Ronaldo, un placer.

Hoy es un día un poco triste para mí. Desde mi exilio Francés me he enterado que uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, Ronaldo Nazario da Lima se retira. No quería dejar de rendirle homenaje, porque creo que es el primer jugador mítico cuya carrera he seguido desde el principio. Tengo el recuerdo de verlo en el PCFútbol jugando en el PSV, complementado con alguna jugada que se colaba en algún programa de TV. Tengo el recuerdo de su fichaje por el Barça, cuando decían que nos haría olvidar a nuestro brasileño mágico (Romario). Recuerdo aquella temporada IMPRESIONANTE con mi equipo del alma (47 goles en 49 partidos), en la que marcó el golazo al Compos y demostró que era un tío que combinaba potencia y calidad. Recuerdo su fichaje por el Inter. También su affaire extraño en la final del Mundial 98, con todos los rumores e historias. Luego sus lesiones y su resurgimiento en el Mundial 2002, el que le debía la historia y el que merecía como uno de los grandes. También su llegada a Madrid, que aunque sea mi antagonista, nunca me hizo perder el afecto y cariño que siento hacia un tipo genial y bonachón. Más recientemente, me he seguido solidarizando con su declive y esas historias mierder que todo gran jugador tiene en su ocaso.

Pensándolo bien, tiene que ser una putada haber llegado a lo más alto antes de los 30 y saber que el resto de tu vida va a ser cuesta abajo. En cualquier caso, siempre tendrá el recuerdo y el afecto no sólo míos, sino que imagino de cualquier amante del buen fútbol. Eso y las imágenes, que valen más que mil palabras.

httpv://www.youtube.com/watch?v=7qs0X-kpVEg

Algunas jugadas te van a hacer saltar de la silla.

Un placer Ronaldo. Muchas gracias y buena suerte.

P.S. Estoy bien, lo que pasa es que no tengo Internet en casa y llevo posponiendo demasiado tiempo mis crónicas versallescas. Espero solucionarlo en breve. Permanezcan a la espera.

El Chino.

La primera y más clara diferencia entre los blancos y los asiáticos a nivel facial es la forma de los ojos. Los asiáticos tienen los ojos rasgados, porque carecen de pliegue palpebral, una doblez que se nos forma a los blancos en el párpado superior y que hace que sus ojos parezcan más simples. La ausencia de este pliegue no es exclusiva de los asiáticos, pues también aparece en individuos de otras razas, ya sea asociada a determinadas condiciones (trisomía del 21) o por caprichos de la genética. Seguro que conoces alguno.

Yo tengo la teoría de que en todos los colegios de España ha habido un niño blanco de ojos rasgados al que todo el mundo apodaba “El Chino”. En mi colegio desde luego que lo había, con el plus de que era además especialmente moreno. También había un “Chino” en mi pueblo, en el instituto y en el campamento. En el cole de mi mujer y en su instituto también había “Chinos”. Por haber, hasta teníamos un Chino en el Real Oviedo de finales de los 90 – principio de los 2000: Roberto “El Chino” Losada. Formado en nuestra cantera, nunca llegó a triunfar del todo, pues siempre tuvo grandes delanteros delante (Carlos, Oli, Dely Valdés…) que cortaron su progresión, aun así, creo que es un tipo querido en nuestra ciudad.

“El Chino” Losada, el chino por antonomasia.

El caso es que nunca se me ocurrió preguntarme si a estos chavales les molestaba su apodo. Al fin y al cabo, era un apodo referente a una característica física, equiparable a otros paodos míticos como Gallofa, Piños, Cheetos o Tachenko, todos ellos muy populares en mi época. Supongo que a veces el apodo es algo que no se puede separar de la persona y que en ciertos casos puede ser hasta premonitorio.

Volviendo al caso de nuestro Roberto “Chino” Losada, el otro día jugando al Football Manager me ofrecieron su fichaje, al parecer acababa contrato con un equipo de Hong Kong. Me dió un poco la risa, pensando en cómo de fantasioso puede llegar a ser un videojuego, haciendo que un español acabe jugando en China, con el agravante de apodarse “El Chino”. Cuando me dió por revisar su biografía en el juego (con datos reales) casi se me caen los huevos al suelo: ¡En la realidad Roberto Losada juega en el Kitchee FC de la primera división de Hong Kong!. Y se ve que el azul le sienta muy bien. De todos los países en los que podría jugar este hombre fue a acabar en China, sin duda una excelente forma de justificar su apodo.

