Maravillas de la Internet del 6-7 al 26-7

Disfrutad de lo mejor de Internet que he seleccionado del 6-7 hasta el 26-7:

  • Fauna Mongola de Madrid – Mi particular descubrimiento del mes. Un blog dedicado a retratar al (infra)ser humano a base de dibujitos y cuatro certeros párrafos. Ya quisiéramos decir tanto con tan (aparentemente) poco.
  • The Big Lies People Tell In Online Dating « OkTrends – El blog de OkCupid es uno de mis favoritos. Con una cantidad ingente de datos y dos analistas inteligentes a los mandos se dedican a hacer estudios sociológicos de lo más interesantes. Especialmente impactante es la confirmación de que a ellas les gustan con dinero independientemente de la edad.
  • La lista de la vergüenza – Un blog dedicado a recopilar los cursos pseudocientíficos que se imparten en las universidades españolas. El título del blog no podría ser mejor.
  • quatremots-anamariallopis: 4 HISTORIAS DE ABORTOS – Breve y directo a la mandíbula. No hace falta opinar para aclarar muchas cosas, a veces basta sólo con haberlas vivido. No dejéis de leerlo.
  • Lo nuevo de Pitingo « Pajasmentales – Si flipaste con la versión de "Smells like teen spirit" de Pitingo, prepárate para su nueva idea: el Windows Gitano.

Conocer a los demás es sabiduría…

Os voy a contar una anécdota con moraleja y todo.

Hace unos años, cuando mi mujer y yo éramos novios, me llevó a las fiestas de su pueblo. Aunque traten de adornarlas, dichas fiestas no son más que una coartada para que cientos (miles) de jóvenes (y no tan jóvenes) se junten en un prado a beber sidra en cantidades industriales hasta alcanzar un grado de ebriedad considerable. A mí no me hizo/hace/hará ni puta gracia, porque aunque no soy abstemio en sentido estricto, sí que no aguanto el ritmo del resto de la pandilla. Aunque a veces hay que fingir, ser los únicos sobrios de un grupo de borrachos es un puto coñazo, porque los chistes malos no te hacen gracia, repetir la misma frase n veces no te hace gracia y hacer el tonto no te hace gracia.

Suficiente introducción.

El caso es que aquella vez nos disponíamos a marchar del susodicho prado cuando la cuchipandi ya había alcanzado el umbral que menciono antes. Así que nos cogimos de la mano y empezamos a esquivar a la jauría humana que empezaba a desmadrarse. En un momento dado, un energúmeno lanzó un trozo de tarta a un amigo suyo y claro, como ya iba bien cocido, falló estrepitosamente, con la desgracia de que fue a impactar en mi señora, manchando de chocolate su camiseta, escote y cuello. Mi mujer se revolvió y con su 1’50 de estatura se fue a encarar al agresor calificándolo en un primer momento de “subnormal”.

En ese momento, todos mis sentidos se activaron y realicé una evaluación de la situación en un tiempo ultracorto. El agresor era un maizón (tarugo) de unos 100 Kg. de peso coloradote y con brazos como mis piernas. Estaba acompañado de otros cuatro o cinco tipos con pinta de haberse vestido como para participar en una peli porno (vaqueros cortos y camisetas sin mangas) y que empezaron a aullar en cuanto vieron a mi mujer acercarse. Rápidamente, la solté de la mano y me confundí entre un grupo situado a unos 5m de la acción. Manteniendo el contacto visual pero sin hacerme notar. Mi mujer le echó un rapapolvo de madre al boborolo y su pandilla cuando hubo acabado se marchó tranquilamente del lugar.

Tras caminar unos metros, me uní a ella, sanos y salvos los dos. Y ahí me cayó la del pulpo. “Cobarde”, “Ten novios para esto”, “¿Y si me hubieran pegado?”, “Maricón” son varias de las frases que me dedicó, mientras yo paladeaba tranquilamente el sabor de la integridad física. Yo le expliqué el resultado de mi análisis: con mis 65 Kg de peso mi única posibilidad era pegar primero y rezar para acertar con algún punto débil que tumbara al ogro y me diera suficiente ventaja para aprovechar mi presunta velocidad en carrera. A lo mejor acertaba con el gigante, pero es complicado que me pudiera escapar de todos los reyes del porno. Por lo tanto y teniendo en cuenta que ella era una chica y que en el grupo agresor no había ninguna, decidí que era probable que no se atrevieran a tocarla por si acaso dilapidaban sus escasas opciones de follar esa noche. Y por lo que se ve, acerté. Tuve que esperar a la cena para que mi mujer se diese cuenta de que el hecho de que yo estuviera entero era más importante que el haberla defendido a ella.

