Como casi todos sabréis, el pasado Sábado por la mañana Fernando Alonso hizo una exhibición por el centro de mi ciudad. Como no podía ser de otra forma, decidí acercarme, aun a sabiendas de que lo vería mejor por la tele. Digamos que quería comprobar in situ si mereció la pena fundir casi medio millón de euros del erario público en tamaño evento.
Ver, ver, lo que se dice ver a FA en el F1 lo vi poco. La cantidad de gente, la poca altura del coche y, sobre todo, la velocidad (increíble) a la que pasaba por delante, me lo impidieron. De hecho, la mejor foto que tengo es esta, y os garantizo que disparé un porrón de ellas:
Si, es eso naranja del fondo.
Se puede observar que había bastante gente en la calle, y me da la impresión de que vino mucha gente de fuera a ver el espectáculo. Ahora que digo ver, realmente la vista no es el sentido que se estimuló más, yo diría que lo que me queda en el recuerdo es el oído y el tacto. Digo bien, oído porque es increíble el ruido que mete un cacharro de ese tipo, desde La Escandalera (donde yo estaba), se oía perfectamente al coche dar la vuelta en la Plaza de América, que está bastante lejos. Y digo tacto, porque cuando estás a 10 m de un F1 lo puedes sentir en el estómago. No me imagino lo que debe de sentirse al sentarse en una máquina tan salvaje y a la vez tan bella.
Hablando de belleza, a FA lo vi poco, pero no me importó mucho. Caminando por entre vallas y furgonetas buscando una perspectiva chula, pude ver a Nira Juanco:
Slurp!
Y es que amigos, el gestor de recursos humanos de la Sexta es un genio, un ser superior al que debemos rendirle pleitesía.
El caso es que FA estuvo en su pueblo y su pueblo le correspondió. Todavía no comprendo a la gente que dice que es un borde y un gilipollas, porque me parece que el Sábado estuvo superior.