Madre mía, las vueltas que da la vida.

(Por cierto, en este equipo también han jugado los míticos Agustín Aranzábal y Albert Celades, parece ser que hay una conexión española que funciona bien…)

Contando picos.

A estas alturas todos estaréis enterados de que a Alberto Contador se le han detectado 50 pg / mL de clembuterol en la orina. Tras un pequeño repaso a los medios (hablados, escritos y televisados), he comprobado que la mayoría no tiene ni idea de lo que son esas cantidades y en la mayoría de los casos tienen un cacao mental tremendo en lo que a unidades y prefijos del sistema internacional se refiere. A mí es un concepto que me es muy familiar por mi trabajo, pero no por ello deja de ser algo de cultura muy básica (o al menos eso creo). Por si acaso alguno anda despistado, os voy a contar algunas cosas.

Las unidades y las cantidades.

En nuestra vida diaria nos movemos en rangos bastante estrechos en lo que a cantidades se refiere. Si tomamos longitud, cuya unidad del Sistema Internacional es el metro, yo diría que una persona normal usa desde 1 milímetro hasta miles de kilómetros. Esto es, desde 0,001 m hasta 1.000.000 m. (1000 km). Estos rangos tan pequeños hacen que la mayoría se maneje perfectamente con cantidades de tres cifras, decimales incluídos. Sin embargo las cantidades que el hombre puede llegar a medir ocupan un rango muchísimo mayor. Siguiendo con la distancia, hoy es posible medir la distancia entre átomos y la distancia entre estrellas. Obviamente, para escribir cantidades tan extremas no es práctico poner todos los ceros correspondientes. Para eso se usa:

La notación científica.

O lo que es lo mismo, representar un número usando potencias decimales. De esta forma, un número se escribe de la forma n multiplicado por 10 elevado a la potencia p. O sea n x 10p esto es muy cómodo, porque sólo hay que imaginar el número n (que se llama mantisa) seguido de tantos ceros como indica p (o con tantas posiciones detrás de una coma si p es negativo). De esta forma, 0,001 m (1 mm) se convierte en 1 x 10⁻³ m. Para cantidades pequeñas es un coñazo, pero para cantidades extremas resulta muy práctico. Por ejemplo, la masa de un electrón es de 0,000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 910 939 g que también puede ser escrito como 9.10939×10–34 g. Pero no sólo eso, también facilita mucho los cálculos gracias a las operaciones con exponentes. Por ejemplo, dividir 4 millones de algo entre doscientos de otra cosa es lo mismo que dividir 4 x 10⁶ entre 2 x 10² o sea 2 x 10⁴ (se divide la mantisa por una parte 4/2=2 y se resta el exponente por otra 6-2=4). Las operaciones con exponentes eran de 6º de EGB en mi época, no sé como serán ahora. Desde luego deberían de estar al alcance de todo el mundo. Pero hay todavía más, como tanto número acaba siendo un engorro a la hora de hablar y para evitar despistes se han creado:

Los prefijos.

Que se emplean para nombrar múltiplos y submúltiplos de las unidades del Sistema Internacional. Si pensamos en notación científica, cada exponente múltiplo de tres tiene su propio nombre. Gracias a la informática, casi todos estamos familiarizados con los prefijos para cantidades mayores que la unidad. Así, 1000 (10³) es kilo- ; millón (10⁶) es mega- ; mil millones (10⁹) es giga- [ "JIGA", no guiga como dicen algunos] y billón (10¹²) es tera- . Cuando yo era pequeño sonaban a chino, pero hoy los maneja hasta mi madre. Pero aún hay más:

Prefijo Símbolo Factor
yotta Y 1024
zetta Z 1021
exa E 1018
peta P 1015
tera T 1012
giga G 109
mega M 106
kilo k 103
hecto h 102
deca da 10
unidad 1
deci d 10-1 = 0,1
centi c 10-2 = 0,01
mili m 10-3 = 0,001
micro μ 10-6
nano n 10-9
pico p 10-12
femto f 10-15
atto a 10-18
zepto z 10-21
yocto y 10-24

