A vueltas con Iberia.

Seguramente muchos os lo imagináis, yo soy uno de los afectados por las huelgas de los pilotos de Iberia. Después de que AirFrance haya dejado la ruta OVD-CDG de forma incomprensible (los aviones iban bastante llenos cobrando una pasta por el billete), ahora tengo que recurrir a Iberia vía Madrid. Y me jode, obviamente.

Respecto a la huelga, pues por partes:

Motivos:

Me ha costado mucho informarme adecuadamente sobre el tema, pues la web oficial del Sepla no dice ni mu al respecto. Afortunadamente, hay una página no oficial de pilotos de Iberia donde se explica bastante bien la postura de los pilotos, puesto que la de la compañía está bastante clara. En mi opinión se resume en que los directivos de Iberia firmaron un convenio colectivo con el Sepla que jamás deberían de haber firmado y el Sepla quiere hacerlo cumplir aunque ello lleve a la compañía a la quiebra. Todo ello aderezado con el cambio del modelo de negocio del transporte aéreo (los postdocs de hace 20 años no se podían permitir un vuelo al mes… y eso que ganaban comparativamente más), British Airways dándonos el palo y las low cost transportando el 55% de los pasajeros en España. Comprendo ambas posturas y me temo que sin negociación no van (vamos) a llegar a ninguna parte.

Ejecución:

Aquí ya me tocan un poco más el alma los amigos pilotos. Para empezar, han elegido todos los lunes y viernes de aquí a Julio. Está claro que cuando un avión no vuela, un pasajero se queda en tierra o ve muy perturbada su jornada. Sus razones tendrán para elegir esos días, pero haciéndolo así a quienes más afectan son a los trabajadores como yo que aprovechamos el fin de semana para ver a nuestras familias. Entiendo que se quiera presionar a la compañía, pero imagino que el mismo efecto ocurriría haciendo la huelga un martes, un miércoles y un jueves. A mi si me dejan sin asistir a una reunión, me jode, pero ni de lejos como que me toquen el descanso. Como en el caso de los controladores hace un año y pico, creo que no es inteligente por su parte perder la solidaridad de otros trabajadores. Por otro lado, los vuelos anulados sólo se confirman con una semana de antelación (ignoro las razones), lo cual para los plazos que estamos acostumbrados a manejar en el negocio aéreo es realmente poco. Finalmente, pues qué queréis que os diga, desde que tengo uso de razón oigo lo de las huelgas de los pilotos de Iberia y las he sufrido en mis carnes. Y por mucho que uno se esfuerce en comprender y en ponerse en el lugar del otro, pues como que poco a poco se va cansando.

Ahora podría reflexionar sobre lo extraño que me resulta ver cómo algunos tengan a los del Sepla como sus héroes particulares, cómo se idolatra a los pilotos (que lo merecen) mientras que nadie comenta nada de las docenas de profesiones que tienen también vidas en sus manos y por las que nadie da un duro o cómo hay gente que piensa que volar es de ricos. Pero no lo voy a hacer.

En lugar de ello, voy a daros mi opinión sobre Iberia. Veréis, independientemente de la huelga, Iberia hace años que se va al carajo. Yo la tengo entre mis compañías a evitar a la hora de volar, por su servicio de mala calidad a precio de compañía de verdad. Ignoro las razones últimas, pero hoy por hoy es pura fantasía equiparar a Iberia con compañías equivalentes como Air France o British Airways e incluso con compañías teóricamente inferiores como Air Berlín. Es una pena, pero si puedo elegir, no elijo Iberia. Después de volar mucho con Air France me he acostumbrado a la puntualidad, a la amabilidad del personal de cabina y a los pequeños detalles que hacen a una compañía grande. Os pongo dos ejemplos rápidos: Air France envía un mail de disculpas después de cada retraso explicando los motivos del mismo, además de las explicaciones que se dan durante el vuelo. Por otro lado, las azafatas (y los azafatos) de Air France tienen ese plus extra de amabilidad que hace que apetezca volar, ejemplos tengo a patadas, pero sin ir más lejos, el finde pasado no me cabía la mochila en el portaequipajes y la azafata me indicó que la llevaría a uno muy alejado de mi asiento. En cuanto vió mi ademán de ponerme a sacar el kindle y los cascos me dijo que no me preocupase, que me la traería tras el despegue y así lo hizo. Estas cosas no se ven en Iberia. Desgraciadamente, no soy el único que lo nota, las reseñas en AirlineQuality no la dejan en buen lugar (3,3 puntos sobre 10, comparados con los 5,3 de Airfrance, los 6 de Lufthansa, los 6,2 de Air Berlin e incluso los 3,6 de Air Europa). Dicho de otra forma, Iberia ni por precio ni por servicio. Creo que sería muy bueno que tanto los directivos de Iberia como los propios empleados reflexionasen sobre las razones que hacen que los pasajeros tengamos esa opinión tan negativa de la compañía, porque estoy seguro que todas las partes tienen su alícuota de culpa. Si no toman medidas, en breve nos quedaremos sin la ex-compañía estatal. Lo cual no tiene por qué ser estrictamente malo, otras ocuparán su lugar…

