Voy a ponerme un poco serio.
En menos de quince días han ocurrido dos sucesos verdaderamente atroces: las violaciones grupales de dos niñas. Del segundo caso no me voy a pronunciar, porque todavía no ha trascendido mucho, por eso me centraré en el primer caso, del que hay bastante más información disponible (el de Baena).
Como siempre, vayamos por partes:
Seis chicos violan (presuntamente) a una niña de 13 años. Las edades de los agresores (de momento presuntos, pero no me voy a repetir) están entre los 13 y los 21 años. Además uno de ellos es discapacitado. ¿Qué pinta un chaval de 21 con unos niños de 13? Ahí encuentro el primer problema. Estoy de acuerdo que en los grupos siempre hay uno que manda y el resto le hacen caso, todos lo hemos hecho alguna vez, pero que unos niños se mezclen con un hombre y que para encima participen en un suceso tan repulsivo me hace reflexionar. Dejando a un lado que el de 21 no tiene perdón de Dios, ¿Tan grande es la presión grupal como para que los más pequeños también se apunten? ¿Dónde está la compasión de estos hijos de puta? Y más importante aún ¿Dónde están sus padres? ¿Dónde están los padres del niño deficiente mental?. Yo comprendo que a ciertas edades se esté loco por meter, pero afortunadamente somos una especie que ha desarrollado un comportamiento social para poner coto a los instintos. Obviamente ese comportamiento social está trastocado en esta banda.
Al parecer, la niña no se resistió porque la amenazaron con divulgar un vídeo en el que salía ella mantienendo relaciones sexuales con uno de sus agresores. Repetimos el primer dato: la niña tenía 13 años. ¿Qué pinta saliendo en un vídeo follando con esa edad?. Evidentemente había cometido un error, pero ¿Tan fuerte era su vergüenza como para no resistirse a ser humillada de esa forma? En caliente no se resistió, ¿Pero por qué esperó dos días para contarlo?. Y volvemos a lo de antes ¿Tan hijosdeputa eran los otros como para chantajear de esa forma tan vil?.
Y llegamos a la parte más increíble del asunto, que apenas ha salido en los medios, la de la mujer que fue testigo del suceso pero que prefirió esperar seis horas hasta contárselo a su marido antes de avisar a la Policía. Vamos a ver, ¿Están violando a una niña pero hay que pedirle consejo/permiso al marido primero? ¿Es procesable por denegación de auxilio? ¿Esta señora prefiere tener al marido tranquilo antes que tener su conciencia tranquila?.
Es evidente que un grano no hace granero y que estos sucesos son excepciones en un país de 4×10⁷ habitantes (afortunadamente), pero creo que merece la pena hacer una reflexión sobre lo ocurrido. Y no me estoy refiriendo a lo de bajar la edad penal, que es lo único que se les ha ocurrido a los cortos de entendederas (políticos a la cabeza). No, la cárcel, el castigo no atajan la raíz del problema. Si acaso detendrán a algunos, pero no a todos. No. Hay que preguntarse qué ha fallado para desembocar en esta situación y tratar de poner remedio.
Lo más fácil es echarle la culpa al gobierno, por haberse ido cargando poco a poco la enseñanza con su obsesión por reducir el fracaso escolar a base del todo vale. Pero eso sería quedarse en la superficie. El problema en mi opinión es mucho más grave, porque la educación de una persona no debe ser jamás responsabilidad exclusiva de la sociedad. En este caso es obvio que la pandilla de delincuentes es un fallo de la sociedad, pero también lo son los padres que ven como algo normal que una niña de 13 años “esté ya en el mercado”, los padres de unos niños de 13 años que no saben con qué compañias andan sus hijos y la mujer adulta no llama a la policía si no ha hablado previamente con su marido.
Estamos ante un problema de valores, de distinguir lo que está bien de lo que está mal, de saber lo que es correcto de lo que es incorrecto. No tengo fe ni en los políticos, ni en la Iglesia, tengo fe en la gente normal, de Bien, trabajadora y con un mínimo espíritu crítico. Lamentablemente me temo que estamos solos…