De esta forma es muy sencillo expresar cualquier cantidad, sin recurrir a un porrón de ceros o a exponentes. Sobre todo permiten establecer una referencia para las cantidades en un determinado contexto. Por ejemplo, si hablamos de tamaños de bacterias, nos movemos en el orden de los micrómetros. De esta forma, es sencillo saber que un filtro cuyo tamaño de poro es de 0,10 μm no deja pasar ninguna. Imaginad si en la etiqueta del filtro pusiera 0,0000001 m y supiéramos que una bacteria puede medir 0,000001 m. Ya te has liado de contar ceros.

El caso Contador.

Pues eso, que todo esto para ver qué significa eso de que tenía 50 pg de clembuterol por mL de orina, es decir 50 x 10⁻¹² g de clembuterol por 10⁻³ L de orina. Dicho así, no significa mucho para el no experto (como yo), pero es fácil hacerse una idea de cuánto es. Si Contador hubiera meado 1 L (que ya es decir), entonces con esa concentración habría 50 x 10⁻⁹ g de clembuterol (10⁻¹² x 10³ = 10⁻⁹). Es una cantidad todavía muy pequeña, desde luego muy por debajo del límite de una buena balanza de precisión. Los periodistas ya se han encargado de decir que la cantidad en la orina de Contador es poquísima (algo obvio), pero ¿Es fisiológicamente relevante? Como no tengo ni puta idea de fisiología humana, pero sí cabeza para pensar y para hacer cálculos, voy a hacer mis propias elucubraciones. Según la wikipedia, la dosis médica de clembuterol en humanos no debe de exceder 150 microgramos diarios (150 x 10⁻⁶ g). Vamos a imaginar que el amigo Contador se hubiera tomado una pasti del esteroide de marras. Para obtener 150 μg de clembuterol con esa concentración en la orina, tendría que mear: 150⁻⁶ / 50 x 10⁻⁹ = 3 x 10³ L, es decir, 3000 litros. O lo que es lo mismo, 3 metros cúbicos. Que ya es bastante orina, por cierto. Imaginando que Contador mea normalmente 1 L al día, con esa cantidad en la orina estaría 3000 veces por debajo de la dosis máxima en humanos.

¿Quiere decir esto que es inocente? Desde luego que no. Este último párrafo es la coartada para haber escrito sobre esto que considero cultura general. Para decidir si es inocente o culpable ya tiene sus Doctores la Iglesia. A este respecto sólo puedo opinar y tengo clara una cosa: hace años que no sigo el ciclismo por toda esta mierda. Creo que con todos los conocimientos científicos actuales va a ser imposible saber si esos 50 pg /mL de clembuterol en la orina son fruto del dopaje o no (salvo que me lleve una sorpresa). Es una cantidad pequeña, desde luego, pero medible de forma fiable. Si esa cantidad revela una concentración fisiológicamente relevante en sangre tampoco es difícil de saber. Tampoco es complicado conocer si un filete tiene clembuterol o no (¿Habéis oído hablar de la trazabilidad?). Pero como ya se sabe que el clembuterol de la carne ingerida pasa a la sangre, la explicación de Contador es completamente plausible, especialmente cuando tuvo controles negativos el día anterior y el posterior. Pero claro, también es verdad que una contaminación así no debería de ocurrir en un equipo ciclista de primer nivel, al que le presupongo unos controles estrictos.

Dicho de otra forma, como no sé si el ciclismo es una competición de atletas, de médicos o de laboratorios, pues paso. Cuando lo tengan claro, que me avisen.

Laurent Fignon DEP.

Supongo que hacerse mayor es ver como van cascando los ídolos de nuestra infancia. Está claro, la vida es una enfermedad letal de transmisión sexual y no pasa ningún mes que no lo recordemos.

