El viernes a las 19:00 al salir de trabajar me encontré con el marido de una profesora del laboratorio sentado al sol leyendo el periódico. Estaba en la sección sobre la huelga general protestando por el pésimo panorama laboral del momento. Le seguí la corriente y marché como pude, porque no quise cagarme en sus muertos. El susodicho apenas ha cumplido los cincuenta y ya está jubilado. Había dedicado el día a ir con la mujer al trabajo, a tomar el sol y a leer los periódicos (tenía tres en el regazo). ¿Cómo es posible que un hombre válido para trabajar esté en ese plan? Fácil, era minero.
Pocas ganas tenía yo de hablar el viernes con un minero. Ese día por la mañana mi madre me había llamado desde la autopista que conecta Asturias y León porque llevaba dos horas atrapada en el autobús por culpa de una protesta de unos mineros, precisamente. La empresa para la que trabajan lleva meses sin pagar las nóminas y decidieron cortar la autopista a modo de protesta. Mi madre al final pudo llegar a casa de mis abuelos por la noche, pero perdió completamente el día libre que se había pedido en el trabajo.
Mi mujer y yo llevábamos toda la semana planeando excursión el Domingo, pero abandonamos nuestra idea rápidamente. Y menos mal. Hoy por la mañana ya anunciaron cortes en varias carreteras asturianas. Al parecer los mineros se solidarizan con sus compañeros leoneses y avisan de que las ayudas estatales a la minería no deben de acabar en el 2014. Acabo de ver en las noticas regionales que han cortado todo lo que merece la pena cortar en Asturias. Una vez más, somos rehenes de los mineros.
Y estoy hasta los mismísimos.
Que no se paguen las nóminas es algo serio. Que se retiren las ayudas es justo y necesario si queremos sacar a Asturias del pozo. Los mineros, otrora motor de la región son el cáncer que nos carcome. En las comarcas mineras se han enterrado miles de millones de euros en prejubilaciones, carreteras y equipamientos públicos de lujo mientras que los mineros lo único que han hecho es protestar, comprar coches de lijo, maleducar a sus hijos y dejarse la paga en los bares (De hecho Mieres tiene un bar cada 87 habitantes y tan contentos). No sólo eso, al prejubilarse tan jóvenes muchos siguen trabajando en negro como electricistas, fontaneros o albañiles para sacarse un complemento. No sólo defraudan a la Seguridad Social (que somos todos) sino que impiden que otros trabajadores medren, pues es imposible competir con sus precios. Eso sí, cada vez que ven peligrar el chollo la lían, bien es cierto que ya no es como en los 80, pero la siguen montando bien. Llamadme insensible si queréis, pero yo es lo que veo. no veo motivos para perjudicar sistemáticamente a otros trabajadores como vía de protesta. Si el problema es que Vitorino Alonso no paga las nóminas, que vayan a quemarle la sede a Ponferrada y todos tranquilos, si acaso, que vayan a la delegación de gobierno en Oviedo o que marchen hacia Madrid hasta el ministerio. Pero lo que no tolero es que se quemen neumáticos a las 9 de la mañana en una autopista con caras sonrientes y que luego a la una se disuelva la barricada justo a tiempo para fartarse en los chigres y ver el partido del sporting por la tele. No amigos. El resto de los trabajadores merecemos un respeto. Y no lo digo por los que nos han jodido el día de merecido descanso, no, lo digo por camioneros y autobuseros que viven de las carreteras que éstos cortan. Me parece una falta de respeto y más cuando hay cuatro millones de parados, cuando cada día mueren trabajadores en sus puestos, cuando se quiere aumentar la edad de jubilación o cuando los pescadores salen a faenar y no duermen en casa. No. Así que no cuenten ni con mi solidaridad ni con mi comprensión.
Y ojo, soy nieto de mineros y mi padre trabajó en un chamizo (mina pequeña) para pagarse la carrera. Pero aquellos eran otros tiempos y, afortunadamente, otros mineros.