Bueno amigos, ayer terminé el Assassins Creed II de la PS3 consiguiendo el 94% de los trofeos disponibles.
Como dije ayer en twitter, lo mejor del juego fue la aparición estelar de Ramón Langa (la voz de Bruce Willis) como el jefe de los ladrones venecianos. Como lo lees. No es de extrañar, porque el juego es una chupeproducción en la que se nota que hay dinero invertido a mansalva en actores de voz, en documentalistas, en guonistas, en “texturistas” y en todos los profesionales necesarios para que su apariencia sea excelente, aunque por debajo de los Uncharted (que para mí marcan el techo de lo que he jugado hasta ahora).
Todo ese despliegue de recursos está muy bien a la hora de una demo, de una presentación en una feria, de un informe al consejo de accionistas, de una ficha técnica… pero a la hora de jugar poco me importan, yo quiero divertirme y eso ya lo conseguía 8 bits. Y es que ése es el principal problema que yo le encuentro al ACII, que no me ha divertido casi nada. Lo he terminado porque me lo regalaron con todo el cariño del mundo (y yo soy agradecido), porque la historia me mola y por los trofeos, que reconozco que me pican, pero no porque el juego me haya parecido divertido en sí. Es cierto que lo empecé justo detrás de la maravillosa experiencia del Heavy Rain, pero si lo comparo a los Uncharted no hay color. El ACII tiene dos defectos gravísimos que en mi opinión lo convierten en un juego bastante ramplón.
El primero es su extrema facilidad. En todo el juego habré muerto cinco o seis veces y jamás a causa de enfrentamientos con enemigos. Desgraciadamente, no pude encontrar la forma de incrementar la dificultad, así que el maravilloso sistema de ataques, combos y armas que se han currado se queda como una forma bonita de hacer las cosas, porque a puñetazo limpio se puede acabar con cualquier pelea. Las pocas heridas que los malos consiguen infligirte se curan con una dosis de las medicinas que abundan por doquier. Por si fuera poco, el personaje acumula dinero de forma exagerada para los precios vigentes en las tiendas, por lo que armarse hasta los dientes es sencillísimo. Esa falta de reto le resta interés al juego. Traté de autolimitarme dejando de comprar medicinas, pero ver cómo te rodean cinco enemigos mientras te atacan de uno en uno es tan descorazonador como en las pelis malas de serie B.
El segundo defecto es su simpleza (no confundir con el anterior). El juego está estructurado en memorias (fases) en las que hay que asesinar a un personaje concreto. Dicho personaje siempre se encuentra rodeado de guardaespaldas que suele haber que matar primero (digo suele porque hay algunos que se pueden asesinar a lo cutre, usando exploits bastante obvios). Por el camino se pueden hacer misiones secundarias (palizas, asesinatos y carreras) que acaban siendo ciertamente cansinas. Se echan en falta esas fases intercaladas habituales en juegos de este estilo en las que se cambia el chip completamente, para desintoxicar un poco. Aquí sólo hay una: conducir una diligencia un par de minutos. En el Uncharted II, por ejemplo, parece que siempre estás haciendo lo mismo: cubrirte y disparar, pero lo haces en la nieve, en la selva, en un tren, sobre un tren, en los tejados… cuando crees que te has acostumbrado cambia el tercio y a seguir. Esa variedad cinematográfica no aparece por ningún lado en el ACII, y es una pena porque hay material de sobra para alternativas.
Finalmente, creo que ni siquiera la historia que trata de contar el juego queda bien resuelta. No voy a meter spoilers, pero sí diré que mi ilusión de que al menos el final mereciera la pena quedó por los suelos. Tras un monstruo final completamente ridículo (por fácil) se recurre al recurso fácil de salirse por la tangente, dejando los cabos sueltos suficientes como para que haya un Assassins Creed III, que obviamente será un exitazo. Yo, como es natural, no pienso gastar ni un € si piensan ofrecerme más de lo mismo. Por lo que a mí respecta, el ACII es un juego completamente prescindible que no vendo porque es un regalo. Una pena, porque podrían haber hecho mucho más.

