El FSM da pan a quien no tiene dientes.

Los que me conocen y los que me leen saben que soy un hombre hedonista. Mi plan de vida contempla homenajes de tanto en vez, en los que no escatimo (escatimamos) nada. En esos momentos aparco mi tacañería y me lanzo al estrellato. Ya puede ser un restaurante copón, un balneario o un hotelazo, si uno se hace un regalo para los sentidos, que no sea por falta de perres.

Pues bien, tengo más que comprobado que en los sitios de lujo asequible conviven tres tipos de personas:

  1. Los “ricos” de toda la vida. Es decir, gente que está acostumbrada a un nivel alto, para los que un lugar de este tipo es como para tí y para mí ir a los Yelmo Cineplex.
  2. Los hedonistas. Es decir, los que le damos la llave del C3 al aparcacoches y le pedimos que tenga cuidado, porque sería una pena que manchase los zapatos con las alfombrillas cochambrosas (TRUE STORY).
  3. Los nuevos ricos. Es decir, gente que ha vivido la mayor parte de su vida sin mucho dinero, pero que ahora tiene pasta en cantidad.

Los ricos de toda la vida tienden a ser gente educada y con mucho mundo. Antes de que me tachéis de clasista, incido en lo de “de toda la vida”, aquí me refiero a esa gente que ha sido educada con disciplina, algunos en internados extranjeros, no me estoy refiriendo a un constructor, por ejemplo. El rico pata negra es respetuoso y está como en una burbuja, aislado del resto del mundo con su gente, viviendo y dejando vivir.

Los hedonistas también procuramos tener una estancia/experiencia placentera. No en vano hemos sudado cada loncha de jamón de pato, cada frambuesa del yogur del desayuno, cada apretón del masajista. Acostumbrados a las cosas más mundanas, muchas veces nos da vergüenza el trato tan exquisito (incluso remilgado) que propinan en algunos sitios (Toda una experiencia que te pongan la servilleta en las piernas). Precisamente por tener muy presente el precio del capricho, nuestro comportamiento es excelente.

Pero los nuevos ricos… ¡Me cago en su estampa podrida!. No falla, queridos lectores, allá dónde hay algo cuyo precio supera la media, allá que aparece alguien capaz de pagarlo, pero incapaz de estar a la altura. Yo supongo que son politicuchos, sacamuelas, constructores y demás gentes que, habiendo nacido en la más absoluta clase media, ahora presumen de atributos fisnos. El Audi, el polo RL, la gomina… Suelen ir acompañados de sus parejas y sus hijos, formando un conjunto maleducado, ruidoso y quejica. Os puedo asegurar que he visto a un retromongol quejarse porque su jamón Joselito no estaba ordenado en el plato (lo habían colocado en el plato según se iba cortando para manosearlo lo más mínimo), a una familia pedir el menú degustación en el Thai Gardens para luego comer el arroz y poco más, quejándose de que todo estaba muy especiado (no sé que coño esperaban en un tailandés) y haciendo burla racista de los camareros (que son nativos, por cierto). Por ver, he llegado a ver a gente encerrada en un hotel del Algarve, incapaces de caminar 100 m hasta los fabulosos restaurantes del pueblo, mucho mejores y más baratos que la cena buffet.

Y es que amigos, el peor de los defectos es tener los medios y no saber aprovecharlos.

9 pensamientos en “El FSM da pan a quien no tiene dientes.

  1. Esta gente es divertida y desesperante a partes iguales. Aquí se nota en los coches. Muchos ieron el pelotazo con ayudas de las PAC y metían el Mercedes por las tierras de cultivo. Ahora les ha dado por comprarse Hummers, ves todo terrenos de estos que no tienen ningún sentido. Si al menos fuesen deportivos no ocupaban tanto espacio por la calle. Malditos Zoidbergs.

  2. A los nuevos ricos habría que confinarlos en lugares creados especialmente para ellos. Así dejarían de jodernos y de llenarnos de vergüenza a los ricos de toda la vida. Es algo que me enseñaron en mi estancia en Eton.

  3. Tras casi dos años comiendo cada dos por tres rodeado de una panda de forraos (o “nuevos ricos”, llamalos como quieras), no podría estar más de acuerdo.
    De todos modos el buen comportamiento no debería estar ligado solo a los sitios más caros.
    Si ya lo dice el refrán, lo que se cría no se compra, y los buenos modales son un claro ejemplo, no se pueden comprar ni con todo el dinero del mundo, o te los enseñan de pequeño o estas jodido para toda la vida.

  4. Dimelo a mi, que he trabajado en una de las tiendas más pijas de Pamplona. Te adivino en un momento quien viene porque le gusta algo en concreto, quien es un nuevo rico y quien va ahí porque lleva haciendolo toda la vida. Por tradición, que dirá si le preguntas. Pero las anécdotas en el fondo me molan.

    Y te falta el que va de rico. Ese que o era rico antes, o es menos rico de lo que quisiera y va a racanear todo lo posible. Del tipo que me entrega el plato de la tortilla vacío y me dice que le he amargado el desayuno, que estaba malísima (y tengo que invitarle, ¡olé tu!). Que el nuevo rico se me queje de tal o cual cosa, o me recuerde sus influencias (¡señora, de qué me va a alardear, si yo soy parte de una de las familias fundadoras!) lo aguanto, que me venga el otro racaneando hasta lo indecible me saca de quicio.

  5. Que buen post. Cuanta razón tienes en todo. La cantidad de ese tipo de gente, bueno, de todos los tipos que describes, viene a mi oficina a dar la pelma.

  6. No puedo estar más de acuerdo con este post.
    Trabajo desde hace 3 años como recepcionista de un hotel de 5 estrellas superior (vamos, lo más en cuanto a categoría), y tengo que lidiar a diario con estúpidos y subnormales integrales, estos conocidos como nuevos ricos.
    Donde esté el rico de toda la vida que se quiten estos, aunque para tu alegría te diré que cuando viene gente más “humilde”, como es tu caso y el mío, solemos asignar las mejores habitaciones y darlo todo en cuanto a los detalles porque se agradece que haya personas que pese a no poder permitirse lujos así todos los días, los valoren y disfruten de ellos plenamente. No como esta gentuza recién forrada que se creen dioses griegos por haberse comprado un BMW.

  7. Pingback: Ponzonha » Lo que he descubierto de aquí gracias a mis vacaciones.

  8. Yo no encuentro ninguna diferencia entre un ricachón mal educado prepotente de los de toda la vida (de los que heredan y no se lo han currado) y un mal educado prepotente que ahora es un rico reciente.

    La mayoría de niñatos de toda la vida esgrimen titulaciones pagadas a golpe de talonario paterno y no demuestran, la mayoría de ellos, más talento que el de transformar nuestro castellano en un idioma ridículo.
    “O sea” que de cultura, que no títulos, nada de nada, o sea…
    Y los prepotentes de nuevo cuño, lo mismo; ahora están ellos comprando los títulos académicos de sus cachorros con el mismo método: talonario.

    La educación, la buena, la cortesía (no confundir con prepotencia) es algo que muchos analfabetos suelen mostrar como algo natural.
    Yo soy hija de “la señora de la limpieza”, la que suele demostrar más clase y dignidad que cualquiera de esos papanatas de rancio o nuevo abolengo.

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