Y es que amigos y amigas, los genes que llevo en el cuerpo llevan milenios en el acervo genético de la humanidad y si han conseguido llegar hasta mí no ha sido ni por valentía, ni por gallardía, ni por arrojo. Ha sido simple y llanamente por haber sobrevivido lo suficiente como para reproducirse. Mis genes son los del cazador paleolítico que se cagaba ante un mamut y prefería quedarse con labores más cutres antes que jugarse el pellejo. Son los del esclavo griego que jamás se rebeló contra su amo aunque tuviera que limpiar las letrinas todos los días. Son los del Íbero que aprendió a hablar Latín en cuanto vió el poderío de la máquina de guerra Romana. No nos engañemos, seguramente los tuyos también. Salvo contadas excepciones, los héroes no dejan descendencia.

Y es que, queridos lectores, “Conocer a los demás es sabiduría, conocerse a uno mismo es sabiduría superior”.

El Huevo, de Andy Weir.

Hace unos días encontré por casualidad un cuento de Ci-Fi que me gustó mucho, tanto que le pedí permiso al autor para traducirlo y ponerlo a vuestra disposición. Espero que os guste.

El Huevo

Por: Andy Weir
Traducción: Ponzonha

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Ibas de camino a casa cuando moriste.

Fue en un accidente de coche como otro cualquiera. Nada especial, pero fatal de todas formas. Dejaste una viuda y dos huérfanos. Fue una muerte indolora. Los servicios de emergencia hicieron lo posible por salvarte, pero fue inútil. Tu cuerpo estaba tan destrozado que estás mejor así, créeme.

Y en ese momento es cuando me conociste.

“¿Qué? ¿Qué ha pasado? Preguntaste. “¿Dónde estoy?”

“Has muerto” dije tranquilamente, nunca me gustó suavizar las cosas.

“Había un… un camión y estaba derrapando…”

“Sí,” dije.

“Yo… ¿Estoy muerto?”

“Sí. Pero no te sientas mal. Todo el mundo muere.” Dije.

Miraste alrededor. No había nada. Solo tú y yo. “¿Qué es este lugar?” Preguntaste. “¿Es esto el más allá?”

“Más o menos,” dije.

“¿Eres dios?” Preguntaste.

“Sip,” Dije. “Soy Dios.”

“Mis hijos… mi esposa…” dijiste.

“¿Qué quieres saber?”

“¿Estarán bien?”

“Eso es lo que me gusta” Dije. “Acabas de morir y tu principal preocupación es tu familia. Eso es ser bueno”

Me miraste con fascinación. Para tí yo no tenía pinta de Dios. Aparentaba ser como cualquier otro hombre. O como una mujer. A lo mejor una figura de autoridad. Más como un maestro de escuela que como El Todopoderoso.

“No te preocupes” Te dije. “Estarán bien. Tus hijos te recordarán como alguien perfecto en todos los sentidos. No tuvieron tiempo suficiente como para empezar a despreciarte. Tu mujer llorará de puertas afuera, pero estará secretamente aliviada. Para serte sincero, tu matrimonio se iba a pique. Si te sirve de consuelo, se sentirá culpable de ese sentimiento de alivio”.

“Oh” dijiste “¿Qué pasa ahora? ¿Voy a ir al cielo, al infierno o a algo así?”

“Nada de eso” dije. “Vas a reencarnarte”.

“Ah, o sea que los Hindúes aciertan”.

“Todas las religiones tienen razón, cada una a su manera” dije. “Demos un paseo”.

Me seguiste mientras caminábamos por el vacío.

“¿Adónde vamos?”

“A ninguna parte en concreto. Es que es agradable hablar mientras caminamos”

“Entonces… ¿Cómo va esto?” Preguntaste. “Cuando nazca estaré vacío ¿No? Un bebé. Todas las experiencias y todo lo que he vivido en esta vida no habrán importado”.

“¡De ninguna manera!” Te aseguré “Dentro de ti están todos los conocimientos y las experiencias de tus vidas pasadas. Lo que ocurre es que no los recuerdas”

Dejé de caminar y te cogí por los hombros. “Tu alma es más maravillosa, bella y grandiosa de lo que puedas imaginar. Una mente humana sólo podría contener una pequeña fracción de lo que tú eres. Es como meter el dedo en un vaso de agua para saber si está caliente o fría. Pones una parte de ti en el vaso y cuando la sacas ya tienes todas las experiencias que tenía”.

