Seguro que conoces a esta persona:
Es desinhibida en el peor sentido de la palabra, es decir, suelta lo primero que se le viene por la mente. Está sujeta a cambios fuertes de humor, que al no estar mitigados por la inhibición, acaban descontrolando al grupo. De sí misma suele decir que tiene una personalidad fuerte, cuando lo que significa es que no la aguanta ni su madre. Tampoco le son extraños los ataques de ira o las salidas de tono ante las que todo el mundo calla, porque en el fondo es un rasgo de su personalidad.
Déjala, total, ya sabes cómo es…
Pues yo empiezo a estar hasta los cojones. De la misma manera que yo meaba los pañales y aprendí a controlar los esfínteres, también aprendí a hacer que mi estado de ánimo no perturbase a los que me rodean (en la medida de lo posible). Esta habilidad no es especial, pues la tiene el 98% de la gente que conozco. Yo la definiría como educación, o sociabilidad. No confundir con la sinceridad y la nobleza. A lo que me refiero es que si yo discuto con mi mujer por la mañana no voy comiéndome a mis compañeros de trabajo el resto del día, aunque tampoco voy a estar alegre ni receptivo, obviamente.
El problema de esta gente (en Asturias los llamamos faltosos), es que como nadie les ha dicho nada en su vida, su comportamiento se va afianzando con el paso de los años, y acaban siendo unos verdaderos maleducados indeseables. Lo que se viene llamando un hijo de puta, vamos. Da igual que sean encantadores cuando están de buenas, lo ideal es de mantener unos mínimos todo el tiempo.
Llegará un día en el que yo también tenga un mal día. Ese día cometeré el error de rebajarme y me cagaré en sus muertos. Digo error, porque entonces el mal educado seré yo, por no haber sabido comprender las “necesidades especiales” de este tipo de personalidades…
Posted on Julio 31st, 2008 por Ponzonha
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