Mientras tanto, pues yo seguiré buscándome las combinaciones para volver a casa, procuraré permanecer zen cuando me retrasen un avión (tarea complicada) y le rezaré a quién sea para que vuelva a haber vuelos desde OVD a PAR (Vueling va a volar, pero sólo tres veces por semana). De momento, el Lunes de Pascua me libro…

Red Dead Redemption.

Acabo de terminar uno de los mejores juegos a los que he jugado en la Play: el Red Dead Redemption. Básicamente es una mezcla de historia principal, misiones secundarias, minijuegos entretenidos, tiros, poker… Hasta aquí nada muy original. Entonces, ¿Que tiene para haberme gustado tanto? La libertad. No se cómo explicarlo, pero a diferencia de otros juegos, el RDR da sensación de que tienes absoluta libertad para hacer las cosas. Ojo, no es un juego de rol, por lo que jamás tomas decisiones, hablo de libertad en el sentido de que puedes elegir cómo va a ser tu sesión de juego. La mía típica podría  resumirse en: hacer una misión de la historia principal, salir de caza por el oeste, ver un rebaño de caballos, domar uno y quedárselo, cabalgar hacia la puesta del sol, desfacer un entuerto (o dos) y acabar jugando al póker en un garito de mala muerte. Claro, todo esto sobre el papel mola, pero cuando le metes una producción de calidad, pues lo flipas. Vaya puestas de sol, vaya paisajes y vaya voces. El juego no está traducido… y es genial. Sí, hablan en inglés, lo cual no es sorprendente ni tampoco reseñable, pero cuando llegas a México, ay cuando llegas a México, ahí te das cuenta de que es todo un acierto que no lo hayan traducido. ¡Qué delicia oír eso de pinche pendejo con el acento que corresponde! Y qué gozada cuando un mismo personaje habla en inglés y en español.

En fin, por estas razones que os cuento  te llegas a meter en la piel de un héroe solitario, sarcástico y egoísta, el clásico neutral puro al que se le coge cariño. Tanto cariño le cogí, que después de meterle más de 40h al juego, coleccionando trofeos a más no poder, que el final me ha pillado a contrapié, tanto que hasta se me ha escapado una lágrima. Teniendo en cuenta que me costó 14€, no se puede pedir más. Bueno sí, el multijugador que tiene, que también es una gozada :-) . Muy recomendable.

La Bande Dessinée

Bande Dessinée es como se dice en francés cómic. Una de las cosas que más me está llamando la atención desde que estoy aquí es la tremenda cultura del cómic que tienen los francófonos (para incluir a los belgas). Son lectores ávidos de cómics y los producen en gran cantidad y con gran calidad. Apenas traducen series extranjeras y no me parece que los cómics tipo Marvel y DC tengan mucho aficionado por aquí. Es impresionante la cantidad de tiendas de cómics que hay en París y cada pequeña ciudad de Francia tiene la suya (hasta la muy católica y conservadora Versalles). Curiosamente, yo soy un aficionado tardío, ya os comenté que el 2010 fue el año de mi redescubrimiento del cómic y he tenido la suerte de que en el trabajo tengo una “comicteca” a mi disposición. Os lo explico:

En mi centro hay una asociación de trabajadores (nada que ver con un sindicato) que gestiona todo tipo de actividades de ocio y culturales. Una de ellas es mantener una mediateca con DVDs, CDs, cómics y libros. Esta mediateca se mantiene gracias a las aportaciones de los socios y está situada en un local cedido por el centro. En el caso de los cómics, los martes de 12:30 a 13:30 hay dos o tres voluntarios gestionando los préstamos. Por 0,20€, se puede sacar un cómic una semana y no hay límite al número de ejemplares que se pueden sacar. Aunque veinte céntimos parecen pocos, la recaudación semanal es de entre 20-30€, lo que da de sobra para mantener un flujo constante de novedades.

