Hoy se cumple el vigésimo aniversario del fallecimiento de Tino Casal, probablemente el cantante más injustamente olvidado del sXX. Y digo cantante por no decir artista total, porque Tino Casal era un hombre del renacimiento moderno que destacaba también como productor, pintor y escultor. Recuerdo perfectamente aquel día de septiembre, recién empezado 5º de EGB, en el que uno de los compañeros de clase (ahora actor de cierto prestigio) llegó llorando a clase y nos dijo lo que había pasado. Quedamos inmediatamente noqueados, primero porque para los niños de aquella época Tino era un icono que había salido en La Bola de Cristal y pertenecía a lo más moderno que tenía el país (que era en lo que nos fijábamos nosotros). En segundo lugar, Tino Casal era de Tudela Veguín, un pueblo del municipio de Oviedo dominado por una cementera. Eso lo convertía en nuestro particular héroe local, sobre todo porque quién más quién menos tenía contactos con Casal o su familia. Contactos, por cierto, que llevan desmintiendo desde hace 20 años esa leyenda urbana que dice que a su funeral asistió David Bowie o Boy George. En fin.
La vinculación a mi generación ha permanecido en el tiempo, especialmente a través de una canción: su megahit Eloise, canción que sonó en mi boda y en la de muchos de mis amigos. Canción que lleva sonando décadas en los bares los sábados por la noche y que sigue teniendo toda la fuerza vigente. Canción que hay que bailar sí o sí.
httpv://www.youtube.com/watch?v=-tZVHCkrmjo
Tino Casal – Eloise.
Sin embargo resulta irónico que su mayor éxito no sea original suyo (es una versión de una canción Barry Ryan), porque obvia la gran capacidad que tenía Tino para crear canciones inmortales. Todavía este fin de semana hablaba con un amigo sobre lo vigentes que siguen sus letras y sobre lo fresca que sigue sonando su música, cosa que no se puede decir de todos los de La Movida. Hace unos años salió un recopilatorio muy apropiadamente llamado Casal Vive y desde entonces yo lo tengo en el coche, en el mp3 y ahora en el móvil. En mis horas de invernadero me sigue acompañando y sigo alucinando con la vigencia de “Que digan misa” (Iglesia y costumbres sexuales), “Embrujada” (una mujer en el ocaso) o “Pánico en el Edén” (Sobre desavenencias de pareja), porque Tino no se conformaba con escribir chorradas, hablaba de temas serios y no se cortaba a la hora de exponerlos. Eso no quiere decir que todas sus letras sean reivindicativas, ni mucho menos, pero cuando menos describen una época, una forma de vivir y permiten atisbar un futuro que no fue, por culpa de la regresión que supusieron los 90. Personalmente le tengo que reconocer varios de mis versos favoritos de todos los tiempos, como “Dices que te vas, que es más alto que yo, me cambias por un Frankestein / Me dejas hecho polvo con tu sexy-ficción y crees que me voy a morir”, de su primer éxito:
httpv://www.youtube.com/watch?v=lTyEcU37-2w&
Tino Casal – Champú de huevo.
Y eso si hablamos de su música, porque si hablamos de su estética y la ponemos en su contexto, hablamos de un adelantado, de un visionario que ganó por la mano a Madonna, a Boy George y a tantos otros. Mira si no este vídeo, sacado precisamente de La Bola de Cristal (ahora hablamos de Bob Esponja, pero esto mucho más fuerte):
Tino Casal – Bailar hasta morir.
Y esto sólo destacando los éxitos más conocidos, porque si uno considera toda su discografía el resultado no sería un post, sería un blog entero. De momento me conformaré con haberle dedicado este pequeño homenaje, con la esperanza de que si alguno de vosotros no lo conoce (por la razón que sea, juventud o nacimiento) le de la oportunidad que se merece a este pedazo de crack. Muchos pensarán que está en el cielo de farra con Freddy Mercury, con el que seguro que se hubiera entendido, yo me conformo con saber que está en el corazón de muchos de nosotros.