Hoy toca uno de los ciclistas más míticos que en el mundo han sido: Laurent Fignon. Si seguistéis las noticias ayer, ya sabréis que es conocido por haber ganado dos tours (83 y 84, este último ganando cinco etapas), de hecho fue el último francés en conseguirlo. Tenía una imagen muy característica, con gafitas redondas, coleta rubia y una cinta en el pelo. Le llamaban “El Profesor”, demostrando que los franceses eran los intelectuales de los 80, porque  también llamaban así a Alain Prost. En su día también tuvo fama de antipático, de tener muy mala leche y de ser un faltoso, aunque ahora que ha fallecido suavicen esa opinión y digan que “iba siempre a la ofensiva” o que “no se callaba sus opiniones”. No sé a qué esperan a enseñar el memorable escupitajo a la cámara de TVE. Sin embargo, para mí Fignon era mucho más y para comprenderlo, hay que remontarse al Tour de Francia de 1989.

Como ya os he contado más veces, de pequeño yo era muy aficionado al ciclismo. No recuerdo los tours del 83 y 84, pero sí recuerdo que de aquella cortaban el bacalao Fignon, Hinault, Kelly, Lejarreta, Caritoux… al menos era los nombres que yo conocía de lo que oía en la tele. En el 89 ya era lo bastante mayor como para ver el tour, sobre todo porque el año anterior habíamos vuelto a tener un ganador con el no menos mítico Perico Delgado (de aquella en el equipo Reynolds). Así que mi primo y yo nos dispusimos a tragarnos el Tour en aquellas sobremesas de verano Leonesas en casa de los abuelos, sin duda lo mejor que se podía hacer con sólo dos cadenas de TV y un sol de justicia.

El Tour empezó en Luxemburgo y allí ocurrió uno de esos sucesos inexplicables que esperas que con el tiempo se aclaren: Perico (vigente campeón) llegó tarde a la salida de la crono y perdió bastante tiempo. A día de hoy no se conocen las razones. Para mayor INRI, en una contrarreloj por equipos el Reynolds pifió de forma monumental, lo que dejó a Perico a más de cinco minutos (creo recordar) del líder. En aquel equipo, por cierto, había un joven gregario Navarro llamado Miguel Induráin, que conseguiría ganar una etapa de montaña aquel año, a la postre el único triunfo en etapa en línea de su carrera en el Tour. Pero ya os digo que pasamos de él, porque los nuestros eran Delgado, Anselmo Fuerte y Álvaro Pino. El caso es que aunque Perico se mataba a escalar para recortar tiempo poco a poco, el Tour se estaba decidiendo entre Fignon y un estadounidense llamado Greg Lemond. Aquí es importante hablar de Lemond. Lemond había sido el primer no europeo en ganar el Tour y, aun a pesar de ello, seguía siendo un exotismo, pues los estadounidenses no se prodigaban en esto del ciclismo (luego llegaría Armstrong y Francia se llenaría de barras y estrellas). Era un verdadero pionero y de aquella se decía que en EEUU era un desconocido, razón por la cual a todos no caía simpático el pionero yanqui. Su carisma también se veía reforzada porque un año después de ganar el Tour tuvo un accidente de caza a lo Cheney y se decía que tenía varios perdigones todavía en los pulmones. Pero volvamos a Fignon, que es el prota del post. Lemond se puso de líder, pero en los Alpes Fignon se puso serio y se dedicó a atacar sin piedad al estadounidense. Hay que recordar que de aquella el Tour era para paisanos, y se ascendían todos los puertos míticos, tanto en Pirineos como en los Alpes. Fignon estuvo brillante en aquellas etapas de montaña, arañando unos segundos en cada etapa, demostrando que el Tour había que ganarlo al ataque, sin calculadoras y sin bonificaciones. Gracias a su combatividad, consiguió hacerse con el liderato y sacarle una cómoda ventaja a Lemond. Era el virtual ganador del Tour.

