Haced caso a Marlo, no el concepto no puede desaparecer de nuestras vidas, de nuestras calles, de nuestras escuelas…
El alfa y el omega de la vulgaridad.
Haced caso a Marlo, no el concepto no puede desaparecer de nuestras vidas, de nuestras calles, de nuestras escuelas…
El alfa y el omega de la vulgaridad.
Últimamente estoy flipando con la mierda de programas que se pueden llegar a emitir. Me tocan especialmente el alma los de tipo “educativo” en los que cuatro se está especializando. Super Nanny, S.O.S. Adolescentes o Soy lo que Como se dedican a buscar a gente “”de la calle”" y a solucionarle sus problemas. Realmente, lo único que hacen es decir perogrulladas, cosas tan obvias que parece increíble que haya gente que se sorprenda al oírlas. ¿Que tu niño no se duerme si no estás a su lado? Pues empieza a dormirlo sin estar a su lado. ¿Que te ves gordo porque comes comida basura, no desayunas y te metes el atracón a la hora de comer? Pues empieza a hacer deporte y a comer normal. Lo que me parece increíble es que no nos hayamos dado cuenta de que nuestros padres, nuestros abuelos y de ahí para arriba nos hayan educado sin tanta mariconada de psicología barata, talante y sonrisas. La educación de un niño es saber decir que no en el momento adecuado, saber que, aunque duela, el futuro de una persona no se puede hipotecar por no dar un azote a tiempo. Me horrorizan los padres que intentan convencer a niños de año y medio sólo con palabras. La vida no es razonable. Si tocas el fuego te quemas, si corres te puedes caer, las tijeras cortan… Si el niño se va a hacer daño por desobedecer a los padres (si no es mucho, claro) que se lo haga, le vendrá bien, y la próxima vez andará mas listo. ¿O es que los demás no llegamos hasta aquí así?
Siguiendo la línea de servicio público de este blog, voy a inagurar una sección antropológica que espero que os guste: Los hombres son XY, las mujeres XX. Hoy voy a revelar una parte importante de la psique
masculina a todas las chicas que siguen este blog (si las hay, claro). Por supuesto, este post también sirve para que los tíos descubramos los recovecos de nuestra masculinidad.
Se trata de lo que yo llamo el despiece.
Por si no lo sabeís, el hombre (el macho español de pelo en pecho) es capaz de valorar a una mujer (la hembra) por partes o piezas. De manera análoga al carnicero, somos capaces de descontextualizar todos los parámetros susceptibles de ser evaluados del cuerpo femenino. La lista es variable en función de los gustos del sujeto, pero no suele faltar (por este orden) las tetas, el culo, las piernas, la cara, el tono de piel, las manos, los pies… Esta abstracción es muy útil a la hora de comparar entre dos chicas, pues prescinde de la interferencia de la personalidad de la chica (recordemos que evaluamos su cuerpo, nada más). Así, es posible decir que una tía tiene unas tetas del copón aunque tenga una cara más fea que el culo de un mandril. Gracias al despiece, el hombre es capaz de evaluar la follabilidad de la hembra y establecer prioridades a la hora del cortejo. La follabilidad (cualidad de lo follable) de una tía es una media ponderada en la que tienen más peso las piezas predilectas del macho, esto es, si le gustan las tetas y la chica posee dos maravillosos melones es muy posible que la considere apta, a veces llegando a compensar puntuaciones bajísimas en otros apartados. Esto contrasta con la aproximación femenina al asunto, que es mucho más global y depende de una serie de medias y umbrales harto complicados. Veamos un ejemplo:
[Grupo de tíos] – Fulanita tiene un pase increíble. ¡Vaya tetas!
[Tías que lo escuchan] – Pero que decís, si tiene las piernas torcidas…
Aquí las chicas cometen el error de considerar que las piernas de Fulanita la inhabilitan para estar muy rica. Con las tetas que tiene, han de pasar varios minutos hasta que el hombre medio se fije en las piernas. Quizá esta capacidad masculina haya evolucionado como consecuencia de la biología intrínseca del hombre, que le impele a poseer tantas parejas sexuales como le sea posible. El despiece agiliza la elección de presa, ahorrando recursos y concentrando los esfuerzos en el cortejo, tema que trataremos en otro capítulo.
Este vídeo describe una de las grandes verdades de la vida:
Los Hombres y las Mujeres no nos duchamos igual. ¿Que no? Mira mira…
Estaba aquí tratando de juntar unas letras cuando el maravilloso azar de la reproducción aleatoria de mi colección de discos (mp3 of course) me ha llevado a una de las canciones más emocionantes en español que conozco. Aunque sea un icono gafapastil, lo pongo, porque no soy racisata. Con ustedes la preciosa voz de Iván Ferreiro. Turnedo.
La letra tiene sustancia ¿verdad?