Me apetece contar una historia que ocurrió hace tres o cuatro años.
Había una vez una chica bastante competente que nada más acabar el doctorado se puso a reflexionar sobre su futuro. Todo el mundo le hablaba de su maravilloso porvenir en la ciencia, trabajando duro por poco dinero, pero participando de una de las actividades más nobles del ser humano (me parto el culo al escribir eso, algún día os hablaré de qué es la ciencia). El caso es que ella se movió un poco y localizó un par de plazas interesantes. Como suele ocurrir en estos casos, las plazas estaban muy competidas y no las sacó, así que la conclusión lógica del entorno fue animarla a incrementar su currículum para estar mejor preparada para la siguiente oportunidad. Ni que decir tiene que “aumentar currículum” significa tragar con lo que te echen por cuatro perras y para encima sonriendo, porque en este mundillo lo que se lleva es la sodomía por tu bien.
Sin embargo, nuestra protagonista tenía otros planes en mente. Hacía poco se había casado con un apuesto joven con un buen trabajo. Suficiente para mantener a ambos si se administraban bien. Así que, ni corta ni perezosa, anunció que había alcanzado un objetivo y que era el momento de buscar otro: formar familia.
¡Qué conmoción!. Su entorno femenino se echó las manos a la cabeza: ¡Cómo puede desperdiciar así su futuro!. El entorno masculino fue (fuimos) más comprensivos, aunque no pudimos expresarlo con claridad, debido a la presencia de varios elementos feminazis a nuestro alrededor. ¡Vaya suerte la suya!. Tuvo el placer de alcanzar el máximo grado académico y, justo antes de quemarse, cambiar de vida hacia una mejor.
No nos engañemos. Ser ama de casa era jodido en época de mi abuela: casi analfabeta, seis hijos, lavando la ropa en el río y atendiendo la huerta. Hoy en día me río yo de la dificultad de ser ama de casa. Es una putada serlo por obligación, pero por elección es un lujo. La ropa se lava prácticamente sola, el Mercadona te lleva la compra a casa, Internet, tienes tiempo para estar con tus hijos…
Hace poco la vió uno de mis compañeros. Nos dijo que se la veía feliz y contenta. Nosotros lo comprendimos perfectamente, ellas lo vieron como una deshonra, aprovechando la coyuntura para descargar la peor de las malas babas. Yo, personalmente, siento envidia y pena. Siento envidia porque hoy una mujer puede ser lo que quiera, mientras que un hombre lo tiene más complicado (cambiar ella por el en la historia anterior y me contáis). Siento pena porque el feminismo extremo (feminazismo) representa un paso atrás en la evolución de la sociedad humana, pues no deja de ser otra ideología que trata de decirle a cada uno lo que debe o no debe hacer. Lo más importante en esta vida es ser feliz, da igual el camino, sólo importa el objetivo.
Posted on Mayo 29th, 2008 por Ponzonha
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