Ya sabéis que de vez en cuando me gusta hablar de fútbol en el blog. En la vida real también me gusta y, aunque no sea un fanático, se puede decir que soy un aficionado al balompié. Sorprendentemente, de vez en cuando me encuentro con gente a la que le parece completamente incompatible mi afición al fútbol con mi personalidad, mis otras aficiones (la lectura por ejemplo) o mi trabajo.
En principio se supone que como soy un científico presuntamente culto debería apartarme del opio del pueblo, de las masas y dedicarme a leer a Kirkegaard, a ver pelis de Isabel Coixet o vaya Vd. a saber que otras atrocidades para una mente tan libre como la mía. No amigos, los que me conocéis sabéis que tengo muchas poses, pero la de intelectual no es una de ellas. Digo poses porque desgraciadamente muchas de las personas más prometedoras que conozco están encorsetadas por lo que se supone que deben de hacer o lo que se espera que hagan en lugar de hacer lo que les dé la gana.
El fútbol es visto desde alguna de esas poses intelectualoides como algo embrutecedor, estúpido y pasional, bastante alejado de los presuntos ideales racionalistas. Frecuentemente se confunde aficionado al fútbol con fanático del fútbol cuando son cosas diferentes. A mí los fanatismos no me van, ni en el deporte, ni en la religión ni en el pensamiento (y eso incluye también al ultraracionalismo, que también existe) y creo que se puede ser aficionado al fútbol y ser hincha de un equipo sin ser un fanático. Es más, creo que se asistir a un partido de fútbol con otras 20000 personas vestido con los colores de tu equipo, cantar, animar, gritar, sufrir y celebrar un gol por todo lo alto es una de las experiencias más intensas y bonitas que se pueden vivir. Y de hecho ayer la viví.
Esto fue antes de la debacle.
Estoy completamente de acuerdo con la idea de que es una estupidez alegrarse o entristecerse por algo sobre lo que no se tiene control, pero lo bueno de ser un ser humano es que tenemos un cerebro racional que gobierna un cerebro completamente instintivo y que racionalmente podemos dejar que el cerebro instintivo tome el control. Abandonarse a la pasión, ya sea sexual o deportiva, durante unas horas para luego volver a la tranquila rutina es una de las cosas buenas que tiene la vida y por las que merece la pena vivir.
Tengo la voz ronca de animar al Oviedín, de tratar de empujar a los jugadores y de que mi voz sirviera para darles ese plus que parece que siempre falta cuando se va al Tartiere. Al final no pudo ser y volví para casa con la cabeza un poco gacha. Desde luego yo no lloré al final, pues ya os digo que como no soy un fanático, sabía que la iba a estar jodida. Eso no quita que tuviera mi trocito de ilusión y que dicha ilusión muriera durante el partido. Tampoco me dediqué a insultar al contrario (salvo cuando lo mereció) ni a los miles de Pontevedreses que festejaron la victoria. Es más, aplaudí a Igor de Souza, delantero del Pontevedra, porque se salió e hizo la mejor actuación que he visto en un campo de fútbol en vivo y en directo (y deseé tenerle en mi equipo). A pesar de la derrota y de la perspectiva de otro año en 2ªB, en Septiembre me volveré a ilusionar y palmaré la pasta del abono (a pesar de que si estoy en París no pueda venir a ver muchos partidos). Es lo único que me queda, porque uno de mis mayores deseos en la vida es ver al Real Oviedo otra vez en primera.Y todo esto lo digo con orgullo porque no me avergüenzo de ser como soy.
Y es que en el fondo de mi corazón, creo que Bill Shankly tenía razón cuando dijo que Algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso. Ahora bien, eres libre de creerlo o no tu también.

¡Buenas!
Como esta es mi primera intervención tras unas cuantas semanas lurkeando en tu blog, me presento: me llamo JM y… poco más. De vez en cuando nos leeremos por aquí ^^
¡Al tema! Personalmente, el fútbol me resbala por completo. El concepto en sí me pone nervioso peeeero, como soy un tipo tolerante, opino que cada cual haga lo que quiera con sus aficiones y su tiempo libre. Mi queja con el fútbol es precisamente esa: quiero mantenerme al margen, pero el tema está montado de tal forma que es imposible. Te ecplico el ejemplo más reciente.
