Cocinillas: Panga a la Jamie Oliver.

Introducción.

Generalmente se suele decir que el pescado no gusta mucho a la gente. Yo tengo la teoría de que en el pescado somos muy monótonos y tiramos de las consabidas merluza (o sucedáneos) a la romana o en salsa verde, el lenguado y similares y las sardinas. Yo, que me gusta el pescado, comprendo que tiene una serie de hándicaps que lo hacen poco agradable a algunas personas, por ejemplo las espinas. Afortunadamente, en tu supermercado de confianza puedes encontrar los filetes de panga, que no tienen espinas y que saben muy ricos, suaves y con una textura que se adapta a muchos tratamientos.

Yo soy un fan del canal de cocina y me gusta mucho el estilo de Jamie Oliver. No es que apunte recetas ni nada, saco ideas, aprendo detalles y procuro incorporar algunos detalles de cada cocinero. A fuerza de ver cómo trabajan, voy mejorando mi técnica. Una de las cosas que le he visto hacer a Jamie es mezclar chorizo español con salsa de soja. Básicamente, es lo que le he hecho a la panga.

Materiales (1 persona):

  • Filete de panga.
  • Unas lonchas de jamón, lomo, chorizo…
  • Salsa de soja.
  • Una pizca de genjibre en polvo.
  • Media guindilla (si gusta que pique).

Métodos:

Se corta el filete en tiras transversales de ~2 cm de ancho. Se les añade el genjibre y la guindilla muy picada. Se cora el embutido en tiras también pero más finas para que queden crujientes. En una sartén se pone un poco de aceite y se fríe el pescado al punto de cada cual junto con el embutido. Un poco antes de que esté listo se añade la salsa de soja (un buen chorro) y se deja que hierva unos segundos para que se reduzca un poco.

Resultados:

Panga a la Jamie Oliver.

Faltan los palillos.

Discusión:

El sabor del embutido contrasta mucho con la soja y le dan mucha vidilla al pescado, que se queda en un segundo plano muy discreto. Para el tiempo que lleva, 5 minutos como mucho, el resultado es espectacular. Para mayor impacto, en algunos supermercados se pueden encontrar unos molinillos con mezclas de especias muy chulos (los tengo todos), en este caso la mezcla Thai le queda de luxe.

En carnaval, botillo.

Como todos los años, en carnaval toca ir a casa de mis abuelos paternos a comer el siguiente menú:

botillo

Esto era al empezar, al acabar sólo quedaban huesos.

A saber:

  1. Repollo.
  2. Cachelos.
  3. Chorizo escaldado.
  4. Botillo.

Si tenéis curiosidad, podéis ver la categoría de la wikipedia sobre la gastronomía de El Bierzo. Todos sabréis cómo son el repollo y el chorizo escaldado, así que no comentaré nada. Los cachelos son patatas blancas (no vale cualquiera), escachadas (es decir, no cortadas del todo, sino cortadas hasta un punto y luego desgarradas) y cocidas. He de decir que es mi acompañamiento favorito en lo que a patatas se refiere, las prefiero a las fritas. El botillo es un embutido grande hecho con costilla de cerdo, rabo, espinazo o lengua adobados metidos en el ciego (intestino grueso). Es ahumado y semicurado, no como el chosco asturiano, que está más curado. Por eso el botillo se come cocido.

Su preparación no tiene misterio, una media hora en olla rápida y a correr. Obviamente, cada componente de este menú se cuece por su lado, porque no hay nada más asqueroso que las patatas engrasadas por lo que suelta el embutido. Ni que decir tiene que es plato contundente, muy al estilo del norte, aunque he de señalar que en Año Nuevo lo comemos igual y estamos todos vivos.

¿La dificultad? Encontrar el botillo fuera del área norte de nuestra piel de toro. Eso sí, queridos amigos y amigas, si tenéis algún día la oportunidad de probarlo, no lo dudéis.

Barritas

Aviso: Esto NO es un post patrocinado.

Como casi todo el mundo que trabaje por las mañanas, suelo recargar energías sobre las 11:30. Como no tomo café ni bajo al bar, recurro a lo que podríamos llamar snacks. Desde hace unos años, me limito a las consabidas barritas de cereales.

Después de comer cientos de estas barritas y haber probado muchísimas marcas, sabores y tipos, puedo afirmar que las mejores del mercado son las Nature Valley.

Almendra tostada, Plátano y nuez y Avena y miel. Falta la de manzana.

Razones:

  1. Sabor auténtico. Nada de historias raras. Cereal a palo seco y el añadido que toque. Sin siropes ni chocoloates.
  2. Bajo contenido en sal y azúcar. Y se nota.
  3. Buena resistencia al calor y a los golpes. Ideales para la mochila o el bolso.
  4. Excelente relación calidad-precio.

