Menos es más.

Ojo, este NO es un post patrocinado.

Desde hace un año más o menos hay en mi supermercado de confianza un brebaje para diluir con el nombre de menos es más (- es +). Lo venden como lo último en ecología y conciencia social y tiene pinta de refresco gafapástico. Yo, que soy curioso por naturaleza, lo quise probar desde el principio, pero la que manda no me lo permitía, pues su recuerdo del “hágalo Vd. mismo” se reduce al mítico Tang y claro, eso marca. El caso es que antes del verano la convencí para aprovechar una oferta y nos pillamos el Ice Tea al Limón, porque no me gustan ni los refrescos de naranja ni de limón (que son los otros dos sabores).

El produto de marras.

En el pack vienen dos botellitas, cada una para preparar 2L de refresco. Y ahí empiezan las ventajas. En lugar de cargar con 4kg, cargas con menos de medio kilo, que parece una tontería pero se nota. Pero lo mejor es el sabor. A mí el te frío me gusta mucho, pero el que se hace uno en casa (o el Té freddo que te puedes tomar en Italia). Tanto el Lipton como el Nestea me saben muy aguados. En este caso, aun diluyendo al volumen recomendado no queda tan aguado y me gusta más. Como el agua la pone uno mismo, supongo que cada uno podrá añadir más o menos para dar con el punto de su agrado. Como consecuencia de no llevar agua, el precio también es mucho mejor que sus competidores, más o menos la mitad de precio por litro. Y es que es un concepto bastante lógico, no me parece que haga falta darle el toque ecológico-buenrrollista para darse cuenta de que es un poco tonto pagar por agua del grifo. Sobre todo sabiendo que la mayor parte de los refrescos se hacen a partir de concentrados rebajados con agua a las afueras de tu ciudad (como es el caso de Oviedo, que tiene la embotelladora de Coca-Cola en Colloto)..

No parece que lo esté petando y a lo mejor es porque la gente no se ha atrevido a probarlo. Si te gusta el Nestea, yo creo que te merece la pena darle una oportunidad.

¿Kiwi? Desde luego, pero Español.

Voy a dejar un momento de lado el fumbo (la porra sigue activa en la barra de la derecha =>) y voy a hablaros de una fruta. Lo he dicho varias veces, pero soy un frugívoro convencido. Me encanta la fruta y consumo varios kgs a la semana, lo que me supone un gasto de >12 en fruta (la verdura a aparte) a la semana, debido a que compro cantidad y calidad. Os digo esto porque quiero dejar claro que no soy de esos que comen fruta casi por prescripción médica, yo lo hago por placer.

El kiwi es el fruto de la Actinida deliciosa una enredadera China cultivada por sus frutos desde hace milenios, pero que sólo se ha cultivado a gran escala desde principios del sXX en Nueva Zelanda. A los neozelandeses les debemos la creación de la fruta tal y como las conocemo ahora, pues la original china era del tamaño de la uva. Ese inicio privilegiado les colocó a la cabeza de la producción mundial y hoy en día sigue siendo una prominente industria en el país, siendo los segundos mayores productores de Kiwi, por detrás de Italia. El kiwi también se cultiva en Francia, Chile, y en  otros países. En España se cultivan 900 hectáreas que producen 10000 toneladas al año, alrededor de la mitad se encuentran en Galicia y el resto en la cornisa Cantábrica (fuente). A pesar de esto, la idea de que el kiwi sólo procede de Nueva Zelanda sigue bastante extendida y eso es debido a que se exporta bajo la misma marca (Zespri), que estoy seguro que reconocerás:

Los neozelandeses se gastan una pasta en la promoción de su fruta y la última campaña es ese anuncio Labandesco tan molón. Supongo que les va bien, porque en mi frutería de confianza y en los supermercados que frecuento suele haber un suministro bastante constante de cajas Zespri, supongo que para satisfacer la demanda de las mujeres de mediana edad a dieta, que por alguna razón han hecho del “Kiwi y un yogur” su santo y seña contra la grasa. Otro día hablamos de semejante chorrada.

Yo ya os digo que me encanta la fruta y el kiwi no es una excepción. Sin embargo, nunca compro kiwi Zespri. Eso se debe a dos razones fundamentales, una consecuencia de la otra.

Antípodas ¿Te suena?

Sí amigos y amigas, Nueva Zelanda está en nuestras antípodas. Es decir, al otro lado del mundo. Eso significa que el kiwi viaja unos 20.000 km desde la Tierra Media a nuestra Piel de Toro. Conceptualmente me parece una aberración que un producto perecedero viaje tantísimos kms, tanto por el gasto en transporte  como por el tiempo que permanece en cámaras frigoríficas. De hecho, en zespri son conscientes de que esa es una desventaja para su producto y se encargan de explicar al potencial cliente todo el proceso con su cálculo de huella de carbono y todo. A mí desde luego no hace más que darme argumentos para no comprar su producto.

