El clásico da para muchos comentarios que seguramente ya dijiste ayer y que has preparado para ir hoy al trabajo a vacilar al madridismo. Consideraciones futbolíticas aparte, creo que el mejor resumen es un meme con humor. En mi opinión, el más adecuado es el Fuck Yeah, por aquello de que el Barça no era claro favorito y al final se salió. Yo ayer, nada más ver la manita de Piqué, lo vi claro, él era el hombre del partido… y de la semana.
Espero que os guste mi incursión en el mundo meme:
Imagino que muchos de vosotros, fans de lo bizarro, ya sepáis quién es Goyo Ramos. Yo mismo os he hablado de él en el blog. Es un cantante y compositor gijonés que saltó a la palestra en pleno auge del fenómeno friki, pero que es completamente diferente de los infreseres a los que asociamos esta etiqueta.
Para dar a conocer el verdadero Goyo, Luis Álvarez Mayo ha decidido rodar un biopic sobre el que es posiblemente el tercer cantante asturiano más conocido tras Víctor Manuel y Dark la eMe. La película se titula “Yo soy el cantante Goyo Ramos” y ayer tuve el placer de asistir su estreno mundial en el marco del Festival de Cine de Gijón acompañado por mi amiguísimo CMurnau. Esta es mi crónica del evento:
Hay que decir que la sala estaba bastante llena de gente para el estreno. Por un lado, estábamos los genuinamente interesados en el fenómeno Goyo, que estábamos sentados más bien al fondo (entre nosotros, aparición estelar de Pepe Colubi y David Explosión, por cierto). Por otro lado, estaba la fauna propia del festival: gafapastas modernillos (hipsters) con pinta de no saber muy bien dónde se metían. Finalmente, estaba el equipo de la peli y sus amigos. Ni que decir tiene que el propio Goyo estaba entre los presentes y, por mucho que no lo intentase, monopolizó la atención del público.
El ambiente no podría ser mejor, pero por si acaso, el director nos animó a pasarlo bien con la peli, a reir, a cantar y a hacer lo que quisiéramos.
La película es el resultado de cinco años de seguir al artista. Por un lado, nos ofrece una visión de su vida cotidiana, de su trabajo en Ramper, de sus sueños, de sus recuerdos y de sus reflexiones. Por otro lado, nos enseña su verdadera pasión: la música, le vemos en el estudio de grabación, con los productores y en conciertos. Todo ello está salpicado de testimonios de la gente que ha trabajado con él, de otros músicos y de dueños de bares donde ha dado conciertos. Al principio de la peli todos nos reíamos genuinamente. Resulta muy gracioso ver cómo una persona con un talento nulo para la música intenta lo imposible: afinar, clavar una estrofa, seguir el ritmo… Nos reímos con el sufrimiento de los productores, tratando de sacar algo de él, nos reímos de alguien que pensamos que es peor que nosotros.
Sin embargo, a medida que transcurría la película, cada vez había menos risas. Al ver al verdadero Goyo, una persona tímida, currante, apasionada, tratando de derribar su particular muro a cabezazos, la risa va cambiándose por admiración. Todos los que han trabajado con él reconocen que, a pesar de su nulidad musical, es un tipo auténtico, muy trabajador y completamente entregado. Vemos cómo fue capaz de conseguir una actuación en el programa de Nochebuena de Telegijón gracias a haberles compuesto una canción. Vemos cómo tras arrasar un año en el euroyeyé (festival mod gijonés), responde con una canción compuesta expresamente para el festival al saber que al año siguiente no lo invitan. Le vemos en sus actuaciones en televisión nacional (porque tiene varias), triunfando en Trampolín (Tele5) y aguantando las puyas de la hijadeputa de María Teresa Campos, fajándose como un sparring ante un monstruo como era la doña en aquella época. Es cuando aparece la verdadera dimensión de Goyo Ramos, un tipo que si fuera estadounidense sería un verdadero héroe, porque lo suyo es pura superación de barreras. Un hombre simple, pero no simplón, que no tiene el coro de palmeros que tiene Belén Esteban, quién por cierto vale mil veces menos que nuestro Goyo. Un hombre que vive en un mundo en el que es una estrella y que es feliz cantando, con más cojones (o más ingenuidad) que la mayoría de los que estábamos en el cine, pues estoy seguro que nadie aguantaría las críticas que él recibe. Es justo lo que más me gustó del documental: el cambio de risas por aprecio y admiración que consigue el director, fruto sin duda del cariño que despierta Goyo en cualquiera capaz de oir más de una canción suya. Y admiración, por qué no decirlo, porque está más cerca de cumplir su sueño vital que la mayoría de nosotros, que no tenemos ni la mitad de empuje ni pasión que él.
