Como el gato de Schrödinger.

Llega una edad en la que las personas parece que van a ser eternas, que siempre van a estar ahí, que no morirán nunca. Van cumpliendo años, como nosotros, pero parece que ellos apenas cambian. Luego un día, un bulto en el cuello. Médico, hematólogo, otorrino… y deciden hacer pruebas. Radiografías, análisis de sangre, resonancias y de postre, una biópsia.

Mientras tanto, la familia empieza a ponerse nerviosa. Una persona de edad, bultos, de médico en médico y, finalmente, una biópsia. No hace falta ser un experto para pensar en cáncer y, para encima, linfático. Muy mal rollo. En función del momento piensas en él como un enfermo con un futuro de quimio o radioterapia y una agonía de un par de años o como una persona sana con un bulto en el cuello. Realmente, es como si estuviera canceroso y sano a la vez. Esos diez días entre la biopsia y el resultado son los peores, al fin y al cabo, si tardan tanto es porque algo tiene ¿No?. Aunque todo el mundo trata de disimular, los nervios están a flor de piel. Hay visitas, llamadas… todo el mundo está preocupado (y con razón).

Finalmente, llega el día. Al parecer los ganglios estaban inflamados por una infección. Tanto lío para nada, tenemos viejo para rato. Es increíble lo bien que entra el oxígeno en los pulmones cuando te quitas un peso de encima. El día llegará, seguro, pero de momento, disfrutaremos de lo que quede.

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Maravillas de la Internet del 14-9 al 17-9

Disfrutad de lo mejor de Internet que he seleccionado del 14-9 hasta el 17-9:

  • The Museum of Soviet Arcade Games – Ser soviético no estaba reñido con tener arcades en los 80 camarada!
  • The Human Marvels – Impresionante web dedicada a recopilar seres humanos extraordinarios. Un compendio de freaks en el sentido clásico de la palabra. A parte de los que conocemos por la peli de Tod Browning, hay muchos más. Todos los casos tratados con sumo gusto, por cierto.
  • Cultureta Watch: Cachondeándose musicalmente de los culturetas – El complemento musical perfecto para ese gran blog que es "Fauna Mongola de Madrid".
  • Armas Pal Pueblo – Una pedazo de web que recopila chorradas de Internet. Están francamente escogidas y no son las típicas de siempre. Además, les gusta el escudo de Mozambique. ¿Alguien da más?
  • Sólidas razones del carbón – Ya sabéis mi postura respecto al carbón, no creo que se deba subvencionar una industria deficitaria. Sin embargo recomiendo la lectura de este artículo en el que se explican las razones para mantener dicha subvención. Reconozco que algunas son muy sólidas y que aunque sigo pensando lo mismo, mi postura ya no es tan inflexible.

Pajilleitor plus.

¡Venga, que siga la fiesta! En youtube hay un usuario llamado loulogio que ya tardan en ficharlo para algún programa de TV. Se dedica al noble arte del doblaje cachondo, ese género en el que el Informal y los Chanantes son verdaderos maestros. En este caso, su especialidad es el doblaje de las teletiendas. Su mejor creación es el pajilleitor, ese producto del que todos pensamos lo mismo que el artista cuando lo vimos por primera vez. Lo que ocurre es que ni tenemos su gracia… ni a Punset como invitado especial. Prepárate, porque este vídeo se va a ir directo a tus favoritos, a tu móvil y a tus reuniones familiares:

httpv://www.youtube.com/watch?v=s3M-KzHpMPI

Se van a pelear.

En la cuenta hay otros 46 vídeos, Crepúsculo, la Batamanta, Furbo…

Eat da poo poo!

Sé que últimamente este blog parece un sitio serio, pero nada más lejos de la realidad. Yo sigo siendo el mismo que navega por la red y que disfruta con las cosas más extrañas. En este caso os traigo un vídeo que muestra al pastor ugandés Dr. Martin Ssempa explicándole a su audiencia por qué Obama no debería legislar a favor de la homosexualidad. Ha hecho sus investigaciones y las muestra orgulloso en su MacBook Pro. Tiene subtítulos, pero se entiende bien:

httpv://www.youtube.com/watch?v=erSqrOFQ8qg

Eat da poo poo!