Y alguno dirá ¿Por qué haces este post? Pues porque a todo el mundo que me las prueba le encantan y quiero contribuir a haceros la media mañana más feliz. Así de guay soy.

Cocinillas: Hoy, puré de calabaza.

Llega el otoño y hay que ir adaptando las recetas a los productos propios de esta época del año. Hoy os propongo una receta deliciosa, económica y muy vistosa, aprovechando una hortaliza a la que no se le suele prestar mucha atención: la calabaza (Cucurbita maxima). Esta receta sirve para comer un día y guardar el resto, pues recalentada no pierde nada de su atractivo. A modo de curiosidad, decir que la calabaza es una planta originaria de América, como la mayoría de las que comemos actualmente (Patatas, Tomates, Pimientos).

Ingredientes:

  • Una calabaza de ~1Kg.
  • Un par de patatas (Solanum tuberosum).
  • Un tomate (Solanum lycopersicum).
  • Una zanahoria (Daucus carota). De hecho, el único ingrediente euroasiático de esta receta.
  • Materia grasa [Opcional]: Queso graso (Emmental, por ejemplo), Quesitos o Nata (La odio, pero se puede usar también).
  • Jengibre (Zingiber officinale). Yo lo tengo en polvo, no es imprescindible, pero ayuda.
  • Canela (Cinnamomum verum). También en polvo. Esta seguro que la tienes.
  • Sal (NaCl).

Preparación:

  1. Pelar, lavar y cortar la calabaza, las patatas y la zanahoria en trozos de no más de 5cm de lado (si las pones enteras, la cocción no será homogénea).
  2. Colocar los trozos en una olla (rápida, express o normal). Colocar el tomate (sin el culo) encima. Cocer (el tiempo varía en función de tu olla. Yo recomendaría usar el tiempo necesario para cocer las patatas, que es lo más duro, en la mía con 15 minutos va de luxe. No te olvides de añadir un vaso de agua (si quieres que sea más líquido, añade más agua).
  3. Una vez cocido, coger el tomate y quitarle la piel (que es dura, como bien sabemos los que nos acordamos de los Ginsu).
  4. Añadir la materia grasa (o no), aquí va a gusto de cada cual, el puré vegetariano está muy bien, pero tres quesitos le dan una cremosidad extra e incrementan sus calorías. Esto hay que hacerlo mientras están las verduras calientes (para que el queso se funda).
  5. Añadir el jengibre, la canela y la sal.
  6. Hacer puré. A pesar de la tendencia actual, a mí me gustan los purés finos, así que máxima velocidad un buen rato con mi minipimer.
  7. Disfrutar.

Con esta receta salen cinco raciones de delicioso puré por menos de 1€ cada una. Ideal para primer plato o para una cena rápida partiendo de la nevera. Por cierto, antes de meter el taper en la nevera, hay que dejarlo enfriar…

El color, espectacular.

Post escriptum científico: El color naranja de este plato se debe a los carotenoides de la calabaza (beta-caroteno), la zanahoria (beta-caroteno) y el tomate (licopeno). Los carotenoides son un tipo de compuestos orgánicos (carbono e hidrógeno sin más) derivados del terpeno responsables de los colores amarillo-rojizos de las plantas. Los animales no somos capaces de sintetizarlos, así que debemos tomarlos en la dieta. La vitamina A (retinol, indispensable para la visión), es un compuesto derivado del beta-caroteno, de ahí la sabiduría popular de que las zanahorias son buenas para la vista.

Consejo cara a las vacaciones.

El lunes me las piro para el Algarve, en busca de descanso, sol y playa.

Como todos los años, ayer fui a mi supermercado de confianza a encargar embutidos. Al encargarlos, pido que los corten y los envasen en paquetes de 250g al vacío. En total, 3Kg de longanizas españolas variadas. Por menos de 30€, tenemos solucionadas varias comidas, con sólo comprar pan (o pillarlo en el buffet del desayuno). Así nos funcionó en París y en Londres, y este año no es una excepción.

La razón es sencilla: conseguir comida en una playa o en el centro de una ciudad puede ser complicado, lento, tortuoso y, sobre todo, caro. Si te llevas el embutido como apoyo, siempre tienes un plan A. De esta forma, puedes reservar el presupuesto para restaurantes o actividades que merezcan la pena y no desperdiciarlo en el chiringuito o Fast Food de turno. Al fin y al cabo, el menú BigMac vale bastante más que una chapata de jamón ibérico y no son comparables.

Cuando el sueldo es limitado, hay que administrarse, que no por no ser ricos vamos a ser miserables…