Depués de la película, muchos aplausos, un poco de coloquio y su gran hit cantado en directo:
La intención de Álvarez Mayo es llevar el documental a varios festivales y luego tratar de sacarlo al mercado en edición conjunta con un recopilatorio de Goyo Ramos. De no ser posible, lo colgará en youtube, para que todo el mundo pueda disfrutarlo. Yo os lo recomiendo.
Por cierto, que al acabar, Goyo se hartó de firmar autógrafos a sus seguidores ante la incrédula mirada de muchos de los que no le conocían. Tuvo el detalle de fotografiarse con nosotros y todo, porque son estos detalles los que dan sentido a su vida.
El sábado hizo un auténtico día de perros en Oviedo. Llovió todo lo que quiso e hizo frío. A media tarde mi mujer y yo decidimos salir a comprarle nuestro regalo de reyes a nuestro sobrino isleño. Ella optaba por ir en coche hasta una de las grandes superficies que hay cerca de Oviedo, pero me pudo la nostalgia y decidí que iríamos a la juguetería más mítica de la ciudad. Esa jugetería apenas ha cambiado desde que me compraron mi primera bici (1988), mis G.I. Joes (yiyoes), el Caballero de Tauro y tantos otros juguetes que me hicieron la infancia feliz. Además, siempre me ha calado hondo el debate pequeño comercio contra gran superficie y decidí apoyar al pequeño.
Cruzamos el centro, sorteando ríos y baldosas traicioneras y llegamos a la tienda. Estaba completamente vacía excepto por las tres dependientas (una de ellas, la misma de hace 20 años). Lógico, habida cuenta de la que estaba cayendo. Encontramos el juguete (un poco más caro que en Toys’r Us, pero con eso yo ya contaba) y pedimos que nos lo envolvieran para regalo. La dependienta cogió papel y envolvió el juguete como quién envuelve un bocadillo (más o menos). Sin gracia ninguna, sin doblar para adentro los bordes cortados (para que no se vean flecos), sin pegatinas, sin lacitos… nada. Y que queréis que os diga, me decepcionó. Me decepcionó porque no había nadie en la tienda y porque por unos céntimos hay maestros del paquete que te dejan la boca abierta mientras transforma un papel y cuatro cintas en un Regalo (así con mayúsculas).
En el sXXI el pequeño comercio lo tiene muy crudo frente a las grandes superficies. Es imposible que compita con ellas en precio y, salvo que esté especializado en rarezas, tampoco puede competir con los productos. Sólo les queda el trato personalizado. Sin embargo, muchas veces parece más sencillo quejarse de la dura competencia de los hiper que juntar un huevo con otro y currárselo un poco más. En un mercado en el que lo artesanal es anecdótico, si el pequeño comerciante pretende ser un mero intermediario pasivo entre el producto y el comprador lo lleva crudo. Crudísimo. Afortunadamente, en Oviedo (e imagino que en todas las ciudades) hay tenderos que lo han entendido y han sabido conservar una clientela fiel que busca (buscamos) precisamente la personalización que el trato cara a cara sólo puede proporcionar. Serán los que sobrevivan. El resto, pues me temo que desaparecerán cuando nuestras madres y abuelas dejen de hacer la compra.
(Y todo esto sin mencionar Internet. Amazon.co.uk, que me envía el juguete en dos días a casa por 5€ menos que en el Toys’r Us. Me temo que los Reyes van a llegar del Reino Unido ese año).
Como os dije el otro día, estoy sin bautizar y sin embargo me casé en una iglesia. Es más, entré sin bautizar y salí igualmente sin bautizar. Mucha gente se sorprende de esto sea posible y hasta me lo han llegado a negar (fanáticos tanto católicos como ateos). Voy a contaros cómo es posible.