Así las cosas, Fignon llegó líder con 50s de ventaja sobre Lemond a la última etapa. Aquel año, en un alarde de originalidad, el Tour decidió que la mejor forma de terminar un Tour era con una contrarreloj de 24 km por París. Siendo como son los gabachos, estoy completamente seguro de que imaginaron que era lo ideal para que el ganador chupase cámara. Al fin y al cabo, en aquella época en 24 km contrarreloj no se podían sacar muchas diferencias. El día anterior, Greg Lemond había avisado que utilizaría algo llamado “manillar de triatleta”, un avance reciente en el ciclismo que para el que el americano había pedido permiso antes de empezar el Tour. Nosotros no habíamos visto nunca uno y aquella noche dormimos pensando en qué historia sería aquella de un manillar que permitía llevar los codos apoyados. Nadie le dió mayor importancia. Fué transcurriendo la etapa según lo previsto, los corredores salían y las calles de París hervían de franceses ondeando banderas esperando a que su Professeur ganara su tercer Tour. Lemond apareció con el artilugio de marras, pero los periodistas y, especialmente, la realización televisiva lo ignoraron, de hecho aún hoy es complicado conseguir imágenes del estadounidense en aquella última etapa.

Greg Lemond pedaleando hacia la victoria agarrado al famoso manillar.

Fignon salió con su bici clásica, maillot amarillo y coleta al viento. Rodeado por policías, cámaras de TV, periodistas y fotógrafos que no querían perder la oportunidad de inmortalizar al ganador del Tour delante de todos los monumentos de la capital francesa. ¡Qué gran idea la contrarreloj! ¡Maravilloso poder ver al campeón sin las molestias del pelotón!. A medida que Fignon iba completando la etapa, todo el mundo fue dándose cuenta de que Lemond estaba haciendo unos tiempos estratosféricos. Lógico, estaba vaciándose. A pesar de eso, el mítico Pedro González (que en paz descanse) y supongo que todos los franceses no creían que Lemond fuese a recortar los 50 segundos. Sin embargo y por si acaso se equivocaban, la realización mostró el último kilómetro íntegro de Lemond (ya os digo que habían pasado de él hasta ese momento). Tras entrar Lemond, las cámaras volvieron a Fignon. Hicieron los cálculos y vieron que tenía que llegar a la meta unos dos minutos después de volver a conectar con su cámara. Sin problemas, a Fignon se le veía pedalear con fuerza y ya estaba en los Campos Elíseos, por lo tanto muy cerca de meta. Lo que siguió fue uno de los espectáculos más crueles de la historia del deporte. De aquella no había referencias, ni GPS ni ostias. Cuando enfocaron a Fignon todos pensamos que estaba cerca de la meta, al fin y al cabo ni Lemond era tan superior al Francés ni el manillar de triatleta era mágico (o eso pensábamos). Pero iban cayendo los segundos y Laurent no llegaba, a pesar de llevar una formidable escolta de motoristas. Aun en la última recta (que es un poco cuesta abajo), nadie lo daba como perdedor ¡Sólo le faltaba llegar al final de la calle! (pero qué calle). Pedro González insistía que no lo iba a perder, pues a Fignon ya lo enfocaban las cámaras fijas, signo inequívoco de su proximidad al final. Sin embargo siempre había una cámara más. En un momento dado, el realizador, en un cruel movimiento decidió abrir el plano y de repente ante todos apareció la cruda la realidad: ¡Fignon estaba todavía lejos de meta! En ese momento todos (Pedro incluído) nos dimos cuenta de que lo imposible había ocurrido: Fignon había perdido el Tour a manos de Lemond. La tecnología había obrado el milagro. (Por cierto, mi primo y yo quedamos tan impactados que conseguimos que nuestro abuelo nos implementara un “manillar de trialtleta” a base de tubos y alambres en nuestras BH y Orbea (respectivamente). Todavía no comprendo cómo no nos matamos.)

Afortunadamente, gracias a youtube puedes volver a vivir este memorable instante del deporte, al que seguro que mis palabras no le han hecho justicia:

httpv://www.youtube.com/watch?v=02hIrCApZcA

21 años ya de aquello.

Al final, Fignon tuvo que subir al podium como segundo y no como ganador. Aun así, no tuvo malos gestos y aceptó la derrota con cierto estoicismo. Dada su mala fama, es muy reseñable su comportamiento ejemplar en aquella ocasión.

Fignon, Lemond y Delgado en el podium del Tour de 1989. Nótese la cinta de Perico, con Banesto el patrocinador que heredaría el equipo Reynolds (que era papel de aluminio, por cierto).