Sabor

El kiwi neozelandés puede saber increíblemente en Nueva Zelanda, pero en España tras todo el viaje es un producto de calidad regular. Está duro, es verde intenso (por dentro), es bastante ácido y tiene un sabor bastante plano. Por el contrario, un kiwi en óptimo estado de maduración es una fruta tierna, verde-amarillenta, dulce y muy rica en matices y fragancias. ¿Cómo lo se? Pues porque cuando pruebas un kiwi cultivado a docenas-cientos de km de tu casa, recogido hace menos de una semana, te cambian todos los esquemas. Es verdad que son variedades que aguantan menos en la nevera y que hay que comprar con la idea de consumirlas en breve periodo de tiempo, porque maduran mucho más rápido que sus primas del sur, pero es precisamente ese proceso natural y deseable el que las hace superiores en cualidades organolépticas. Ojo, que como la mayoría de la gente está acostumbrada al kiwi de allende los mares, ha desarrollado un ideal de kiwi perfecto equivocado, en el que el kiwi nacional no encaja. Creedme que merece la pena darle una oportunidad.

Pero todavía hay otro par de detalles más. El precio del kiwi nacional (o el europeo) es mucho menor que el neozelandés, de hecho la semana pasada compré a 1€ el Kg kiwis de Pravia (Asturias). Es decir, en este caso, el producto bueno es además el producto barato y es algo que hay que aprovechar. Además, me consta que los productores de kiwi españoles, a pesar de ser un colectivo pequeño y modesto, son gente interesada en el I+D y suelen tener siempre en marcha varios proyectos de investigación en colaboración con Universidades, algo que yo les tengo mucho en cuenta, porque es la excepción y no la regla con las empresas españolas.

Naturalmente, compra los kiwis que te apetezcan, pero si te hago pensártelo dos veces la próxima vez que tengas que elegir entre kiwis, habré cumplido el objetivo de este post…

Mis pantalones favoritos.

Os presento a mis pantalones favoritos:

G-Star RAW “Shortcut Deckpant” de 1998 sobre alfombra de Ikea.

Os voy a razonar por qué me gustan tanto, que ya sabéis que si no argumento no soy yo.

  1. Durabilidad. Me los compró mi madre en las rebajas de invierno de 1998. Sí amigos, tienen la friolera de 12 años. Han pasado conmigo la mitad de COU, una carrera, un doctorado y tres años de matrimonio. Y siguen estando impecables. Sólo la parte de abajo tiene algún signo de desgaste, equiparable a lo que les pasa a los de Zara o Springfield (donde compro el 90% de mis pantalones) a los cuatro meses. Como son de entretiempo, calculo que los habré puesto una vez a la semana durante ocho meses en los últimos 12 años, vamos unos cuantos cientos de veces. Teniendo en cuenta que costaron 13000 ptas (una pasta para su época, ciertamente), su precio por año ha sido más que razonable. Y sigue bajando.
  2. Diseño. Como veis, son de color gris sin ningún tipo de desgaste, mancha ni otras mierdas que llevan otros pantalones. La pernera es completamente cuadrada, lo que acentúa la sencillez de su diseño, pero además lleva unas costuras en las rodillas para adaptar mejor la forma a la pierna. En mi caso, con las piernas torcidas como tengo, es un plus porque disimula el defecto perfectamente. Hoy en día es más común, pero en 1998 era novedad absoluta. Además, como son de tiro normal (no como el 80% de lo que se vende hoy), mi masculinidad no se ve oprimida y disfruta del Lebensraum que requiere y merece. Además son de talla 32 /32, lo que me viene muy bien porque soy de piernas cortas y casi todos los vaqueros de 32 de cintura son de 34 de largo, por lo que tengo que arreglarlos.
  3. Cariño. Obviamente, después de todos estos años, les tengo un cariño muy especial. Estos pantalones han visto como muchos compañeros disfrutaban de su momento de gloria nuevecitos para luego ir acabando poco a poco en las partes más profundas de las perchas pantaloneras a medida que el tiempo los mellaba. Mis favoritos no.  Ahí siguen, siendo una prenda clave en mi armario y ocupando una percha para ellos solitos, que después de tanto tiempo se la han ganado. También hay otro factor que me hace apreciarlos más y es la sensación de “Ya no se hacen pantalones así” que tengo cada vez que voy a una tienda y veo los G-Star actuales. Muy monos y muy caros, sí, pero ni de lejos con la calidad de los míos. Y eso mola.

Sólo espero seguir poniéndolos otros 12 años más.