Lo primero, un poco de introducción. Ya os dije que estoy sin bautizar y que además no tengo Fe en Dios. No me gustan las etiquetas, pero como creo que la existencia de Dios no puede probarse (al igual que su no-existencia) y como pienso que Dios por definición es un concepto fuera del entendimiento humano (omnipotente, omnisciente y omnipresente, son demasiados omnia) pues me suelo definir como agnóstico. Mi padre estudió en un seminario y mi madre fue de misa todos los domingos hasta los ventitantos, por lo que no recibí ni una educación religiosa ni antirreligiosa. Siempre me dejaron elegir en lo que creer y eso ha hecho de mí una persona muy tolerante y nada fanática en cuanto a la religión se refiere. (Otra cosa son mis opiniones sobre la Iglesia).
Empecé a salir con mi mujer un miércoles y el domingo fuí a recogerla a misa. Durante los años que estuvimos saliendo nuestras creencias no fueron motivo de conflicto. Ambos pensamos que corresponden a lo más íntimo del individuo y nos respetamos mutuamente. Ni yo le dije nunca nada sobre creer en un zombi ni ella trató de salvarme del infierno. Cuando, tras cinco años de novios, decidimos casarnos yo ya sabía que ella se había resignado a no cumplir con el precepto cristiano (y con su sueño de infancia) de casarse en su iglesia. A mí esto me daba rabia, porque sabía que a ella le hacía mucha ilusión. Parece obvio ¿No?, que un católico tenga que casarse por la iglesia con otro católico.
Pues no.
Según el derecho canónico, en concreto el canon 1086, para los católicos uno de los impedimentos para el matrimonio es la disparidad de culto. Esto significa que un católico no puede casarse con un no cristiano (de mano puede casarse con otros cristianos no católicos, aunque con matices). Las razones que se dan son obvias y cada uno puede imaginárselas (y el que no se las imagine que se las lea en el enlace que puse arriba). Hasta aquí nosotros lo teníamos claro, pero resulta que un amiga de una amiga se casó con un musulmán y, tras informamos, descubrimos que existe la Dispensa por Disparidad de Culto.
Es decir, los católicos pueden pedir un permiso (dispensa) para casarse con un no bautizado. Es un documento que el católico puede pedir en su parroquia y que se gestiona en el obispado correspondiente. Básicamente, consiste en que los contrayentes asuman que:
Que la parte católica declare que está dispuesta a evitar cualquier peligro de apartarse de la fe, y prometa sinceramente que hará cuanto le sea posible para que toda la prole se bautice y se eduque en la Iglesia católica;
Que se informe en su momento al otro contrayente sobre las promesas que debe hacer la parte católica, de modo que conste que es verdaderamente consciente de la promesa y de la obligación de la parte católica;
Que ambas partes sean instruidas sobre los fines y propiedades esenciales del matrimonio, que no pueden ser excluidos por ninguno de los dos.
Naturalmente, cuando mi mujer fue a pedírselo a su cura de cabecera, éste le puso mala cara. Al fin y al cabo una de sus ovejas iba a caer en manos de un peligroso ateo, rojo, moro o alguna cosa peor. Como mi mujer me conocía bien, decidió seguir adelante. Yo debo confesar que me lleve una alegría, pues a mi lo de la boda por un lado o por otro me la sudaba, pero quería (y quiero) hacerle feliz. Como podéis ver en las condiciones, a mi no me pedían nada extraño, pues todas las obligaciones las tiene la parte católica (mi mujer). Esto fue muy importante para mí, porque yo no quería (ni quiero) tener nada que ver con la Iglesia, afortunadamente, el no bautizado lo que firma es estar al corriente de las obligaciones del bautizado (que son las que cualquiera esperaría), pero no hace ningún tipo de promesa. Esto no me supuso ningún problema porque yo ya conocía cómo vivía ella su Fe y cual era su actitud respecto a mí y a los que vengan después. Fuimos al obispado, firmamos y tan panchos. Todo el trámite me dió la sensación de que es una maniobra de la Iglesia para que, ya que no puede ganar un “cliente” (yo) al menos no pierde el otro.
