O como hacer para no cenar en todo el fin de semana. Comer es un placer, y este finde lo he explotado al máximo. No sé cómo he podido levantarme hoy de la cama, porque estoy francamente inflado.
Sábado: Cocina de alto nivel con mi mujer en el magnífico restaurante Koldo Miranda. Ya habíamos estado y no nos defraudó. El menú degustación consistió en:
- Tres pinchitos para empezar.
- Atún marinado sobre crestas de gallo, vinagreta de aceituna negra y pistacho, rúcula y sorbete de jengibre.
- Arroz cremoso de setas y trufas con crujiente de parmesano (Excepcional).
- Pixín (rape) a la plancha y finalizado al horno sobre natillas de azafrán.
- Cochinillo lacado con gnochis y salsa de chile y miel (para verlo y comerlo, delicioso).
- Maki de arroz con leche y compota de manzana con helado de lichis.
- Té rojo de jengibre y limón, acompañado de un chupito de crema de queso y arándanos, un chupito de chocolate blanco con tandori y una galleta de pistacho.
Así a bote pronto os puede parecer que es una pijada. Nada más lejos de la realidad, cada plato es sólido como los de toda la vida y os puedo decir que no pude comerme todo el postre. Os lo recomiendo a todo el mundo, cambias un par de comidas en un sitio normalillo y las cambias por comer en casa y con lo que ahorras te vas a un sitio como este a darte el homenaje. Se nota la diferencia.
Domingo: Excursión gastronómica a Santiago Millas (cerca de Astorga) a comer cocido maragato. A saber:
- Compango:
- Chamón
- Jamón
- Manos de cerdo
- Gallina
- Tocino ahumado
- Oreja
- Morro
- Chorizo
- Relleno
- Ensalada
- Garbanzos
- Repollo
- Sopa
- Natillas (de las de verdad)
Brutal. Sabores tradicionales, con la potencia que sólo puede dar el cerdo, ese pedazo de animal tan injustamente denostado, cuando es el ser vivo más precioso que existe. El único defecto es conducir 150 km de vuelta para casa después de semejante escabechina…



