El inventor y descubridor son el azote de los negocios. Un poco de arena en las máquinas apenas cuenta. Se reemplazan las partes dañadas y se sigue adelante. Pero la aparición de un nuevo proceso, de una nueva sustancia, cuando todo está ya organizado y funcionando a la perfección, es algo endiablado. A veces es aún peor. Hay que impedir entonces que esa novedad aparezca. Están demasiadas cosas en juego. Si no es posible recurrir a métodos legales, hay que intentar otros.
Impresionante ¿Verdad?. La he sacado de un libro que acabé ayer y que ha entrado de lleno en mi particular olimpo literario. Mañana os cuento un poco más, me siento juguetón. Una pista: Se escribió en 1952 (efectivamente, no se refiere a las discográficas).
¡Qué casualidad! Hoy he empezado a leerlo. “El día de los trífidos”.
Lo que le pasa a Blogger con el Face de las narices….
@nuria: Pues es casualidad, sí. Ya me has chafado la sorpresa
Pues si, y yo me he chafado a mi mismo toda la trama, ya que está escrita de principio a fin en la wikipedia, listo de mi. Aunque parece bastante interesante, a ver si me lo pillo.
¿Alguien ha dicho “coches de hidrógeno”?
Cuando leí El día de los trífidos con 15 años (32 tengo ahora) me dio mucho miedito. Pero mucho.
Por supuesto que no recordaba esa frase, tengo nociones del argumento general.
No se si pudo ver en toda España, yo recuerdo la adaptación de la novela que hizo la BBC y que TVC compro… La verdad es que los trífidos me aterrorizaban…