No creo que sea ni el más exhaustivo ni el más preciso, pero desde luego que es muy, muy entretenido de leer, razonablemente ecuánime y, sobre todo, da una visión global de lo que fue la Carrera Espacial: un tablero más de la guerra fría. No trata sobre el programa Apollo específicamente, sino que comienza con la II GM, donde los personajes clave de esta historia adquirieron las competencias y la experiencia necesaria para poner a un hombre en la luna (no olvidemos que si Armstrong llegó a la Luna es porque von Braun diseñó las V2 que aterrorizaron Londres 25 años antes). Es un libro que se centra especialmente en las vivencias personales de los dos antagonistas: von Braun y Koroliov (el Ingeniero Jefe) y creo que es su mejor baza, porque desde luego son dos historias personales muy interesantes y ejemplares sobre lo que fue el sXX.

The Right Stuff (Elegidos para la Gloria), de Tom Wolfe.

Seguro que es el primer libro que a muchos se les viene a la cabeza al hablar de astronautas. Y con razón. Me encanta especialmente el principio, cuando se dedica a describir el hábitat natural de donde provienen los astronautas: los pilotos de pruebas. Emocionante conocer la historia de Chuck Yeager, el primer hombre en romper la barrera del sonido, que a pesar de tener todas las papeletas para ser astronauta no lo fue. Otro libro que habla de personas, en lugar de máquinas. Premiado con un Pulitzer, a mi me resultó un tanto pesado en algunos momentos, pero es igual, muy recomendable.

How Apollo flew to the Moon, de W. David Woods.

Ahora que ya hemos leído sobre las personas, podemos pasar a las máquinas. Este libro es la solución definitiva para todas las preguntas técnicas que se te puedan ocurrir sobre el Apollo. 400 páginas repasando toda la mecánica, física e ingeniería que llevó a los hombres a la luna. Digamos que está en el límite aceptable para un friki no versado en ingeniería como yo (afortunadamente no hay ninguna ecuación). Tiene fotos, diagramas, transcripciones de conversaciones. Yo casi lo consideraría pornográfico. La única pega es su precio, por lo que te recomiendo que le eches un vistazo si al final decides comprarlo. A mí no me defraudó, pero claro, es que cuando de cuentan al detalle la rutina de un astronauta o te dan argumentos sólidos para discutir la frase “El ordenador del Apollo tenía menos memoria que tu calculadora” es difícil resistirse.

Moonfire, de Norman Mailer.

Y si hasta ahora hemos leído a dolor, disfrutemos con imágenes. Maravilloso libro de Taschen, 348 páginas llenas de AMOR, que repasan toda la trayectoria del programa Apollo. Entrenamiento, protagonistas y, por supuesto, la llegada a la Luna. No he leído el texto (no he tenido tiempo), pero sólo por las fotos ya merece la pena. Por cierto, han sacado la versión en castellano (yo lo tengo en inglés) y como todo lo que tiene Taschen, a un precio (30€ envío incluído) que te hará odiar al resto de editoriales de libros en gran formato.

Y creo que con estos cuatro ya es bastante. Variado y de calidad, como a mi me gusta. También agradezco sugerencias, que el tema sigue interesándome…

A vueltas con Iberia.

Seguramente muchos os lo imagináis, yo soy uno de los afectados por las huelgas de los pilotos de Iberia. Después de que AirFrance haya dejado la ruta OVD-CDG de forma incomprensible (los aviones iban bastante llenos cobrando una pasta por el billete), ahora tengo que recurrir a Iberia vía Madrid. Y me jode, obviamente.

Respecto a la huelga, pues por partes:

Motivos:

Me ha costado mucho informarme adecuadamente sobre el tema, pues la web oficial del Sepla no dice ni mu al respecto. Afortunadamente, hay una página no oficial de pilotos de Iberia donde se explica bastante bien la postura de los pilotos, puesto que la de la compañía está bastante clara. En mi opinión se resume en que los directivos de Iberia firmaron un convenio colectivo con el Sepla que jamás deberían de haber firmado y el Sepla quiere hacerlo cumplir aunque ello lleve a la compañía a la quiebra. Todo ello aderezado con el cambio del modelo de negocio del transporte aéreo (los postdocs de hace 20 años no se podían permitir un vuelo al mes… y eso que ganaban comparativamente más), British Airways dándonos el palo y las low cost transportando el 55% de los pasajeros en España. Comprendo ambas posturas y me temo que sin negociación no van (vamos) a llegar a ninguna parte.

Ejecución:

Aquí ya me tocan un poco más el alma los amigos pilotos. Para empezar, han elegido todos los lunes y viernes de aquí a Julio. Está claro que cuando un avión no vuela, un pasajero se queda en tierra o ve muy perturbada su jornada. Sus razones tendrán para elegir esos días, pero haciéndolo así a quienes más afectan son a los trabajadores como yo que aprovechamos el fin de semana para ver a nuestras familias. Entiendo que se quiera presionar a la compañía, pero imagino que el mismo efecto ocurriría haciendo la huelga un martes, un miércoles y un jueves. A mi si me dejan sin asistir a una reunión, me jode, pero ni de lejos como que me toquen el descanso. Como en el caso de los controladores hace un año y pico, creo que no es inteligente por su parte perder la solidaridad de otros trabajadores. Por otro lado, los vuelos anulados sólo se confirman con una semana de antelación (ignoro las razones), lo cual para los plazos que estamos acostumbrados a manejar en el negocio aéreo es realmente poco. Finalmente, pues qué queréis que os diga, desde que tengo uso de razón oigo lo de las huelgas de los pilotos de Iberia y las he sufrido en mis carnes. Y por mucho que uno se esfuerce en comprender y en ponerse en el lugar del otro, pues como que poco a poco se va cansando.

