Imagino que estáis al tanto de lo último de Fernando Sánchez-Dragó, una aventura con unas lolis en Tokio en 1967. Según sus propias palabras:
“con unas lolitas, pero no eran unas lolitas cualesquiera, sino de esas que se visten como zorritas, con los labios pintados, carmín, rimel, tacones, minifalda… Tendrían unos trece años” [...] “Subí con ellas y las muy putas se pusieron a turnarse. Mientras una se iba al váter, la otra se me trajinaba”.
Lo cuenta en un libro ahora porque “el delito ha prescrito”. Como es natural, las reacciones han sido inmediatas y gente de todos los ámbitos políticos han clamado contra Dragó. Él lo ha matizado después y ahora dice que es una novelización.
Moralidad.
Que un hombre adulto mantenga relaciones con una niña de 13 años me parece absolutamente reprobable y a tenor de las reacciones a esta noticia, creo que es una opinión bastante generalizada en nuestra sociedad. Por otro lado, de Dragó no me soprende, yo ya sabía que era un idiota y un depravado. Sin embargo, haciendo leña de Dragó se está eludiendo un debate muy importante en el que nadie quiere entrar y que me parece muy importante.
Legalidad.
Las leyes son el conjunto de normas que tiene una sociedad para su correcto funcionamiento. En el caso de las democracias, son autoimpuestas y se modifican en función de la voluntad soberana del Pueblo (o al menos en teoría). De acuerdo a la Ley, el caso de Dragó cambia completamente. En Japón, la edad de consentimiento sexual es de 13 años de acuerdo a la wikipedia. Esto significa que el sexo con menores de 13 es una violación por definición, pero que a partir de ahí se aplican todos los supuestos que gobiernan una relación sexual entre adultos. Esto significa que, si todo ocurrió como cuenta Dragó, no hubo delito por ninguna parte, por mucho que farde de que el delito “haya prescrito” (falso, porque los delitos de esta gravedad no prescriben y si no que se lo digan a Polansky).
Pero claro, Japón es un país “especial” en cuanto al sexo. Al fin y al cabo en Japón existen Buruseras (tiendas que venden bragas usadas de colegialas) y es común el Enjo Kosai (“Citas compensadas”, es decir, encuentros entre menores y adultos en los que el adulto obtiene sexo a cambio de comprar ropa, joyas o complementos a las jóvenes. Se estima que entre el 8 y el 15% de las chicas entre 12 y 20 años la practican). Es decir, que en el contexto japonés, no sólo no se le puede echar nada en cara a Dragó en términos legales, sino que difícilmente en términos morales.
¿Y en España? Pues amigos, en España la edad de consentimiento sexual es también de 13 años, lo que nos sitúa a la cola de Europa:

Los únicos morados, nosotros.
De acuerdo con el código penal español, la edad de consentimiento sexual son los 13 años. En España, a diferencia de Japón, existe el estupro, que determina que “El que, interviniendo engaño, cometiere abuso sexual con persona mayor de trece años y menor de dieciséis, será castigado con la pena de prisión de uno a dos años, o multa de doce a veinticuatro meses”. Es decir, que si lo de Dragó hubiera pasado aquí según lo que él describe y hubiera testigos que lo corroborasen, tampoco habría habido delito.
Y aquí es donde me parece que debería de haber debate. Está muy bien darle caña a Dragó, porque es un facha de mierda, pero si no hablamos del transfondo legal en el que vivimos, nos quedaremos en discusiones de bar (o de Internet, que son peores). Y aquí es donde la presunta izquierda me decepciona, en las últimas 24h he esperado a que alguien más importante que yo hiciera este artículo, pero ni caso. Todos más centrados en el insulto y en la descalificación personal.
Como en muchos otros casos, España no es un país del primer mundo si nos atenemos a la legislación que regula el sexo con menores. Baste con ojear el mapa mundial para darse cuenta de que estamos a la altura de Afganistán, de Burkina Faso, Níger, Chad y el citado Japón pero también de Argentina y algunos estados de México (que también tienen que hacérselo mirar). Sólo estamos por delante de países tan concienciados con los derechos del menor como Yemén, Omán y Arabia Saudí.
Sinceramente pienso que con 13 años se es muy pequeño para tener una relación sexual, por mucho que jocosamente solamos decir que “Si el cesped está crecido, se puede jugar el partido” una cosa es la madurez física y otra la madurez emocional. En mi opinión y considerando a mi sobrina y sus amigas los 15 o 16 años serían mucho más adecuados, que es curiosamente donde se sitúan la mayoría de los países de Europa. Con nuestra legislación además, el estupro de 13 a 16 lleva implícito que hasta los 16 uno puede ser engañado (engatusado) fácilmente, por lo que el argumento de la inmadurez mental es algo que aceptaríamos sin problemas. Pero claro, esta es mi opinión. Me gustaría conocer la opinión de psicólogos, sociólogos, pediatras y demás profesionales al respecto de este tema, pero imagino que la mayoría estará de acuerdo conmigo en que 13 desde luego no.
En una democracia strictu sensu esto sería muy sencillo, una propuesta, una votación y a correr. Dada nuestra partitocracia, me temo que hasta que nosotros como sociedad no nos concienciemos de que vivimos en el reducto pederasta de Europa y empecemos a clamar contra nuestro propio código penal no se va a conseguir nada…