“Has estado en un humano durante los últimos 48 años, así que no te has desperezado todavía y no has sentido tu inmensa consciencia. Si nos quedáramos aquí tiempo suficiente, empezarías a recordarlo todo. Pero no tiene sentido hacerlo entre cada vida”.

“Entonces, ¿Cuántas veces me he reencarnado ya?”

“Oh, muchas. Muchísimas. Y en muchas vidas diferentes”. Dije. “Esta vez vas a ser una campesina china en el 540 a. C.”

“¿Cómo? ¿Qué?”. Balbuceaste. “¿Me mandas atrás en el tiempo?”

“Bueno, supongo que técnicamente sí. El tiempo tal y como lo conoces sólo existe en tu universo. Las cosas son diferentes de donde yo vengo.”

“¿De donde vienes?” Me preguntaste.

“Oh, bueno” expliqué. “Yo vengo de un sitio. De otro sitio. Y hay otros como yo. Sé que te gustaría saber como es aquello, pero honestamente, no creo que lo entendieses”.

“Ah,” estabas decepcionado. “Pero espera. Si me reencarno en otros sitios y en otras épocas, podría haber interactuado conmigo mismo en algún momento”.

“Sí, seguro. Pasa continuamente. Y como cada una de las vidas sólo es consciente de sí misma, ni siquiera te enterarás de lo que está ocurriendo”

“¿Entonces cuál es el propósito de todo esto?

“¿En serio?” Pregunté. “¿En serio me preguntas cuál es el sentido de la Vida? ¿No es un topicazo?”

“Bueno, es una pregunta razonable” Insististe.

Te miré a los ojos. “El sentido de la Vida, la razón por la que he hecho todo este universo es para que crezcas”.

“¿Te refieres a la humanidad? ¿Quieres que maduremos?”

“No. Sólo tú. He hecho este universo para ti. Con cada nueva vida creces, maduras y te conviertes en un intelecto cada vez mayor y más grandioso”.

“¿Sólo yo? ¿Qué pasa con el resto de la gente?”

“No hay nadie más.” Afirmé. “En este universo solo estamos tú y yo”.

Me miraste fijamente. “Pero el resto de la gente…”

“Todos tú. Diferentes reencarnaciones de ti”.

“¿Cómo? ¿Soy todo el mundo?”

“Ya lo vas entendiendo” Dije mientras te felicitaba con una palmada en la espalda.

“¿Soy cada ser humano que ha vivido?”

“Y que vivirá, sí”

“¿Soy Julio César?”

“Y también eres Bruto” Añadí.

“Soy… ¿Hitler?” Dijiste con miedo.

“Y los millones a los que asesinó”

“¿Soy Jesús?”

“Y todos los que le siguieron.”

Te quedaste callado.

“Cada vez que torturabas a alguien” Te dije, “Te estabas torturando a tí mismo. Cada acto de amabilidad que has tenido, ha sido por ti. Cada momento feliz o triste experimentado por cualquier humano lo fue o será experimentado por ti”.

Te quedaste pensando largo rato.

“¿Por qué?” Me preguntaste. “¿Por qué haces esto?”

“Porque algún día, tu serás como yo. Porque eso es lo que eres. Eres uno de mi especie. Eres mi hijo”.

“Guau,” dijiste incrédulo. “¿Quieres decir que soy un dios?”

“No. Todavía no. Eres un feto que todavía está creciendo. Cuando hayas vivido cada vida humana posible, habrás crecido lo suficiente para nacer”.

“O sea que todo el universo no es más que…”

“Un huevo” Te respondí. “Ahora es el momento de que vayas a tu siguiente vida”.

Y te envié a tu destino.

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Este relato está traducido con permiso de Andy Weir, su autor,  y está publicada en su web. Tiene copyright, por cierto. He procurado ser fiel al estilo original y me he esforzado tratando de interpretar cada frase más que traducirlo palabra por palabra. Sólo he cambiado la referencia a Lincoln y a Booth por Julio César y Bruto para hacerla más coherente para un lector en Español (por otro lado, Lincoln no es nada al lado de JC, pero eso es otro cantar). No recuerdo cómo la encontré, pero sí puedo decir que desde que la leí quise traducirla y ponerla aquí. Me encantan las historias cortas y esta me parece muy buena. A todos los que os guste la Ci-Fi os recomiendo que os paséis por su colección de relatos, creo que merecen un vistazo. Yo desde luego he pagado por cosas peores.

La metáfora del ginecólogo.

Hace poco ha nacido un megablog de divulgación científica en castellano muy recomendable: Amazings. Desde su nacimiento me he planteado si colaborar o no, porque al fin y al cabo la ciencia es mi trabajo, mi oficio y mi pasión. Siempre he pensado que parte del sueldo que me paga la sociedad (o sea, vosotros) debería ir dedicado a la divulgación, a revertir en la sociedad todo lo que gracias a la sociedad he aprendido.