Ahora podría reflexionar sobre lo extraño que me resulta ver cómo algunos tengan a los del Sepla como sus héroes particulares, cómo se idolatra a los pilotos (que lo merecen) mientras que nadie comenta nada de las docenas de profesiones que tienen también vidas en sus manos y por las que nadie da un duro o cómo hay gente que piensa que volar es de ricos. Pero no lo voy a hacer.

En lugar de ello, voy a daros mi opinión sobre Iberia. Veréis, independientemente de la huelga, Iberia hace años que se va al carajo. Yo la tengo entre mis compañías a evitar a la hora de volar, por su servicio de mala calidad a precio de compañía de verdad. Ignoro las razones últimas, pero hoy por hoy es pura fantasía equiparar a Iberia con compañías equivalentes como Air France o British Airways e incluso con compañías teóricamente inferiores como Air Berlín. Es una pena, pero si puedo elegir, no elijo Iberia. Después de volar mucho con Air France me he acostumbrado a la puntualidad, a la amabilidad del personal de cabina y a los pequeños detalles que hacen a una compañía grande. Os pongo dos ejemplos rápidos: Air France envía un mail de disculpas después de cada retraso explicando los motivos del mismo, además de las explicaciones que se dan durante el vuelo. Por otro lado, las azafatas (y los azafatos) de Air France tienen ese plus extra de amabilidad que hace que apetezca volar, ejemplos tengo a patadas, pero sin ir más lejos, el finde pasado no me cabía la mochila en el portaequipajes y la azafata me indicó que la llevaría a uno muy alejado de mi asiento. En cuanto vió mi ademán de ponerme a sacar el kindle y los cascos me dijo que no me preocupase, que me la traería tras el despegue y así lo hizo. Estas cosas no se ven en Iberia. Desgraciadamente, no soy el único que lo nota, las reseñas en AirlineQuality no la dejan en buen lugar (3,3 puntos sobre 10, comparados con los 5,3 de Airfrance, los 6 de Lufthansa, los 6,2 de Air Berlin e incluso los 3,6 de Air Europa). Dicho de otra forma, Iberia ni por precio ni por servicio. Creo que sería muy bueno que tanto los directivos de Iberia como los propios empleados reflexionasen sobre las razones que hacen que los pasajeros tengamos esa opinión tan negativa de la compañía, porque estoy seguro que todas las partes tienen su alícuota de culpa. Si no toman medidas, en breve nos quedaremos sin la ex-compañía estatal. Lo cual no tiene por qué ser estrictamente malo, otras ocuparán su lugar…

Mientras tanto, pues yo seguiré buscándome las combinaciones para volver a casa, procuraré permanecer zen cuando me retrasen un avión (tarea complicada) y le rezaré a quién sea para que vuelva a haber vuelos desde OVD a PAR (Vueling va a volar, pero sólo tres veces por semana). De momento, el Lunes de Pascua me libro…

Red Dead Redemption.

Acabo de terminar uno de los mejores juegos a los que he jugado en la Play: el Red Dead Redemption. Básicamente es una mezcla de historia principal, misiones secundarias, minijuegos entretenidos, tiros, poker… Hasta aquí nada muy original. Entonces, ¿Que tiene para haberme gustado tanto? La libertad. No se cómo explicarlo, pero a diferencia de otros juegos, el RDR da sensación de que tienes absoluta libertad para hacer las cosas. Ojo, no es un juego de rol, por lo que jamás tomas decisiones, hablo de libertad en el sentido de que puedes elegir cómo va a ser tu sesión de juego. La mía típica podría  resumirse en: hacer una misión de la historia principal, salir de caza por el oeste, ver un rebaño de caballos, domar uno y quedárselo, cabalgar hacia la puesta del sol, desfacer un entuerto (o dos) y acabar jugando al póker en un garito de mala muerte. Claro, todo esto sobre el papel mola, pero cuando le metes una producción de calidad, pues lo flipas. Vaya puestas de sol, vaya paisajes y vaya voces. El juego no está traducido… y es genial. Sí, hablan en inglés, lo cual no es sorprendente ni tampoco reseñable, pero cuando llegas a México, ay cuando llegas a México, ahí te das cuenta de que es todo un acierto que no lo hayan traducido. ¡Qué delicia oír eso de pinche pendejo con el acento que corresponde! Y qué gozada cuando un mismo personaje habla en inglés y en español.

En fin, por estas razones que os cuento  te llegas a meter en la piel de un héroe solitario, sarcástico y egoísta, el clásico neutral puro al que se le coge cariño. Tanto cariño le cogí, que después de meterle más de 40h al juego, coleccionando trofeos a más no poder, que el final me ha pillado a contrapié, tanto que hasta se me ha escapado una lágrima. Teniendo en cuenta que me costó 14€, no se puede pedir más. Bueno sí, el multijugador que tiene, que también es una gozada :-) . Muy recomendable.