Vaya invierno que llevamos los nacidos en los 80. En menos de 12 días hemos visto como fallecían dos personas a las que creo que debo de rendir un sentido homenaje. No sólo yo, sino también todos los de mi generación.
Hans Beck. [info]
El 30 de Enero se moría con 80 años este buen señor alemán. Triste pérdida porque es el creador de los clicks de Playmobil (Famobil cuando yo los conocí). Si tengo que definir los juguetes de mi infancia con dos palabras diría Clicks y Lego. Así de simple. Si recuerdo mis astronautas, el explorador de safari, el ballestero medieval, el coche de policía, el castillo medieval, la habitación de hospital, los niños y sus bicis… si recuerdo todos mis clicks no puedo evitar sonreir. Los tengo guardados amorosamente en una caja, para cuando llegue el momento de volverlos a mirar. ¡Cuantas tardes de felicidad jugando con mi hermana!. Los muñequitos son más sencillos que un chupete y sin embargo tienen un encanto irresistible. Tanto que el año pasado me pedí el Caballero Negro que ahora adorna mi escritorio.
La obra del Sr. Beck tendrá siempre un lugar en el corazón y perpetuaré su legado a través de mis propios hijos, que tendrán sus propios clicks, incluyendo el barco pirata que yo nunca tuve, pero que creo que es uno de los hitos de la civilización en el último cuarto de siglo pasado.
Albert Barillé. [info]
El 11 de Febrero fallecio a los 79 años este francés. Su memoria merece ser honrada porque es el genio detrás de las series de dibujos de “Érase una vez…”. Es imposible describir todo lo que he (hemos) aprendido gracias su concepto de didáctica no reñido con la diversión. Aprendimos sobre el cuerpo humano, sobre el espacio, sobre Historia… Madre mía, si es que durante la carrera se mencionaban conceptos y yo veía los dibujos de este señor. Por ejemplo, si digo qué es un osteoclasto, os puede sonar a chino. Si digo que son esas células que conforman el hueso destruyendo lo que han formado los osteoblastos y que en la serie de dibujos eran azules, cuadradas y con guantes de boxeo seguro que los recordáis. O el colesterol amarillo por la sangre. O los anticuerpos. O los macrófagos. O los virus y las bacterias. O las neuronas. O el ADN y los cromosomas. Los personajes de todas las series eran siempre los mismos: Pedrito, Kira, el señor mayor de barba, el malo grande y el malo delgado (¿Se llamaba Nebot?). No recuerdo sus nombres, pero os garantizo que los veo perfectamente si cierro los ojos.
Creo que este hombre merece ser recordado como uno de los mejores divulgadores, tratando a los niños como lo que son: personas en proceso de formación, con la inteligencia completa pero con falta de información. Puede que se haya avanzado en la técnica audiovisual subyacente, pero el valor didáctico de las series creadas por el Sr. Barillé sigue intacto después de tanto tiempo.
En conclusión amigos lectores. Estos dos hombres han alcanzado la inmortalidad sin lugar a dudas. La inmortalidad a través de su legado, que miles de personas conservamos en nuestra memoria y que creo que es lo máximo a lo que puede aspirar una persona, a ser recordado con cariño, respeto y admiración.

