El Futuro ya está aquí.

Cuando yo era pequeño nos decían que para el año 2000 iríamos en coches voladores y comeríamos comida en pastillas. Nada más lejos de la realidad. Eso nos llevó a pensar que el futuro era una mierda, pero con porno gratis en Internet.

Estos días, que he pasado en la fría Villa Blanca de la Costa Verde, he descubierto que todavía hay esperanza para un futuro mejor, me he reconciliado con el género humano y he vuelto a creer en el ingenio de nuestra especie. ¿Qué maravilloso invento me ha devuelto la esperanza? ¿Qué pináculo del intelecto humano me ha deslumbrado? ¿Qué subproducto de la evolución me ha llenado de gozo?…

Las sábanas de forro polar.

Aguantad las risas malandrines, que todo tiene un contexto. Desde hace unas Navidades, paso la Nochebuena y la Navidad en casa de mis suegros, que está en un bello y frío pueblo costero asturiano. Todo perfecto y maravilloso hasta un terrible momento: el de irse para la cama. Todos los años la misma historia, nos poníamos el pijama, abríamos la cama y mi mujer se marchaba un segundo al baño, dejándome a mí sólo ante las frías sábanas. Con un par de huevos me metía en la cama, temblaba un rato y conseguía elevar la temperatura de mi trocito de cama. Lamentablemente, en ese momento llegaba mi mujer, me pedía que me apartase hacia la zona helada y otra vez a empezar.

NUNCA MAIS.

Este año han llegado al pueblo las sábanas de forro polar. Una aplicación bastante obvia pero inexplorada de ese tejido sintético. Su secreto no es calentar más, porque el calorín es responabilidad de las mantas, su secreto es que por muy fría que esté la habitación el tacto es cálido como un buen abrazo. No más temblores al entrar, no más escalofríos al girar hacia la zona fría… sólo calorín.

El futuro ya está aquí, y no era como nos lo habían contado. Era mejor.

10 pensamientos en “El Futuro ya está aquí.

  1. Yo llevo un par de años con ellas y desde que se compraron no he vuelto atrás. Evidentemente en verano no las puedes tener, pero en invierno es como dormir dentro de un oso de peluche xD

  2. Hay dos cosas que le debo a mi madre:

    1- El haber aguantado un parto para darme la vida
    2- El haberme comprado sábanas de franela cuando en “mañolandia” estabamos a -5ºC y sin calefacción en casa.

    Un gran invento para los que tenemos el termostato defectuoso…

  3. Este post es un desprecio absoluto a las sábanas de franela. ¿Por qué tanto odio?

  4. Un gran invento!!!
    Yo las tengo también desde hace un par de años, cuando vivía en el pueblo conquense a 1000 m de altitud y llegábamos a los nada desdeñables -11º C…
    Son adorables cuando además las asocias con una buena manta térmica regalo de güelita!!!

  5. En “mañolandia” hace años que descubrimos las sábanas de franela, totalmente de acuerdo. Recuerdo cuando iba al pueblo en invierno, que había una habitación caliente (la de la estufa) y las demás que eran auténticas neveras de frio y humedad (las de sin estufa). Tenías dos opciones: sábanas de franela y un par de mantas, o sábanas normales, ocho mantas, un peso que no te podías menear en toda la noche y los pies helados que no te dejaban dormir.

  6. Lo mío mola más. Sábanas de franela y tres mantas zamoranas gracias a las que adelgazas por puro aplastamiento dobladicas… ¡en Huelva! En mi descargo, la casa no tiene calefacción y en la habitación podría haber criado Snorkels de la humedad que había. Si lo que yo diga, mis peores inviernos los he pasado en el sur (y eso que estoy ahora en Dinamarca; todo blanco, qué bonico…).