Este fin de semana enterramos a un tío abuelo muy querido en la familia. A pesar del luctuoso suceso, no se puede decir que fuera un funeral muy triste, tenía 90 años, había combatido en la guerra civil y sobrevivió a lo peor de la postguerra. “Pocos van como corderos, pero todos acaban llendo como carneros” es el refrán que más me gustó de todos los que oí.
El caso es que al ir al tanatorio, asistir al funeral y llevar el atúd tuve una epifanía sobre qué significa ser una persona adulta (por contraposición a ser infatil, inmadura, niña…). Y obviamente, la quiero compartir con vosotros.
Cuando eres pequeño haces muchas cosas porque te las mandan y te imaginas que los mayores hacen lo que les da la gana. Cuando eres un adolescente, sigues haciendo lo que te mandan (al menos en mi época) y piensas que los adultos a veces hacen lo que les da la gana y a veces hacen cosas que tu no harías en su lugar. Supongo que hasta aquí todos estaremos de acuerdo, tampoco es que sean conclusiones muy originales. Pero, ¿Qué ocurre cuando descubres que te has hecho adulto?.
Hay un momento en la vida en el que descubres que en el día a día hay cosas que haces porque te apetecen (generalmente placenteras), hay cosas que haces por obligación (generalmente contractual) y hay cosas que haces porque te las piden (hasta un límite). Pero también descubres que hay otro grupo de cosas que haces sencillamente porque las tienes que hacer.
Sí amigos, la clave de ser una persona adulta es saber que hay momentos en que hay que saber mirar más allá de los propios deseos, en los que se junta un huevo con otro y se tira para adelante. Momentos en los que sólo hay una opción aceptable para una mente madura: coger el toro por los cuernos y salir del trance como una persona mejor (y a lo mejor subiendo de nivel gracias a los puntos de experiencia). La persona inmadura optará por la opción más sencilla: tirarse detrás del burladero de las excusas y la autocomplacencia y seguir como campesino de nivel 1.
Luego no quiero quejas.
Acabo de leer este discurso de uno de mis heroes, Adam Savage, de Mythbusters, en el que dice que hacerse adulto es darse cuenta de que tienes que sacarte las castañas del fuego tu mismo, que no va a venir nadie a hacerlo por ti. Curiosamente, la misma idea, expresada de otra manera. Esto es lo que hay, esto es la vida, agarra y tira para delante, porque si no te quedas atras. Haz lo que tengas que hacer.
Brillante post.
Juntar un huevo con el otro, genial figura retórica. Me la apunto.
@Aloisius: Quizá sea una idea complementaria. Yo no me refiero a que tengas que dar el paso a solas. Me refiero a que ser adulto es no elegir siempre la opción “cómoda”, que a veces hay que presentarse a una misión casi suicida porque es lo que hay que hacer.
C.C.C. Es en lo que se resume la vida adulta.
Brillante post; es curioso lo que a uno se le puede ocurrir durante un hecho luctuoso; casualmente, he asistido al mismo recorrido que tú (tanatorio, funeral, etc…) hace muy pocos días. Mi “epifanía” no fue sobre lo que significa ser una persona adulta, sino en como se comportan los adultos cuando el finado tiene más de dos duros para repartir.
De ahi que no me canse de repetir que muchas de las cosas que hago son porque alguien tiene que hacerlas… o decirlas. Aunque me miren con si estuviera haciendo tonterias!
@Ponzonha: Creo que en el fondo son la misma idea. Lo tienes que hacer porque no va a venir nadie a sacarte del embrollo. Si te ves en una situación así cuando eres más pequeño, vendrá mami a dar la cara por ti. Cuando eres adulto, es cuando das la cara tu.
Supongo, leyendo entre lineas, que este post tiene algo que ver con irte a París (aunque es probable que me equivoque). Porque es lo que tienes que hacer. Porque si no lo haces, en el futuro no podrás culpar a nadie excepto a ti mismo de habertelo perdido. Hay que hacerlo porque hay que hacerlo. Y hay que hacerlo porque tu eres el responsable único de tu vida.
Responsabilidad, que también podría decirse…
Genial el post y genial la figura retórica. Cuando somos adultos solemos ir ganando también en obligaciones, en ocasiones reales (provienen de actos que las generan) y otras que residen en nuestra mente (porque la sociedad espera eso de nosotros).
Cuando somos adolescentes, las obligaciones reales ya están presentes y creo que, en general, un adolescente maduro (bonito oximorón que me ha salido) ya es responsable de sus actos. En cambio, al creerse por encima de lo que dicta la sociedad, obvian las obligaciones imaginarias.
Yo sólo espero que cuando tenga 50 años no me autoimponga muchas obligaciones y que sea capaz de tener la mente lo suficientemente lúcida para decidir lo que tengo que hacer.
Pues sí. Muy bien dicho. Yo tuve la misma revelación hace ya unos 4 años cuando me vi sin futuro en el culo del mundo (al que había llegado por casualidad) y me di cuenta de que, o volvía a la pequeña patria a buscarme la vida o no había nada que hacer. Me vine con 200€ y desde entonces no he dejado de currar. Ahora es posible que mi vida cambie de nuevo de manera radical. Es una decisión jodida la que tengo por delante (también, como tú, implica irse de España hacia el extraño mundo exterior), pero si quiero morirme como mi abuela (con 74 años sí, “joven”, pero viviendo como Diox hasta el último día), que nunca digan que no fue porque me acojoné.
No sólo hay que juntar los dos huevos. Hay que tenerlos a mano para enseñarlos en cualquier momento. Por si dudan.
Esto implica que hay adultos de 15 años y “NO ADULTOS” de 50 años.
Asique si esto es válido totalmente de acuerdo con el post.
Me ha encantado el post. Por otro lado, mi más sentido pésame, a ti y a CMurnau (algo ha comentado por ahí arriba que estuvo también de funeral)…
Mi epifanía en la última defunción que hubo en mi familia fue: “Coge el toro por los cuernos y arregla lo que tengas que arreglar en vida como una persona adulta… si no das ejemplo los adultos que quedan en tierra dejan de comportarse como tal” Es lo que tienen las herencias…
@Dani: Obviamente sí, la edad cronológica no tiene nada que ver con la edad mental.
Siento lo de tu familiar. Hoy he tenido un encontronazo con la realidad de este estilo.