Fignon siempre contó como favorito para el Tour hasta su retirada, pero para su desgracia, la aparición de Miguelón le privó de su tercera victoria. Y es precisamente por eso por lo que yo le tenía tanto cariño. Ahora se le recuerda por su brillante palmarés, pero para mí siempre será aquel ciclista de gafas al que el Destino le quitó la miel de los labios delante de sus aficionados, en uno de los momentos más crueles de la Historia del deporte. Fue un verdadero shock para mí verlo tirado en los Campos Elíseos, perdedor vestido de amarillo ante su propio público. En su momento pensé que era completamente injusto, pero con 9 años poco podía yo imaginar que la vida puede ser así de cabrona (y más).

Nunca más ha vuelto a haber una contrarreloj en la última etapa del Tour. Nunca más un Francés ha vuelto a oler el el Podium en los Campos Elíseos. Fignon apenas había cumplido los 50 años.

Descanse en paz.

Campeones.

Bueno amigos, hay días en la vida que tienes la esperanza de que lleguen, pero que sabes que puede ser muy complicado. Hoy somos campeones del mundo de fútbol y os tengo que decir que siempre tuve la esperanza, pero que no pensaba que realmente fuera a ocurrir (al menos hasta la victoria en la Eurocopa). Sí amigos, a pesar de la brillante victoria en la Eurocopa, un Mundial es otra cosa y, como demostró Grecia, la Euro se puede ganar por accidente. He de confesar que la cabeza me decía que la de España lo podía ser también. Es lógico, porque aunque es verdad que no soy muy viejo, sí soy lo suficiente como para acordarme de Míchel agachándose en Italia 90, de Julio Salinas ante Pagliuca en EEUU 94, de Zubi metiendo un centro de Lawal en Francia 98, de Al Ghandour en Corea-Japón 02 y de aquel “Vamos a jubilar a Zidane” en Alemania 06. Vamos, que con menos de 30 años ya recuerdo cinco monumentales cagadas. No quiero imaginar lo que recuerda mi padre, por ejemplo.

Para rematar la faena, nuestra victoria en la Euro08 fue un toque de atención para todo el mundo del fútbol y parece que todos nuestros rivales tomaron nota del estilo Mourinho a la hora de enfrentarse a los nuestros. Desde la derrota contra Suiza, tuve la sensación de que en todos los partidos, excepto contra Alemania, el equipo contrario salía a no perder y a aprovechar lo que cayera esforzándose al máximo. A los suizos les salió bien, los Hondureños no dieron para más, los Chilenos se vaciaron en la presión, los Portugueses defendieron como jabatos, los Paraguayos casi lo consiguen (y fueron el derrotado más digno de los cuartos)… y los Holandeses tuvieron que recurrir a la ultraviolencia para tratar de pararnos. Sin embargo, y para variar, frente a la adversidad nuestra selección mantuvo el tipo y, sobre todo, el estilo. Fuimos al Mundial a tocar la pelota con inteligencia y lo ganamos así. Es más, fuimos el equipo menos tarjeteado y no recuerdo ni una sola acción sucia por parte de los nuestros, de lo cual hay que sentirse orgulloso también. Dicho de otra forma: sufrimos como perros, pero nos comportamos como señores, fieles al estilo ganador, dignos herederos del espíritu de la Holanda de los 70 y la Brasil de los 60: jugar a meter goles (que aunque no lo parezca, al fútbol también se juega de otra forma). Ahora nuestra camiseta llevará una estrellita encima del escudo y esa será para siempre. Es algo que los jugadores todavía no asumirán, pero pronto se darán cuenta de que se van a morir siendo campeones del mundo, es decir, habiendo alcanzado lo máximo en su profesión. Se dice pronto.

