Con esto de la web 2.0 y tal, los periódicos digitales se apuntaron al estilo blog y permitieron los comentarios en las noticias. Yo nunca comprendí esa opción, porque un periódico debe de ser información y no opinión, pero claro, eso es mi visión personal del asunto.
El tiempo no ha hecho más que convencerme de la inutilidad de dichos comentarios. Por varias razones. En primer lugar, los periódicos han implementado sistemas tremendamente básicos, que desde luego no permiten una conversación razonable. No hay posibilidad de anidación o respuesta, no hay registro, no hay avatares… cosas que en el la blogosfera son un standard desde hace unos años. La cuestión del registro es especialmente sangrante. No se trata de comentar con el nombre propio, se trata de ir creando una personalidad online definida, que puede ser seguida y con la que uno puede sentir afinidades (o no). En mi opinión, cuando un comentario se hace de forma anónima, automáticamente queda desprestigiado independientemente de lo que diga. Insisto, no se trata de que uno dé la identidad real, no creo que nadie deba de estar obligado a eso, pero usar un pseudónimo de forma consistente es otra forma de dar la cara y demostrar que se va en serio (y esto se aplica a los blogs también).
En segundo lugar, desde que hay comentarios en los periódicos mi fe en los españoles en particular y en la humanidad en general ha decrecido increíblemente. No han servido nada más que para verificar que el odio, la ignorancia, la estupidez y el sectarismo son conceptos tremendamente arraigados en nuestra sociedad. Dada una noticia, la que sea, en los comentarios aparecerán una serie de especímenes que se dedicarán a insultar, a tratar de argumentar torpemente, a amenazar, a pontificar o, sencillamente, a tocar los cojones. Da igual que se hable de política, de fútbol o de la tasa de diabetes en una población africana. Y así todos los días. Especialmente triste resulta leer un periódico regional y comprobar que las noticias del Sporting están llenas de comentarios insultantes (poco originales, por cierto) por parte de gente del Oviedo y viceversa.
En tercer lugar, a modo de vendaje, hay periódicos que han implementado sistemas de votación para tratar de separar los buenos comentarios de los malos. Craso error. Como demuestran incontables ejemplos en la red, la gente vota favorablemente los comentarios con los que está de acuerdo, en lugar de votar de esa forma los que estén bien formulados, bien argumentados y de forma educada, independientemente de lo que digan (Y aquí podría decir lo mucho que ha mejorado mi vida mental desde que hace 9 meses dejé de entrar en menéame).
Finalmente, y como consecuencia de lo anterior, los patéticos intentos de moderación lo único que hacen es alentar el vertido incontrolado de mierda en los comentarios, en una especie de competición por ver quién es capaz de lograr colar la más gorda. En cuanto a alguien le borran un comentario, enarbola la bandera de la censura roja/facha (según) y a seguir trolleando.
Sí amigos, trolls. Es lo único que uno encuentra en los comentarios de los periódicos. Yo leo tres periódicos online todos los días y no recuerdo ningún comentario memorable (Y eso que en todo este post no me he referido al MARCA, que eso es para dar de comer aparte). En mi opinión podrían suprimirlos. Para opinar ya están las cartas al director, de las que precisamente si recuerdo docenas que valen más que toda la edición de ese día. Pero claro, una carta al director hay que escribirla bien, firmarla y esperar que la publiquen.
[Este post era un borrador, pero me he animado a completarlo a raíz de que Público haya tomado medidas para paliar los problemas que aquí menciono]