Sin embargo no puedo. No soy capaz de escribir un post divulgativo ni a tiros.

Los lectores habituales habrán visto que no me prodigo mucho en la divulgación. Aparentemente no es que lo haga mal, sobre todo a tenor de los comentarios laudatorios que tienen los pocos posts divulgativos que he hecho. Es más bien un problema de motivación. Y creo que la mejor explicación que puedo dar es parafrasear a aquel ginecólogo que Rachel (Friends) quería ligarse en un episodio de cuando todavía no salía con Ross.

El ginecólo en cuestión esquivaba los flirteos de Rachel con bastante estilo y dejaba a la protagonista descolocada, pues no había hombre que se resistiera a sus encantos. En un momento dado, Rachel le planteaba su interés a las claras y el ginecólogo, al ver que no tenía otra escapatoria que decir la verdad, se sacó la siguiente metáfora (no la recuerdo literalmente, por supuesto, pero era más o menos así).

-Mira Rachel, tu eres camarera. Te pasas el día poniendo cafés. Café con leche, cortado, moka, capuccino, con hielo, frappé. Café, café, café. Desde que entras a trabajar hasta que sales no paras de servir café. Por eso, cuando llegas a casa, te pones cómoda y piensas en qué vas ha hacer con tu tiempo libre, lo último en lo que piensas es en tomarte un café ¿Verdad?. Pues a mi me pasa igual, pero soy ginecólogo.

Pues a mí me pasa igual, pero soy biólogo. Necesito hablar, leer y escribir de más cosas a parte de ciencia. Videojuegos, Deporte, Política, Historia, Cine, Moda y Pr0n, mucho Pr0n. Me gustaría escribir más sobre transgénicos, sobre grandes científicos que nadie conoce, sobre patentes científicas, sobre pseudociencia… pero en lugar de eso monto una porra del Mundial, le hago un post de homenaje a Manute Bol o hablo del Heavy Rain apasionadamente.

Y estoy encantado hoygan.

Coñoneta

Una de las discusiones más vistas de Internet (y de las tertulias en los cafés) es doblaje contra versión original. Creo que todo el mundo se ha posicionado alguna vez y los argumentos a favor y en contra son de todos conocidos. Yo, pues depende. Hay veces en los que pienso que el doblaje es un crimen de lesa humanidad (Lost) y otras veces sin doblaje no me hubiera enterado de nada (Ran). Generalmente se asume que el doblaje pervierte el sentido original de la obra, que no muestra lo que el autor quería en un principio, que se pierden los matices originales, que obvia una parte clave de la interpretación de un actor (la voz). Ejemplos de pifias monumentales a la hora de doblar una película los hay a patadas y no faltan blogs donde a parte de señalarlos, los corrigen y tratan de educar al lector. Sin embargo, hay veces, muy pocas veces, en las que el doblaje supera al producto original. Y no me refiero a que la voz en castellano sea “mejor” que en el original, como ocurre con Constantino Romero y Clint Eastwood, no. Me refiero a cuando el traductor lo peta y supera al guinista original. Seguro que tu tienes tu ejemplo favorito, a mi se me ocurren varios pero por mucho que pienso, hay uno que los supera a los demás:

“LA COÑONETA”

En Kill Bill Vol1. la protagonista despierta del coma para descubrir las aficiones de un depravado enfermero en una escena bastante impactante. Tras despacharlo de forma muy Tarantiniana y completamente proporcional a sus delitos, los guionistas deciden quitarle hierro al asunto colocando el primer chiste negro de la película: un llavero con la palabra “Pussy Wagon”. Su traducción literal sería algo así como “La Diligencia de los Chochitos”. Supongo que en Inglés hará cierta gracia el contraste de dos palabras tan dispares. Sin embargo, en castellano los traductores decidieron que hacía falta más y se sacaron el mejor palabro de la Historia de la Traducción: LA COÑONETA. Todavía recuerdo la risotada que se oyó en el cine el día que fuí a verla. Tras la tensión de la escena previa, esa voz femenina diciendo “Coñoneta” es el contrapunto humorístico perfecto. Es imposible que Quentin llegue a entender cómo Coñoneta le da mil vueltas a Pussy Wagon, pero creo que muchos estaréis de acuerdo con que la mejora es sustancial.

Por cierto, gracias a Internet, podemos ponerle un nombre y apellidos a la autora de semejante genialidad: María Sahagún. Vaya desde aquí todo mi reconocimiento.