¿Y qué cómics leo? Pues esa es otra agradable sorpresa: la variedad de temas que cubren los cómics franceses es impresionante. Los hay históricos, de Ci-Fi, bélicos, fantasía, actualidad, misterio… Teniendo en cuenta que me saco media docena por semana, os podréis imaginar que he tenido tiempo de disfrutar de verdaderas maravillas. Maravillas como Black Op, una historia clásica de espías a tres bandas entre la CIA, la KGB y la mafia rusa. Me encantó Le Grand Duc, una serie sobre la batalla aérea durante la Operación Barbaroja, con aviones dibujados con un detalle impresionante. Mola Hauteville House, una serie steampunk-fantasía sobre agentes republicanos que luchan contra Napoleón III. En plan histórico están guay también El Tercer Testamento y El Escorpión, ambas traducidas al español. Por cierto, que me muero de ganas por que salga la segunda parte de La Mort de Staline, sobre la muerte del líder soviético y todas las intrigas políticas que se formaron. Naturalmente, he leído toda la Saga del Incal, con sus secuelas y precuelas, una paranoia Ci-Fi dibujada por Moebius y con guión de Jodorowsky. Pero si tengo que elegir mi cómic favorito, lo tengo claro: Les Mondes de Aldebarán. Ciencia Ficción con Mayúsculas amigos, personajes entrañables, fantasía a raudales, situaciones emocionantes y tetas a lo largo de 18 álbumes. No creo que se pueda pedir más.

Sin duda alguna, la comicteca es algo que voy a echar mucho de menos cuando vuelva a España. Aunque claro, siempre se puede montar un club de lectura sin ánimo de lucro… si la SGAE lo permite, claro.

Año y pico de Kindle.

Como ya sabréis, los Reyes Magos me trajeron el Kindle 3 el año pasado. Es un buen momento para ver cómo me ha cambiado mis hábitos de lectura y de repasar un poco los pros y los contras.

Lo primero es lo primero: ¿Cuántos libros he leído este año en el Kindle? Pues así a ojo habré leído dos docenas. Desde luego es más de lo que venía leyendo hasta ahora, pero no es culpa del Kindle, más bien son las horas de tren, avión y lavandería que me meto ahora y que no me metía antes. Aunque, pensándolo bien, sí que el Kindle tiene algo de mérito, porque su tamaño y peso facilitan que me lo lleve en esas ocasiones, cosa que no  siempre es posible con un libro.

¿Echo de menos el papel? Yo era uno de esos nostálgicos del libro físico y el papel y todas esas cosas. Os puedo asegurar que no me arrepiento nada de que en mi casa de Versalles no haya ni un sólo libro (especialmente si pienso en la futura mudanza). Es más, estoy considerando seriamente el deshacerme de las dos estanterías llenas de novelas que tengo en Oviedo. Un libro una vez disfrutado pasa a ocupar un espacio físico de lo más estúpido, sobre todo si no te ha gustado mucho. La única razón por la que me gusta tener un libro físico es para poder dejárselo a alguien, algo que con un ebook es más bien sencillo. Me temo que a partir de ahora sólo compraré esas preciosidades de Taschen, que además tienen un precio excelente.

¿Pirateo? Si. ¿Compra? También. Aunque a grandes rasgos sigo las pautas que escribí hace un año la verdad es que se puede decir que hago lo necesario para leer lo que quiero. Hace meses conseguí una colección espectacular con mil y pico libros y voy tirando de ahí. Eso no quiere decir que no compre, de las dos docenas de libros que he leído he comprado 4. Todos en la tienda Amazon y desde el propio Kindle. En  tres de los cuatro casos consecuencia de haber bajado el primer capítulo gratis desde la propia tienda. El cuarto caso fue comprar la secuela tras haber leído por la patilla la primera parte. Curiosamente, es una proporción similar a la de Zrubavel y estoy seguro de que Amazon ha contado con ello a la hora del diseño del aparato, vale más vender cuatro libros en un año que no vender ninguno. En cualquier caso, atrás quedaron aquellos tiempos de querer leer un libro y tener que esperar horas, días, meses o años hasta encontrarlo. Suena exagerado, pero todo lo que he buscado lo he terminado por encontrar (obviamente tampoco que es busque textos oscuros de autores olvidados).

