Una de las cosas que tiene salir fuera es que puedes ver tu propio país con perspectiva, que es como se ven las cosas mejor.
En España somos muy aficionados a las becas, a los becarios y a las becarias. Estamos encantados con un sistema que permite que la gente coja experiencia antes de trabajar, que permite que los recién salidos de la enseñanza tomen su primer contacto con el trabajo, pero de una forma light, para no agobiar. Una costumbre que, en definitiva, permite a los jóvenes reforzar sus capacidades y aptitudes cara a encontrar un empleo.
LOS COJONES.
Seguramente ahora voy a soltar una sarta de obviedades que ya conocerás, porque imagino que un alto porcentaje de mis lectores habrán pasado por una etapa de becario, pero no me voy a quedar callado. Se mire por donde se mire, una beca es un abuso, un insulto y una aberración que no deberíamos permitir en nuestro país. Si sobre el papel podrían defenderse (cosa que dudo) la realidad es bien distinta: las becas son mecanismos que permiten que un empresario (el Estado incluído) disponga de mano de obra barata y sin derechos. No nos engañemos, no conozco ningún caso de becario que estuviera realizando una labor significativamente diferente que los empleados equivalentes de la empresa. Joder, yo mismo pasé de investigador becario a contratado sin que mis obligaciones, horarios ni responsabilidades variasen ni un ápice. Como yo, casi toda la gente que conozco. De hecho una de las ilusiones por las que uno acepta una beca de mierda en una empresa es por si acaso al final se convierte en contrato. Muchos son atraídos a los tablones de anuncios de las facultades con esa ilusión, sin darse cuenta que esa misma beca es la que lleva ofreciéndose desde hace diez años, porque el empresario sabe que entre todos le proporcionamos un peón nuevo cada seis meses y además le agradecemos el favor.
No amigos. Para formar existen los contratos de formación, en los que deberían figurar claramente las obligaciones y los derechos del trabajador en formación, que aparte de aprender, realizará un trabajo para la empresa.
Quizá la peor variante de este sistema esclavista sean las becas de investigación. De todos es sabido que los investigadores no trabajamos y, por lo tanto, es inútil ofrecernos un trabajo real, con su contrato y todo. Es mejor darnos una ayuda, que con eso nos conformamos. A este carro se suben todas las fundaciones de las cajas de ahorros (la famosa obra social), muchas de las fundaciones de grandes empresas y algunas fundaciones filantrópicas (como la que me paga a mí). Normalmente son becas cuya única finalidad es cosmética, la empresa se gasta unos pocos € para salir en los papeles y luego hacerse la foto. Oye, que si te toca una, ni tan mal, pero dado que estamos en el país de la chapuza, la pandereta y el enchufe, las posibilidades son escasas si no conoces a nadie de antemano. En cualquier caso, creedme si os digo las becas de investigación que se ofrecen en España son UNA PUTA MIERDA PINCHADA EN UN PALO, porque cuando sales fuera te das cuenta que cobras menos y tienes menos derechos que el último mono.
En cualquiera de los casos, estamos hablando de una “retribución dineraria” que en el peor de los casos es poco más que una limosna y en el mejor se acerca a un sueldo, eso sí, sin paro, sin seguridad social pero sí con IRPF. Vamos, el tipo de cosa que a cualquier ciudadano de un país del primer mundo le pondría los pelos de punta. Y eso si cobras, porque también existen las becas por amor al arte, las pasantías y demás esclavitudes heredadas de un pasado de explotación que ya teníamos que haber superado.
Precisamente por eso creo que la única postura racional y razonable es la oposición frontal a este tipo de hábito de apariencia bondadosa y realidad perversa. Ahora es cuando diría eso de “a ver si a algún partido se le ocurre…” pero como ya soy mayor no lo voy a decir, porque se de sobra para quién gobiernan los representantes del pueblo (LOL).
Un abrazo y, si eres becario, dos.