Vivo en Barcelona, y el día que el Barça ganó la condenada liga, el metro tardó veinte minutos más en llegar a destino; además, bajé una parada antes porque diez energúmenos estaban dejándose los pulmones en el vagón, haciendo que mis auriculares no sirvieran para nada ni siquiera al máximo de volúmen; al bajar, los coches pitaban y otros cuatro hinchas gritaban justo detrás de mi oreja (me dejé adelantar con gusto, por aquello de cómo se propagaga el sonido); al llegar a casa, una vecina me ve y me grita “¡Campeones!”; afortunadamente, ya no veo la tele, porque si lo hiciera varias cadenas habían reducido su programación a hablar del partido, cómo no; ya al día siguiente, ¡prensa gratis en el trabajo! “El Periódido de Catalunya” se enrolla solo cuando gana el equipo de la ciudad, por lo visto, porque trabajo allí desde septiembre y es la primera vez que ocurre. El centro de la ciudad hecho un asco, las bicicletas del “Bicing” destrozadas por vandalismo urbano, fruto de la celebración… podría seguir, pero asumo que ya has pillado la idea.
Lo que más me jode de todo esto es que, si me quejo, argumentarán en favor del vandalismo y el energumeneo general que se trataba de una “ocasión especial”. Bien, bajo las mismas circunstancias a mí me entran ganas de estampar ladrillos en la boca a la gente, pero seguro que eso a mí no me lo permiten. ¿Por qué la diferencia de trato? Todo lo que pido se resume en algo realmente simple: poder elegir.
Pues nada, ya me he despachado a gusto ^^ En general soy bastante más tranquilo, pero es que el tema del fútbol me toca la fibra…
¡Saludos, Ponzonha! ¡Gran blog!
Conforme te iba leyendo, sabía que ibas a llegar a esa idea. Es lo mismo que opino. Yo soy aun menos forofa, y me conozco más jugadores del Barça que de mi Osasuna, pero el plantarme con la camiseta en el campo, saltar y corear durante un rato… en fin, de parada obligatoria en la vida. También, con una gran amiga muy adicta al futbol, me he bañado en fuentes para celebrar tanto triunfos de la selección como del Barça. Este año a ver como va la cosa, le he cogido el gusto a fuentear.
A la chica esta, por cierto, le pasa muchísimo que la ningunean porque “las mujeres no entienden de futbol”, y luego ella les deja en bragas porque no sólo entiende, si no que sabe más que la media. Es bastante triste ver como la intentan picar, buscarle el punto débil y ella tiene que estar ahí, aguantando, hasta conseguir demostrar que se puede ser una gran fanática de tu equipo sin ser un energúmeno que salte a la mínima.
Un gran post explicando como es perfectamente compatible leer “Ataudes de Hierro”, y que te guste el fútbol.
La verdad es que en la forma de disfrutar del deporte rey somos bastante parecidos. Hace unos días, el Atlético perdió de forma, en fin, con el Sevilla, bueno, no pasa nada, me fastidia, pero las hamburguesas de 6 euros, y las conversaciones bastas con los compañeros de trabajo, ayudaron mucho a mitigar el dolor.
Solamente darte mis más sinceras condolencias, que yo también quería que subiese el Real Oviedo. Esperemos que el año que viene haya más suerte.
No te metas con el láudano.
Hombre, que te guste el fútbol lo puedo entender… ¿pero que seas del Oviedo? Opio fail.
#1 Una de dos: o la cosa te resbala o te pone nervioso pero ambas a la vez no puede ser; visto lo visto me decanto por la segunda. Por otra parte, tu queja acerca del fútbol no parece tener mucho que ver con el fútbol.
@ Xan do Can
Me resbala en tanto que no soy aficionado a ningún equipo (tampoco tengo preferencias) y no veo partidos. Me pone nervioso el circo que hay montado a su alrededor con las televisiones y, por supuesto, la gente: por vivir donde vivo y ser un tío se me presupone culé; y si digo que no lo soy… es porque soy del Madrid ¿? De veras, no entiendo de dónde salen este tipo de asociaciones e ideas preconcebidas (que cuestan un huevo de combatir, por cierto, sobre todo con las personas que no te conocen bien).
En efecto, mi queja no tiene que ver con el deporte en sí, sino con cómo lo vive la parte radical de los aficionados.
Diablos, parece que tenga ojete en lugar de boca…
Me quejaba de los aficionados radicales, el bombardeo mediático y la permisividad social hacia todo el conjunto con los brazos bien abiertos (esos dos eran mi argumentos iniciales, al menos).
Saludos
Soy del Sporting, pero quiero que el Oviedo esté también en primera.
Me supo mal el resultado.
Para subir a segunda con tantos equipos ahí en promoción, hay que asegurar el primer puesto del grupo.
Mario Benedetti, otro ejemplo de lo que explicas en el post