Vuelvo de las vacaciones, queridos amigos, muy descansado física, anímica y mentalmente. Llevo varios días sin hacer nada más que comer, dormir y… Mi único entretenimiento en casa ha sido “Estalingrado” (la historia sobre la batalla) y la flamante TDT que llegó a casa de mis suegros. Como durante mi rutina diaria apenas veo la tele propiamente dicha (extractos en youtube, deporte y P2P aparte), he aprovechado para ver cómo andaban las cosas por el medio por antonomasia.
Y no he podido quedar más dividido. Por un lado, he comprobado que si uno sabe escoger, hay cosas mejores que hace años. RTVE empieza a acercarse a una idea de calidad que es de agradecer, en parte gracias a la falta de anuncios, pero también porque han tirado de fondo de armario y programan películas chulas, viajan por España haciendo documentales y han descubierto lo que molan los conciertos (el de Mika en la 2 se salió). También me mola la RTPA (Radio Televisión del Principado de Asturias), que no me quiero imaginar cuanto me (nos) cuesta para que emita la F1 sin anuncios y esos clasicazos del cine mundial. De las nuevas cadenas TDT, pues poca cosa, pero me alegra saber que algunos viejos reverdecerán laureles con “Diagnóstico Asesinato” o “Se ha escrito un crimen”, que son bastante dignas.
Lo que es horrible es el planteamiento de Dapena 3 y Telahinco y sus cadenas asociadas. No voy a fardar ahora de haber descubierto toda la mierda que se esconde en sus programas, pero una cosa es tropezar en algún zapeo y otra es verlos 5 minutos y tener sentimientos de muerte y destrucción.
Quizá lo más triste sea el ensalzamiento de la ignorancia que se ve en muchos casos. No seré yo el que vacile de mis estudios, pues tampoco me parece que yo sea para tanto, pero ya desde muy pequeño tuve claro que ser ignorante era algo triste contra lo que se debe de luchar. Mis abuelos apenas fueron a la escuela, pero los cuatro siempre tuvieron claro que el conocimiento era lo suficientemente valioso como para tenerle respeto y sacrificarse para que sus hijos pudieran estudiar. Todavía hoy se ponen sus lentes (los abuelos no usan gafas) para leer un libro, una revista o el periódico y muestran una curiosidad envidiable, dadas sus limitaciones físicas. Tampoco es la primera vez que les veo disculparse ante alguien a causa de su desconocimiento sobre una materia. Cuando hacen esto, su actitud suele ser de paciente humildad, esperando que su interlocutor les explique el asunto con la esperanza de enterarse algo (o todo). Digamos que aplican aquello de “Vale más preguntar y parecer estúpido que callar y seguir siéndolo” máxima que deberíamos aplicarnos todos.
En contraposición, últimamente ha proliferado una corriente de comportamiento que me parece lamentable y digna de todo mi desprecio. Es esa corriente que glorifica la ignorancia y la estupidez (hermanas de la mala educación) y que las ha elevado a rasgos deseables y dignos de orgullo. Hablo de programas como Sálvame (y afines), GH, La Noria y demás. Su paradigma es Belén Esteban, una persona que en condiciones normales no merecería ni unas líneas, pero que algunos han elevado a la categoría de ejemplo a seguir (¡Aúpa la Esteban!), retroalimentando su forma de ser: mal educada, chabacana, estúpida y, sobre todo, necia.
necio, cia.
(Del lat. nescĭus).
1. adj. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. U. t. c. s.
Ahí está el matiz que impone nuestro maravilloso idioma amigos. “Que no sabe lo que podía o debía saber”. Éso es lo más grave, ignorante es un calificativo neutro, que no dice nada de la actitud. Necio es un insulto, porque implica dejadez y falta de voluntad. Una persona que no aprovecha una suerte como la suya (dinero, tiempo libre, fama) para enriquecerse mentalmente no se merece otra palabra. En lugar de aprovechar las oportunidades que le ha dado la vida para mejorar de cráneo para dentro, ha tratado de mejorar hacia afuera, convirtiéndose en un guiñapo en manos de lo más vil de la televisión española. En función de mi humor, se me vienen dos pensamientos a su respecto, por un lado lamento que ella no haya tenido la suerte de tener gente al lado que le hubieran dado la educación y el ejemplo adecuados para poder llevar una vida digna. Por contra, cuando estoy más on fire, lo único que lamento es su existencia misma.
¿Cómo puede defenderse a alguien así?. No olvidemos que se trata de una persona que vive de sus genitales y cuyo entendimiento es tan limitado que pone en riesgo su vida (y el éxito de su “operación estética”) al no abandonar su politoxicomanía. Léelo bien, porque en mi barrio en los 80 eso era una puta yonki (y algunas hablaban mejor). Ahora es tertuliana.
No se trata de que nos volvamos locos y hagamos que Punset, Barbacid o Salas se conviertan en los nuevos Héroes del Pueblo. No, basta con que apreciemos, valoremos y admiremos a toda esa gente que vive la vida con dignidad, esfuerzo y trabajo y que sabe apreciar valores tan importantes como el conocimiento y la educación.
Por Higiene Mental: Abajo la Esteban.