Después de verlo, sólo tuve dos salidas: escribir sobre el terrible mix que son la ignorancia, la pobreza y el fanatismo religioso… o partirme la caja y esperar a que salga el mp3 y ponerlo en el móvil. Naturalmente, he elegido tomarlo por el lado freak del asunto y gozar con el momento en el que le enseña la imagen al obispo y, sobre todo, con la arenga final…

(Naturalmente, no soy el único que se lo ha tomado a coña, los artistas de la Internets ya están haciendo sus versiones demenciales).

Soy un cabrón.

O al menos eso creo. Yo confieso:

Evidencia nº 1.

Recientemente, una persona cercana ha conseguido un trabajo envidiable. Yo conozco como es y cómo trabaja: ladino e ignorante, pero sobre todo, incapaz conocer los límites de su propia estupidez. En el pasado hemos tenido nuestros roces, pero no demasiado grandes. Primero me dió mucha rabia que lo consiguiera, pero ahora me muero de ganas de que demuestre que no me equivoco al juzgarle y que la cague bien cagada. Normalmente no me importa lo que les ocurra a los demás si no tienen nada que ver conmigo, pero en este caso me jode saber que hay gente muy valiosa comiendose los mocos y que mientras tanto este inútil tenga la posibilidad de tener el culo asegurado durante un par de años. Esperemos que por el bien de España la realidad acabe por darle una buena bofetada.

Evidencia nº 2.

El otro día fui a una de las docenas de tiendas de chucherías que hay en Oviedo (no es coña, yo diría que batimos records per cápita). La dependienta era nueva, una chica joven (20 años) de buen ver pero de bobalicona expresión (boca entreabierta y labio inferior colgante). Estaba claro que era muy novata porque le preguntó de todo a su jefa antes de hacer nada: códigos, precios, cómo ir sumando cosas en la balanza… Todo ello sin mirarme ni decirme nada y con cara de asco/indolencia/pasotismo. Al tercer intento por fin me dijo un precio: 2,45 €. Le pagué con 3€ y calculó cuánto tenía que devolverme de cabeza. Como tenía una mano ocupada, cogí el dinero con la mano en la que tenía las chuches, pero al salir de la tienda miré y ví que me había devuelto 1,55€. Normalmente hubiera vuelto y le hubiera dado el € que no era mío, pero de repente decidí que sería mucho más didáctico que no le cuadrara la caja. Igual así aprende a sumar, a ser educada con un cliente y a valorar el hecho de tener un trabajo.

Evidencia nº 3.

Tengo un conocido con el que tuve que colaborar en el pasado. Aunque nos tolerábamos sin más, procuramos mantener cierta cordialidad. Luego se juntó con un grupillo un tanto autista y decidió que como ya tenía “amiguitos” podía pasar de mí, devolverme el saludo de mala manera o a veces ni devolverlo. Al principio hice como si nada, pero me cansé de sacar el saludo con sacacorchos. Lo peor llegó cuando trató de metérmela doblada en temas profesionales. Así estuvo un año más o menos. Desgraciadamente para él, el grupillo ya no está y se ha quedado completamente solo. Desde ese momento me saluda muy sonriente y no duda en preguntarme cualquier cosa que le surja.  Yo le respondo extrictamente a lo que me pregunta, sin extenderme demasiado y sin dar ni un ápice de información extra. A veces hasta me llama por teléfono (cosa que jamás había hecho), aunque la mayoría de las veces que ni le contesto ni le devuelvo la llamada. En algunos casos noto que está esperando a que le eche una mano, pero le dejo en la estacada, incluso a sabiendas de que le quede un buen curro por delante y de que un par de consejos por mi parte le ahorrarían tiempo y dinero. Con otra gente pondría la otra mejilla y olvidaría el pasado, pero en este caso no me da la gana.

Deben de ser los 30 años, pero en ninguno de los tres casos siento remordimientos de conciencia. Reconozco que no son nada de lo que sentirse orgulloso, aunque seguro que más de uno dirá que tampoco son tan graves. Os aseguro de que mi yo de hace un par de años no lo aprobaría, pero quizá madurar sea volverse menos ingenuo. Eso sí, todavía no estoy lo suficientemente maduro para decirle nada de esto a ninguno a la cara…

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