Bueno queridos, ya llevo casi un mes en Francia y he de reconocer que las cosas marchan mejor de lo que esperaba en un principio. Tengo mucho que contar y, ahora que voy asentándome y que tendré Internet en casa, prometo que os tendré al tanto. Hoy quería contaros mi odisea para encontrar piso, espero que a algunos os sirva para comparar con la situación en España y que a otros pueda daros algunas pistas si pensáis en mudaros a Francia en breve.
Antecedentes.
Trabajo a un paso de Versalles, por lo que por razones económicas y de salud, me parece lógico vivir en la localidad más cercana a mi trabajo. Económicas porque el diesel es caro, porque el bus me cuesta 1,20 € cada viaje y el tren ya ni os cuento. En cambio una bici sale muy a cuenta, esto es llano y está lleno de carril bici. Es más, los pueblos de alrededor son bastante aburridos y Versalles tiene tres estaciones de tren con conexiones variadas con París, así que la elección era clara. El problema llegó a la hora de ponerse a buscar…
El contexto inmobiliario de la región parisina.
Antes de marchar me había llamado la atención la ausencia de webs como idealista y fotocasa, cosa sorprendente dado lo útiles que son aquí. Hay dos tipos de webs de anuncios inmobiliarios: los escaparates de las agencias y las de los particulares, pero en ambos casos las fotos son escasas y las descripciones, someras. No tardé en comprender el porqué de esta ausencia: En primer lugar, la oferta y la demanda son muy parecidas (en el caso de los estudios, me atrevería a decir que la demanda es mayor que la oferta). En segundo lugar, las inmobiliarias son algo más que meros intermediarios, ya que en Francia suelen gestionar el piso por el propietario, al que garantizan los pagos mensuales y le ahorran todo trato con el inquilino. Así que no queda otra que suscribirse a alertas al mail, descifrar los anuncios por palabras y lanzarse a la jungla.
Mi experiencia.
El primer fin de semana me recorrí unas diez inmobiliarias, recopilé tarjetas y saludé a mucha gente… pero no conseguí que me propusieran ni un sólo piso. Hay que decir que la segunda pregunta que te hacen al entrar en una inmobiliaria es ¿Cuánto ganas?, la tercera es ¿Quién te paga? y la cuarta ¿Cuánto tiempo dura tu contrato?. Hacen estas preguntas porque no quieren alquilar por más de la tercera parte del sueldo y eso en mi caso me deja en el extremo pobre de la campana. Pronto descubriría cuán duro puede llegar a ser dicho extremo. Eso cuando conseguía convencerles de mi solvencia, porque generalmente me ignoraban educadamente dado que gano un sueldo español a cargo de una fundación española durante dos años. Al final del día, tras ir puliendo mi papel (soy investigador, no me pueden despedir, estoy en un proyecto francés…), conseguí que en una inmobiliaria me enseñaran un apartamento: un garaje reconvertido en estudio cuya puerta era a la vez la única ventana.
Tras ese comienzo desalentador, fui filtrando anuncios y llamando a todos los interesantes. Mejoré mi papel y conseguí que me enseñasen pisos: un cuarto sin ascensor y con escalera de caracol, otro cuarto sin ascensor en un edificio en ruinas, un piso con el WC en la habitación (sin puerta ni ostias), un micropiso, un piso con una moqueta que sería un ejercicio perfecto en unas oposiciones para CSI… Sin contar el piso que necesitaba que les enviase una copia de mi contrato de trabajo, DNI y mil historias más sólo para ir a verlo.
Mi desesperación fue en aumento. El panorama era desalentador y pronto comencé a valorar otras alternativas, a pensar en coger el coche todos los días para todo, como hacen los locales. Hasta que llegó un anuncio muy coqueto a través de la web de anuncios de particulares. Era el primer anuncio que veía en 15 días en esa web y llamé sin mucha convicción. Quedé con el propietario un sábado y nada más llegar el piso me encantó: edificio del sXVIII, cocina y baño separados, gran salón y un altillo para poner la cama. Como extra de lujo, parquet y ventanas de doble cristal (muy escasas por aquí). El problema es que el dueño había citado a otros 25 candidatos ese sábado y las mozas que había detrás de mí tenían mucha mejor pinta que yo. Así que hice de la visita pensando que había pisos decentes, pero que ese no sería para mí. Aun así rellené la hoja de datos con mi lugar de trabajo, los datos de mi contrato, mis datos personales y mil mierdas burocráticas más. El propietario me dijo que me llamaría el lunes.
Llegó el lunes, luego el martes y el miércoles por la tarde me llegó un mail diciendo que si quería el piso, sería mío. Naturalmente dije que sí, y el propietario me respondió al instante con los 8 documentos diferentes que necesitaría para hacerme el contrato. Ahí ya hubo un detalle que me gustó, el propietario es un hombre de mediana edad, con Internet en el móvil y que comprende los conceptos “pdf” y “puede comprobar la veracidad de los datos con una sencilla búsqueda en google”. Recopilé los 8 documentos, lo cual no fue sencillo, porque requirió que le pidiese a mi fundación un par de escritos echos ad hoc y que mi mujer encontrase nuestra última declaración de la renta. Quedamos el miércoles y firmamos el contrato. No me sorprendió lo que me encontré, en un país tan amante de la burocracia los documentos oficiales son como el Marca en España: están por todas partes. El contrato me pareció bien y sobre todo me encantó lo razonable del dueño. Le pregunté si yo había sido su primera opción y me dijo que no, que yo era el cuarto, lo que me convenció de la necesidad de aprovechar mi suerte. Otro punto a favor es el ahorro que tanto el dueño como yo conseguimos al no depender de una agencia. En Francia las agencias suelen cobrar un mes de alquiler anual al propietario y un mes al comenzar el alquiler al inquilino, lo que sumado a las tasas de notario, depósito de garantía y demás mierdas supone que haya que tener preparada una cantidad cuatro veces superior al alquiler mensual a la firma del contrato. El tipo por su lado me dijo que un investigador como yo le daba buena espina y que, además, los españoles que conoce son de Ley, lo cual no está nada mal.
Ahora la pesadilla ha terminado, atrás han quedado los tugurios asquerosos, las conversaciones con los agentes inmobiliarios tratando de venderles de que soy un buen candidato y muchas otras mierdas más que no os cuento para no hacer este post más largo de lo que ya es. Por delante me queda IKEA y mucho juego de muñeca para montar los muebles. Eso y equipar la cocina, porque aquí la gente alquila con el piso literalmente vacío.
Seguiremos informando.