La boda, pues muy parecidaa todas las demás, el matiz está en que yo no comulgué ni fui bendecido ni nada por el estilo (tampoco es tan raro, porque yo ya he estado en bodas por la iglesia entre dos bautizados sin haber misa). Yo podía haber elegido no hacer ninguna promesa, pero elegí decirlas también para que todo el mundo se diera por enterado que era la mujer de mi vida. Yo siempre digo en broma que es ella la que se casó conmigo por la iglesia y que yo me casé con ella en una iglesia (en el fondo nadie se casa por la iglesia, todos nos casamos por lo civil cuando llevamos los papeles al juzgado). De esta forma, ella pudo vivir el día más importante de su vida (hasta entonces) casi como había soñado y yo estoy orgulloso de haber contribuído a su felicidad aquel día. Porque, no nos engañemos, las bodas son para ellas, pero eso es tema de otro post…
Espero que si alguno de vosotros (o vosotras) está en nuestra situación, este post le descubra la alternativa perfecta para estos casos. Si tenéis alguna duda, preguntad y os ayudo en la medida de lo posible. Y si no estáis en el mismo caso, al menos habréis descubierto algo que seguro que ignorábais.
Curiosamente, el religioso es un tema que he tocado muy pocas veces en el blog. A lo mejor es porque no soy creyente, ni tampoco ateo (soy más bien agnóstico) y estoy sin bautizar. Todo eso me sitúa al margen de muchas polémicas en las que ni entro ni salgo. Si a alguno le interesa el tema, no tengo inconveniente en desarrollar lo que pienso.
El caso es que sólo hasta hace unos años, gracias a bodas (la mía incluída) y funerales, he asistido a misas católicas. Debo haber asistido ya a más de 20 y quizá por mi curiosidad innata y mi afición a la antropología he podido formular el que para mí es el gran misterio de la Iglesia Católica:
¿Cómo es posible que una iglesia hecha por y para hombres sea sostenida por las mujeres?
Permitidme que desarrolle esta idea. Vaya por delante que lo opino sin ninguna acritud ni animadversión, es un tema que he tratado con fervorosos creyentes y os aseguro que no hemos llegado a las manos. Creo que nadie discutirá que la Iglesia Católica no es una institución precisamente feminista. Ni apuesta por la igualdad de puertas adentro, ni, desde luego, de puertas afuera. La mujer para la Iglesia no es sólo fuente del pecado original, sino complemento supeditado al hombre. No es el primer sermón de boda que escucho en el que a la novia se le recomienda obedecer al marido mientras que al novio se le aconseja corregir a la mujer. El propio Sumo Pontífice ha recomendado en su viaje por España que la mujer “busque la realización en el hogar” y no olvidemos que es infalible. Todas estas actitudes son las que me hacen pensar que es una organización hecha por y para hombres. Básicamente porque los que cortan el bacalao son hombres y porque lo que predica favorece al hombre (y si no fijaos cómo en general vivían nuestros abuelos y cómo nuestras abuelas).
A pesar de todo esto, las iglesias están llenas de mujeres. En las salidas de misa los domingos basta echar un vistazo para ver que la mayoría es abrumadora. Es cierto que la mayoría son mayores y que alguna está acompañada por su marido, pero la mayoría es abrumadora entre los jóvenes. Clásica es ya también la imagen de las bodas llenas de mujeres mientras que los hombres tantean el bar de enfrente de la iglesia. Si la asistencia es mayoritariamente femenina, a la hora de comulgar (sacramento imprescindible y distintivo del practicante) la proporción es abrumadora. Según mi experiencia, entre los que comulgan nunca hay más de la cuarta parte de hombres, soliendo estar la cosa en torno a la décima parte. Es decir, que a pesar de las ideas que la Iglesia predica sobre la mujer, éstas constituyen su “clientela” mayoritaria y, entiendo, dan su aprobación a dichas ideas. No puedo pensar otra cosa, sabiendo que hay otras alternativas cristianas en las que la mujer juega un papel más acorde con nuestros tiempos.
Por eso he llamado a esta incongruencia el “Gran Misterio” porque las explicaciones más sencillas: tradición, conservadurismo, miedo o sus combinaciones no me convencen demasiado. Sin embargo, ya os digo que esto lo opino desde una gran distancia y que, como siempre, puede que se me escapen muchos matices. Espero vuestras opiniones…
"Esta es la pinta de las pantallas de un microscopio confocal Leica SP2. Visto así parece serious business: http://t.co/1b0RbiId"
"27°C sin aire acondicionado ya es pasarse. Menos mal que voy a la sala de los microscopios, que está climatizada."
"Mi mujer ha madrugado más que los mineros para esquivar sus barricadas. A eso si que es difícil ganarla..."