Esta mañana desayuné con la noticia del terremoto en Japón. Gracias a Internet, me enteré escuchando mi programa de radio preferido: “En días como hoy” dirigido por un excelente Juan Ramón Lucas en Radio Nacional de España. Como suele ser habitual en estos casos, tras un recuento de truculencias varias, contactaron con un empleado del Instituto Cervantes en Tokio para que diera su visión de lo que había ocurrido. A parte de lo que uno esperaría en estos casos, me llamó la atención la cantidad de veces que nuestro compatriota hizo referencia a Dios para explicar el hecho de que no hubiera pasado, relativamente, nada. Gracias a Dios… Si Dios quiere… eran las coletillas sobre las que este hombre apoyaba su discurso.
Ya sabéis que no soy especialmente beligerante con la cosa religiosa, es algo que no me quita el sueño, pero en este caso y teniendo Haití tan fresco, tanta mención a Dios me resultó cuando menos chocante. Por eso escribí este tuit:
El de Japón es de 8,8. El de Haití fue de 7. La diferencia no es Dios, es el dinero, el desarrollo y el conocimiento.
Así visto me resulta una obviedad bastante clara, pero resulta que a mis followers les gustó tanto que empezaron a retuitearlo profusamente. Tanto que me han llegado mensajes de robots que me dicen que ya soy un gurú de esos que crean opinión, cosa que no me creo. También me han comenzado a seguir unos cuantos de locos más. Como twitter da para tan poco, pues voy a aclarar lo que quería decir con tan poca frase:
Aun es pronto para decir nada, pero ya desde la mañana quedó claro que aunque el terremoto ha sido el peor del último siglo y medio en Japón, el número de víctimas va a ser muy reducido. A estas horas, aún contando todos los desaparecidos como muertos ( Dios no lo quiera ) no llegarían a 1000. Esa cifra tan baja no es propia de un terremoto que “Puede causar graves daños en varios cientos de kilómetros”. Desde luego, si lo comparamos con el de Haití, que fue de 7, la diferencia es abrumadora. Con 1000 veces menos de energía (cosas de la escala logarítmica de Richter), fue capaz de matar a 316.000 personas, herir a 350.000 y dejar a más de 1,5 millones de personas sin hogar (wiki). Es algo francamente impresionante y habla mucho de las tremendas diferencias que existen entre las condiciones de vida de ambos países. Por poner unos números:
Producto interior bruto: Japón: 5.390.897 M$ (3º del mundo); Haití: 6495 M$ (164º).
Índice de desarrollo humano: Japón: 0,884 (11º); Haití: 0,404 (145º).
Producción de documentos científicos 96-09: Japón: 1.341.281 (4º); Haití 249 (162º).
Naturalmente, cuando escribí el tuit no tenía presente estos datos, pero desde luego ya imaginaba que debía ser algo así. Sí tenía más presente las veces que he escuchado, leído o visto cómo en Japón se construye pensando en los terremotos, cómo los niños aprenden desde la escuela a actuar ante un terremoto e incluso me acuerdo perfectamente del terremoto de Kobe de 1995, que a pesar de haberse cargado un montón de edificios sólo causó 6434 muertes.
Dinero, desarrollo y conocimiento. Imposible decidir qué va primero, seguramente vayan los tres de la mano, pero para mí está claro que ahí está la diferencia, no es necesario meter a Dios por ninguna parte.
La descripción para El País de un professor invitado en la universidad de Tohoku del comportamiento que tuvieron sus alumnos y compañeros (link), refuerza aún más tu punto.
Personalmente, y por pura influencia cultural, tiendo a usar sin sentirlo expresiones tipo si dios quiere. Intento evitar estas expresiones de mi vocabulario para no dar una falsa impresión de religiosidad, pero casi nunca lo consigo.
Desde ayer me llevo preguntando porqué no se le daba tanto bombo a lo de Japón, me lo pregunté cuando vi el mapa de las zonas afectadas y vi una amplisima zona desde Japón hasta las costas americanas, tirando igualmente hacia los polos.
Llegó al punto que fui a enseñarle unas fotos del desastre a mi madre y no se había ni enterado de que había habido un terremoto.
Ahora ya lo veo todo claro… gracias! comparto en mi facebook
Yo utilizo la coletilla cada dos por tres y reconozco que me da rabia porque soy atea total por lo que no le encuentro sentido… son las incongruencias del lenguaje que espero corregir poco a poco XD
Estaba leyendo el post y me acordaba de un profesor mío psicólogo y su frase “la ciencia es la nueva religión”. Y tanto. Básicamente los países desarrollados han basado su supervivencia en las innovaciones y han dejado a “Dios” a un lado. En otras zonas menos desarrolladas las divinidades juegan todavía un papel fundamental, eso unido a la horrible naturaleza de algunos seres humanos pasan cosas como las de Haití. Me viene a la mente lo que leí el otro día en un libro: Napoleón le preguntó al físico Pierre-Simon LaPlace si había consultado a Dios su hipótesis sobre la predicción de la trayectoria de los astros. Éste le contestó que no le hacía falta pues había cosas que había podido comprobar por sí mismo y no necesitaba a nadie más para confirmarlo. Aquello que no había tenido tiempo ni ganas de demostrar seguiría preguntando a Dios…
Una vez más, como casi siempre, estoy de acuerdo contigo. Después del terremoto de Haití, hubo otro bastante devastador en Chile, y por el mismo motivo, porque es un país mucho más desarrollado, hubo menos víctimas mortales afortunadamente, y le dieron menos bombo informativo.
Con respecto a la muletilla de Dios, es complejo erradicarla del lenguaje.
#prayforjapan
De hecho lo grave en Japón no ha sido el terremoto, sino el tsunami y el caos nuclear. (O nucelar Lisa)