¿Han cambiado mis hábitos de lectura? Sí, desde luego. Antes de tener el Kindle no dejaba un libro a medias, sencillamente no soportaba la idea de abandonar a medio camino algo por lo que había pagado. Ahora es más sencillo, si el libro está pirateado y no me gusta, a otra cosa mariposa. Si entro en Amazon, leo el primer capítulo y me gusta compro. Y ¡Qué narices! No veas qué descanso poder librarse sin remordimientos de la cantidad de mierdas que se pueden llegar a publicar y que te pueden llegar a recomendar (mención especial para “Diario de una Ninfómana” de Valerie Tasso). Es toda una alegría saber que el tiempo que vas a invertir en leer va a ser para leer lo que realmente te apetece.

Detalles agradables de tener el Kindle: se puede leer con una sola mano (ideal en invierno). Si te retrasan el avión y estás acabando un libro no te pones nervioso porque sabes que tienes un montón más a mano y su enorme autonomía. Tiene cierta capacidad de resistencia a los elementos (especialmente la humedad de la ropa recién lavada).

Detalles desagradables: Olvidar que, a pesar de tener una gran autonomía, necesita recargarse de vez en cuando. Tener que tenerlo apagado durante el despegue y el aterrizaje. Que si lo llevas en el bolso exterior de la mochila con -10ºC no funcione bien hasta que no entre en calor (esto es verídico y me metió un susto de impresión hace un mes).

¿A quién quieres más: a Jobs o a Gates? Yo a Jeff Bezos.

Sony no quiere mi dinero.

Por mucho que París mole un huevo, a -10 ºC es complicado disfrutar de todo lo que puede ofrecer, así que mi mujer y yo decidimos plegar velas pronto y volver para casa a ver una peli. Tengo el disco duro bien surtido, pero por una razón u otra no encontramos ninguna de nuestro agrado, así que se nos ocurrió probar con la PS3.

Hace un año y pico ya habíamos alquilado una peli en la play, un día de lluvia atroz en el que no me apeteció ir al videoclub y desde entonces no había vuelto a mirar para la zona de películas de la Store. La sorpresa fue hoy cuando me di cuenta de que no aparecía la  sección de vídeo al entrar en la Play Station Store. Después de recorrer todos los menús y las opciones una búsqueda en Internet dió con la clave: mi cuenta Play Station Network está asociada a España, por lo que no puedo alquilar películas fuera de la piel de toro. Raro ¿Verdad? Puedo comprar videojuegos sin problemas, pero no películas. No problemo, me dije, me creo una cuenta en Francia y alquilo películas aquí. Al hacerme la cuenta ya empezamos a mosquearnos, pues si se selecciona como país Francia, sólo se puede seleccionar como idioma el Francés. Nuestras sospechas se confirmaron nada más meternos en la Store. Efectivamente, con la cuenta francesa sólo pueden verse películas en francés. ¿Pero qué me estás contando Sony?

Fijaos la locura de la situación: estábamos dispuestos a pagar 4€ por ver una peli en SD, por la comodidad que supone frente a encender el ordenador y ponerse a bajar y a cambio Sony, por vaya Vd. a saber qué extrañas razones, nos roba media hora de tiempo y nos obliga a ver películas es francés. Acojonante, sin duda alguna. Hemos estado un rato pensando el razonamiento que pueda haber detrás de impedir elegir el idioma en el que quieres ver una película, pero no hemos llegado a ninguna conclusión lógica. Bueno, si, mandar a Sony a la mierda, encender el ordenador y descargarnos Willow en 12 minutos.

Moralmente algo dentro de mi me pide pagar, aunque sea un poco, a cambio de recibir algo, pero esta necesidad moral entra en conflicto con mi comodidad y mi sentido del precio justo. No me considero exigente, por ejemplo Spotify se lleva 10€ al mes y yo jamás he disfrutado más en mi vida de la música, pero forzarme a ver una peli en francés en SD por 4€ esta muy por encima de lo que considero razonable. Sobre todo teniendo en cuenta que por 1€ más la veo en el cine y con el parche en el ojo la veo en HD y en el idioma que me salga del pijo…