Soy un cabrón.

O al menos eso creo. Yo confieso:

Evidencia nº 1.

Recientemente, una persona cercana ha conseguido un trabajo envidiable. Yo conozco como es y cómo trabaja: ladino e ignorante, pero sobre todo, incapaz conocer los límites de su propia estupidez. En el pasado hemos tenido nuestros roces, pero no demasiado grandes. Primero me dió mucha rabia que lo consiguiera, pero ahora me muero de ganas de que demuestre que no me equivoco al juzgarle y que la cague bien cagada. Normalmente no me importa lo que les ocurra a los demás si no tienen nada que ver conmigo, pero en este caso me jode saber que hay gente muy valiosa comiendose los mocos y que mientras tanto este inútil tenga la posibilidad de tener el culo asegurado durante un par de años. Esperemos que por el bien de España la realidad acabe por darle una buena bofetada.

Evidencia nº 2.

El otro día fui a una de las docenas de tiendas de chucherías que hay en Oviedo (no es coña, yo diría que batimos records per cápita). La dependienta era nueva, una chica joven (20 años) de buen ver pero de bobalicona expresión (boca entreabierta y labio inferior colgante). Estaba claro que era muy novata porque le preguntó de todo a su jefa antes de hacer nada: códigos, precios, cómo ir sumando cosas en la balanza… Todo ello sin mirarme ni decirme nada y con cara de asco/indolencia/pasotismo. Al tercer intento por fin me dijo un precio: 2,45 €. Le pagué con 3€ y calculó cuánto tenía que devolverme de cabeza. Como tenía una mano ocupada, cogí el dinero con la mano en la que tenía las chuches, pero al salir de la tienda miré y ví que me había devuelto 1,55€. Normalmente hubiera vuelto y le hubiera dado el € que no era mío, pero de repente decidí que sería mucho más didáctico que no le cuadrara la caja. Igual así aprende a sumar, a ser educada con un cliente y a valorar el hecho de tener un trabajo.

Evidencia nº 3.

Tengo un conocido con el que tuve que colaborar en el pasado. Aunque nos tolerábamos sin más, procuramos mantener cierta cordialidad. Luego se juntó con un grupillo un tanto autista y decidió que como ya tenía “amiguitos” podía pasar de mí, devolverme el saludo de mala manera o a veces ni devolverlo. Al principio hice como si nada, pero me cansé de sacar el saludo con sacacorchos. Lo peor llegó cuando trató de metérmela doblada en temas profesionales. Así estuvo un año más o menos. Desgraciadamente para él, el grupillo ya no está y se ha quedado completamente solo. Desde ese momento me saluda muy sonriente y no duda en preguntarme cualquier cosa que le surja.  Yo le respondo extrictamente a lo que me pregunta, sin extenderme demasiado y sin dar ni un ápice de información extra. A veces hasta me llama por teléfono (cosa que jamás había hecho), aunque la mayoría de las veces que ni le contesto ni le devuelvo la llamada. En algunos casos noto que está esperando a que le eche una mano, pero le dejo en la estacada, incluso a sabiendas de que le quede un buen curro por delante y de que un par de consejos por mi parte le ahorrarían tiempo y dinero. Con otra gente pondría la otra mejilla y olvidaría el pasado, pero en este caso no me da la gana.

Deben de ser los 30 años, pero en ninguno de los tres casos siento remordimientos de conciencia. Reconozco que no son nada de lo que sentirse orgulloso, aunque seguro que más de uno dirá que tampoco son tan graves. Os aseguro de que mi yo de hace un par de años no lo aprobaría, pero quizá madurar sea volverse menos ingenuo. Eso sí, todavía no estoy lo suficientemente maduro para decirle nada de esto a ninguno a la cara…

19 pensamientos en “Soy un cabrón.

  1. Ya llegarás a los cuarenta y se lo dirás a la cara, con gente delante y sobrándote. O a lo mejor no, la vida te trata bien y puedes seguir como estás. Que no es ser malo, es evitar que se rían de tí.

  2. A la primera te diré que eso no es ser un cabrón: es desear que cada uno se gane lo que se merezca y es justicia. Ser un cabrón sería llamar a algún conocido mío de la empresa para tomar unas cañas y entre tontería y tontería preguntarle: “Oye ¿y no os da problemas fulanito? en mis tiempos era un empanao…”

    A la segunda te diré que las vueltas de más solo se deberían devolver en sitios de confianza o donde te tratan muy bien, al resto que aprenda. Cada uno aprende de sus errores. (y además es un poco como la primera, si no vale para el puesto es mejor que no incubras sus errores y la despidan en justicia)

    A la tercera no sé que decirte, una persona que decide su trato en función de “¿cuantos amigos tengo?” ni siquiera creo que la quisiera como amiga. Pero claro yo soy un asocial convencido.

    En resumen: si estás escribiendo esto es que reflexionas sobre ello más de lo que crees, y si con tanta reflexión no sientes ningun tipo de remordimiento solo puede ser que han sido las actuaciones correctas para cada caso :P

  3. Yo me habria comportado igual que tú (de hecho, ya me he comportado así en situaciones parecidas), así que no te sientas como que eres cabrón, sino como que estás “repartiendo karma” :) .

