Chokopulpitos.

Se nota que muchos de mis lectores están de vacaciones, porque las visitas bajan un montón. He de decir que me no sé si me alegra o me preocupa que este blog se lea (y se escriba) en horas de trabajo. En fin.

Para rellenar tanto tiempo libre, nada mejor que ver un buen corto de animación hecho en España. El tema es bastante interesante: el márketing de los productos alimentarios. Me ha gustado el estilo, las coñitas y las referencias, pero sobre todo me ha gustado ver que todo el corto destila una fuerte crítica hacia las empresas que fabrican alimentos destinados “a hacerte mejor” (Danone y su odioso Actimel es la primera que se me viene a la cabeza).

Disfrutadlo y contadme que os parece.

Y avísame del casting de zorritas.

Maravillas de la Internet del 18-7 al 23-7

Disfrutad de la variedad seleccionada del 18-7 hasta el 23-7:

Pequeño comentario sobre Le Tour de este año.

Yo fui un gran aficionado al ciclismo, como supongo que todos los de mi generación. No voy a ponerme nostálgico, pero creo que tuve el privilegio de vivir una de las mejores épocas de este deporte, justo antes de que se fuera a la mierda.

No voy a ahondar en las razones de su declive, pero doping a parte, una de ellas es Lance Armstrong. Con su insultante dominio y su actitud, tipicamente estadounidense, estuvo a punto de acabar el sólo con el deporte de una forma parecida a lo que casi consigue Schumacher con la F1. Esa forma de avasallar, de abusar, de comerse hasta las migajas verdaderamente me tocó las esferas pensantes. Chocaba frontalmente con la actitud del anterior recordman del Tour, porque aunque fuera español y nos ciegue el fanatismo, la actitud en carrera de Miguelón fue algo que lo hizo aún más grande. En cambio, la chulería, la prepotencia y el infantilismo de Armstrong no hicieron más que manchar la indudable gesta de un exenfermo de Cáncer.

Este año parece que Lance está recibiendo su propia melecina. Contador se está saliendo por todos los lados, por más que les joda a nuestros queridos gabachos, que este año no pudieron vetarle (como hicieron el año pasado). Parece que la historia nos ha dado la oportunidad de ver a Armstrong arrastrarse y sufrir. El norteamericano, que parecía que venía en plan arrasador, ha aprovechado la oportunidad para mostrar cuan gilipollas puede llegar a ser, quejándose de los ataques de Contador, cuando hace sólo unos días estuvo tirando a muerte cuando se formaron abanicos para meterle tiempo al de Pinto. Debería alegrarme de esta revancha, PERO

No soy capaz. A pesar de todo lo que odio de Lance, de que representa muchas de las cosas que odio en una persona, no puedo negar que admiro a un ciclista de 37 años (!) que estaba retirado y que en estos momentos es 3º de la carrera más dura del mundo. Podía estar tan pancho tomando el sol en Honolulu, pero ahí está dando pedales y quedando por delante del 98% de sus competidores. Por si fuera poco, dice que el año que viene repite. Y eso es digno de admiración.

(Pero que se joda…)

Mear sentado.

Queridos lectores varones,

hay momentos en la vida en los que uno debe de dar un paso al frente y proclamar sus creencias sin miedo y con valentía. Yo hoy quiero deciros que orino sentado en la taza del vater.

Efectivamente amigos, a pesar de que la evolución me ha dotado de la maravillosa capacidad de mear de pie (mis queridas lectoras jamás sabrán lo que se pierden), he decidido renunciar a la misma cuando tengo que miccionar en un vater de confianza.

La razón es muy sencilla: es muy complicado mantener un nivel de limpieza e higiene aceptable alrededor del inodoro cuando se orina de pie. El water, en su diseño actual, es un instrumento sumamente ineficiente a la hora de captar las excreciones líquidas del hombre. Cuando no es un chorro desviado (especialmente el mañanero) son las salpicaduras en forma de orbayo dorado producidas al golpear el orín con la loza. Todas esas gotitas que día a día van acumulándose alrededor del WC lo único que acaban por causar es el clásico olor a piso de hombre solo. Es más, a la hora de la limpieza del baño, los productos de limpieza (lejía, peróxidos y demás) suelen reaccionar con el pis produciendo la liberación de de más olores y gases potencialmente peligrosos (a parte de ser una guarrada).

