Esta semana he tenido el blog un poco desatendido. Os pido perdón. He empleado mi tiempo libre en instalar el Ubuntu 7.10 RC que salió el lunes (RC=Release Candidate) y hoy he sido de los primeros españoles en tenerlo en el ordenador (merced a un mail de las listas de distribución y a la Universidad de La Coruña y su maravilloso repositorio de software libre). Y puedo deciros que es una gozada. Es más, formateé la partición donde están instalados los programas y no toqué la partición home, donde están las configuraciones. Eso significa, que tengo un sistema nuevo que conserva los favoritos del mozilla, el mail de thunderbird, las macros de openoffice… Y no he tenido que partirme los cuernos buscando programas piratas. He abierto el Synaptic, he buscado mi VLC, mi Inkscape, mi Amarok y demás y ya está. Me ha llevado menos de media hora pasar de Ubuntu 7.04 a 7.10 con un formateo de por medio.
Yo tuve también mi época de pensar que el Linux era para frikis, que no se podía andar tan flipado por la vida por el mero hecho de usar un sistema operativo diferente… Pero ¡ah destino! llevo un año con Ubuntu y ya soy un fanático proselitista. No os podeís imaginar lo mucho que disfruto sabiendo que tengo el control absoluto sobre mi ordenador. Sabiendo que tengo la conciencia tranquila porque, aunque no pago por el software que uso, no lo estoy robando. Sabiendo que en muchas facetas disfruto del sistema operativo más avanzado y comprobando día a día que las mejoras aparecen poco a poco pero imparables…
Eso sí, mi partición Windows no me la quita nadie. La necesito para ciertos programas de mi trabajo y para algunos juegos. Pero os juro que cuando la arranco no me siento como en casa. Porque mi casa es Ubuntu.