  4. Sin mano dura, el despojo social no madura. Aún diría yo que con el tercero estás siendo demasiado blando.

    Dales caña, que si no se te suben a las barbas. Tantos años de “dejémoslo pasar” nos han llevado a lo que tenemos ahora.

  5. En catalán “bueno” se traduce como “bo”

    y tenemos un dicho que es… “bo i bo… bobo!”

    así que resumiendo… si eres demasiado bueno entonces eres bobo. Así que yo no creo que sea ser un cabrón todas estas situaciones. Son simplemente no dejarse pisar ni tomar el pelo.

    te lo dice uno que también hace poquito que ha pasado de los 30 y encima ha sido padre hace un año. Ahora muerdo más que antes cuando quieren aprovecharse de mí, ya sea por instinto paternal o por maduración de la edad

    saludos!

  6. Nunca lo había pensado tan detenidamente, pero ya veo que también soy un cabrón. Como bien dices, a lo mejor es por la cercanía a los 30 que ya voy pisando.

    Cuando si lo pensé es en una situación similar a la segunda que expones con unas cuantas dependientas mascachicles con las que me he topado últimamente. También, no he podido reprimirme y responder mal y encararme con dos mendigas en centros comerciales, que me asaltan con los críos en el parking para que les des la moneda del carro. En cuanto sales por la puerta del parking ya tienes al crío de 7-8 años detrás de ti con la mano extendida pidiéndote la moneda, y a la madre que los controla pegada a la fila de carros con un bebé en los brazos en misma posición. Me he encarado con ellas por el uso que hace de sus hijos pequeños, en especial del de 7-8 años. ¿No los puede mandar al colegio y evitarle la mendicidad de por vida?

    Salu2 y unas birras frescas

  7. No, no lo eres, tengo la suerte de conocerte (mínimamente)en persona y tienes una cara de buena persona que tiras pa’trás. Simplemente es que no eres gilipollas, y en la vida uno va aprendiendo.

    Si yo tuviese que hacer un post como este, no se cuantas evidencias tendría que poner. Yo si me considero un cabrón, ¿y sabes lo peor?, he aprendido a disfrutar de ello, lo cual me hace más cabrón aun.

  8. Pues como bien dices, te decimos que no es para tanto. Y que no es ser cabrón sino no dejarte tomar el pelo. No me parecen malas actuaciones, pero sí me parece contradictorio que digas que no tienes remordimientos y luego pienses que por ello eres un poco cabrón xD en mi opinión está bien hacer ese tipo de cosas mientras precisamente te cueste un poco hacerlas, lo que no me gustaría sería que llegaras a convertirse en una persona mayor que actúa como si el universo le debiera algo, que los hay y muchos, y corres ese riesgo.

    Además en el tercer caso se podría resolver hablando.

    (a lo mejor es que yo soy demasiado joven >.<)

  9. Bueno bueno amigo, si uno se hace de miel, le comen las abejas… o como me decía un compañero hace ya unos cuantos años, primero, uno es bueno, luego tonto, para acabar siendo malo.
    Las tres acciones que describes, la hubiese hecho yo también, es más, las hago, verdaderamente estás repartiendo kharma, como dicen por ahí arriba.

  10. La primera me duele. Yo he estado en esa situación, me ha costado hacerme con cosas que todo el mundo ve como complicadas. Me he tragado malas caras porque no he hecho bien las cuentas rápidamente (y cuanto más nerviosa estoy, peor sumo… así que en cuanto había mucha cola empeoraba), o no me sabía todos los productos de la tienda ya la primera semana, les he hecho esperar buscando un código de barras o he confundido una baguette con una baguetina. No es querer, es estar verde.

    Los otros dos casos son cuestiones más claras de supervivencia. Este es el único en el que te puedo dar un poco la razón y decir que has sido un poco cabroncete. Tampoco me parece muy grave, ni siquiera se habrán dado cuenta o les habrá supuesto mucho un euro.

    Por cierto, habrá metido la gamba varias veces más y el problema de cuadrar la caja lo tendrá la experta, no la nueva.

  11. No tienes por qué sentirte así, tus reacciones son totalmente humanas, la mayoría de la gente haría lo mismo. Por lo menos yo… bueno, menos con la chica del caso nº2, para eso soy muy empática porque nunca se sabe si te puedes ver en la misma situación el día de mañana… porque que no te cuadre la caja en período de prueba es una putada…

  12. No es que seas un cabrón, simplemente que uno va madurando y cada vez aguanta menos las tonterias y a los inútiles.

  13. Estimado sr Ponzonha, si usted es un cabrón por lo que expone, yo debo de ser algo así como el mismísimo Satán andando por la tierra…

  14. Eres un cabrón solo si tú crees que lo eres. Y si lo crees, es que ya tienes remordimientos por lo que hiciste. O sea, que al final no eres tan cabrón.

    ¿Me se entiende o no?