Por eso amigos, y por respeto al que le toque limpiar la cerdería (que puedo ser yo mismo) he decidido sentarme para mear. Os lo cuento porque en el pasado me he reído de los pioneros que iniciaron esta costumbre pensando que estaban renunciando a una parte fundamental de la vida del hombre. Me equivocaba y como penitencia aquí lo cuanto para constancia de la OGTsfera.

Reflexionad sobre ello.

Publicado en Yo

Crisis, pero de Valores.

Voy a ponerme un poco serio.

En menos de quince días han ocurrido dos sucesos verdaderamente atroces: las violaciones grupales de dos niñas. Del segundo caso no me voy a pronunciar, porque todavía no ha trascendido mucho, por eso me centraré en el primer caso, del que hay bastante más información disponible (el de Baena).

Como siempre, vayamos por partes:

Seis chicos violan (presuntamente) a una niña de 13 años. Las edades de los agresores (de momento presuntos, pero no me voy a repetir) están entre los 13 y los 21 años. Además uno de ellos es discapacitado. ¿Qué pinta un chaval de 21 con unos niños de 13? Ahí encuentro el primer problema. Estoy de acuerdo que en los grupos siempre hay uno que manda y el resto le hacen caso, todos lo hemos hecho alguna vez, pero que unos niños se mezclen con un hombre y que para encima participen en un suceso tan repulsivo me hace reflexionar. Dejando a un lado que el de 21 no tiene perdón de Dios, ¿Tan grande es la presión grupal como para que los más pequeños también se apunten? ¿Dónde está la compasión de estos hijos de puta? Y más importante aún ¿Dónde están sus padres? ¿Dónde están los padres del niño deficiente mental?. Yo comprendo que a ciertas edades se esté loco por meter, pero afortunadamente somos una especie que ha desarrollado un comportamiento social para poner coto a los instintos. Obviamente ese comportamiento social está trastocado en esta banda.

Al parecer, la niña no se resistió porque la amenazaron con divulgar un vídeo en el que salía ella mantienendo relaciones sexuales con uno de sus agresores. Repetimos el primer dato: la niña tenía 13 años. ¿Qué pinta saliendo en un vídeo follando con esa edad?. Evidentemente había cometido un error, pero ¿Tan fuerte era su vergüenza como para no resistirse a ser humillada de esa forma? En caliente no se resistió, ¿Pero por qué esperó dos días para contarlo?. Y volvemos a lo de antes ¿Tan hijosdeputa eran los otros como para chantajear de esa forma tan vil?.

Y llegamos a la parte más increíble del asunto, que apenas ha salido en los medios, la de la mujer que fue testigo del suceso pero que prefirió esperar seis horas hasta contárselo a su marido antes de avisar a la Policía. Vamos a ver, ¿Están violando a una niña pero hay que pedirle consejo/permiso al marido primero? ¿Es procesable por denegación de auxilio? ¿Esta señora prefiere tener al marido tranquilo antes que tener su conciencia tranquila?.

Es evidente que un grano no hace granero y que estos sucesos son excepciones en un país de 4×10⁷ habitantes (afortunadamente), pero creo que merece la pena hacer una reflexión sobre lo ocurrido. Y no me estoy refiriendo a lo de bajar la edad penal, que es lo único que se les ha ocurrido a los cortos de entendederas (políticos a la cabeza). No, la cárcel, el castigo no atajan la raíz del problema. Si acaso detendrán a algunos, pero no a todos. No. Hay que preguntarse qué ha fallado para desembocar en esta situación y tratar de poner remedio.

Lo más fácil es echarle la culpa al gobierno, por haberse ido cargando poco a poco la enseñanza con su obsesión por reducir el fracaso escolar a base del todo vale. Pero eso sería quedarse en la superficie. El problema en mi opinión es mucho más grave, porque la educación de una persona no debe ser jamás responsabilidad exclusiva de la sociedad. En este caso es obvio que la pandilla de delincuentes es un fallo de la sociedad, pero también lo son los padres que ven como algo normal que una niña de 13 años “esté ya en el mercado”, los padres de unos niños de 13 años que no saben con qué compañias andan sus hijos y la mujer adulta no llama a la policía si no ha hablado previamente con su marido.

Estamos ante un problema de valores, de distinguir lo que está bien de lo que está mal, de saber lo que es correcto de lo que es incorrecto. No tengo fe ni en los políticos, ni en la Iglesia, tengo fe en la gente normal, de Bien, trabajadora y con un mínimo espíritu crítico. Lamentablemente me temo que estamos solos…