Yo estoy muy orgulloso de que el equipo de mi país sea campeón, pero aun más lo estoy de que lo haya sido de esta forma. Ya me están llegando felicitaciones de amigos extranjeros y me encanta ver los periódicos foráneos alabar a mi equipo. Pero lo que más me gusta es ver cómo en la Selección no hay un nombre por encima de nadie. Si Portugal es CR9, Brasil es Kaká y Robinho, Holanda es Snejder y Robben… ¿Quién es España? Pues habría que decir Casillas, Sergio Ramos, Piqué, Puyol, Capdevilla, Xavi, Xabi, Busquets, Villa, Iniesta, Pedro, Cesc, Navas y Llorente, porque creo que todos ellos han tenido su momento clave en el Mundial. Además hay que contar a Torres, Silva, Mata y otros que aunque no han hecho un Mundial brillante, sí han contribuído durante la fase de clasificación. Me falla la memoria, pero creo que es la primera vez que veo a un jugador (Pedro) jugar semifinal y final sin haber jugado casi nada en los partidos anteriores. El caso de Pedro es acojonante, hace dos años era jugador de tercera y hoy puede presumir de haber vuelto loca a Alemania en una semifinal mundialista. Sin duda alguna, el mérito de Vicente del Bosque es inconmensurable, porque su gestión del grupo es ejemplar. No ha hecho ni un sólo cambio previsible y casi todos los que ha realizado han salido bien. Haber metido a Llorente contra Portugal, por encima de otros nombres, es un buen ejemplo, cuando lo más fácil para otro seleccionador hubiera sido dejarlo fuera. Quizá el único borrón sea haberse empecinado tanto en Torres cuando estaba claro que el Niño no estaba para jugar, pero desde luego no seré yo el que lo discuta. También es destacable el caso de Casillas, que empezó el Mundial fatal, dubitativo, inseguro y generando muchas dudas. Sin embargo, Íker se repuso con el penalty de Paraguay y fue capaz de aguantarle a Robben dos jugadas claras en toda una final. Y ahí amigos es donde los mejores tienen que dar la cara. Hablando de porteros, Reina está claro que tiene asumida su suplencia y que su papel en el equipo es más psicológico que otra cosa. No es banal, porque hay que tener en cuenta que esta gente lleva 50 días junta y cualquiera que trabaje en grupo sabe lo bueno que es tener a alguien como Pepe, capaz de desactivar conflictos a base de buen rollo. También es de destacar el trabajo de Víctor Valdés. Con los números sobre la mesa, el mejor portero de los últimos tiempos en la liga y sin embargo, nunca internacional. Es Valdés una persona especial, introvertido, tímido y con pinta de gilipollas (yo de hecho no lo soporto, a pesar de ser el portero de mi equipo), había muchas dudas de cómo iba a encarar su suplencia mundialista y creo que la ha superado con nota. No sólo con sus declaraciones tras el primer partido, sino por cómo se comportó en el banquillo en cada partido: sencillamente como uno más. Ya lo dijo ayer Reina, “Decían que nos llevábamos mal, sí por los cojones”. Creo que el año de diferencia escaso que se lleva con Íker no le garantiza un puesto cuando Casillas se retire, pero me gustaría creer que llegará a ser titular de la selección algún día. También es de resaltar la labor de Cesc (Sex) Fábregas, sin duda alguna paradigma de la selección. Es el suplente de más lujo que ha habido jamás en una selección. Seamos realistas: hacer una temporada estratosférica en la Premier y ser el santo y seña y capitán del Arsenal no le sirve para más que ser suplente en España. No es de extrañar, porque teniendo a Xavi, Iniesta o Xabi Alonso delante, la cosa está complicadísima. Sin embargo el tío ahí aguantó y dió la talla cuando hizo falta. Estoy seguro de que en próximas competiciones su papel será cada vez más importante a la vez que el rendimiento de Xavi vaya decayendo.

No quería acabar este tostón sin declarar mi admiración por Andrés Iniesta. Ya me hizo gozar con aquel gol en Stanford Brigde, pero es que su gol en la final y, sobre todo, esa forma de echarse el equipo a la espalda en la prórroga merecen que entre en la Historia. Pero es que además el chaval lo combina con una humildad, limpieza y bondad dignas de admiración. Cualquier subnormal con la décima parte de su talento estaría restregándoselo a todo el mundo. Iniesta es diferente y por eso me gusta tanto.

Nada más. Para finalizar, deciros que mi mujer me comunicó ayer que ya tiene reservada la camiseta de la selección con la estrellita. Lo digo muchas veces, pero es que mi mujer es maravillosa.