Libro: Little Brother.

Esta mañana he terminado uno de los mejores libros que he leído en los últimos meses: Little Brother, de Cory Doctorow.

Básicamente y sin spoilers, Little Borther narra la historia de cómo San Francisco sufre un ataque terrorista y como consecuencia, todos sus habitantes son vigilados estrechamente por el gobierno estadounidense con el pretexto de encontrar a terroristas. Sólo un grupo de adolescentes decide revelarse y enfrentarse al gobierno usando tácticas genuinamente hackers.

La novela es una crítica muy fuerte a todas las medidas adoptadas por EEUU (y por extensión todas las provincias de su imperio, nosotros incluídos) a raíz de los atentados del 11S. Es un alegato en favor de la privacidad y la neutralidad de la red, que mezcla realidad con ficción plausible y hace continuas referencias a personas, sucesos y cosas reales, que cualquier lector medianamente familiarizado con Internet, criptografía o Linux reconocerá como verdaderas. A mí me pareció muy entretenida, llena de acción y con un ritmo trepidante, no en vano el autor la escribió pensando en el público juvenil. Sin embargo, por su profundidad, su seriedad y, sobre todo, por lo real que puede llegar a ser, yo la recomendaría a todo el mundo, no solo a los geeks (que se lo pasarán teta).

Lo mejor de todo es que puedes comprarla en tu librería de confianza, pero también puedes bajártela gratis desde la web del autor en docenas de formatos diferentes, porque Cory Doctorow es de esas personas que predican con el ejemplo.

Libro: La Guerra Interminable.

Bueno amigos, aquí ando en un TGV que me trae de vuelta de Montpellier a casa. No tengo Internet, así que estoy juntando estas letras en el gedit para daros mi opinión del libro que acabo de terminar. Como siempre, os hago el comentario sin spoilers. Se titula “La Guerra Interminable” y lo escribió  Joe Hadelman en 1974. Sabéis que soy un lector amante de la Ci-Fi y este libro llevaba años entre mis lecturas pendientes, no sólo por sus buenas reseñas, sino también por haber merecido los dos mejores premios del género: el Hugo y el Nébula. Lamentablemente, la última edición lleva agotada años y no era capaz de hacerme con un ejemplar. Naturalmente, desde que tengo el Kindle, esto ya no es un problema.

El caso es que entre el viaje de ida, una noche de hotel y el viaje de vuelta me lo he trasegado, buena muestra de que me ha enganchado a tope. El libro describe la historia del soldado Mandella, participante en la primera batalla de los humanos contra los taurinos en 1997 (LOL, pero somos así de viejos ya). Básicamente cuenta las vicisitudes de un soldado a medida que se curte en batallas contra alienígenas mientras que en casa todo cambia hasta que él ya no las reconoce. El libro aborda claramente la temática bélica y le da un repaso a la mentalidad y los usos castrenses. También presenta una colección de batallas de lo más emocionantes que contribuyen a darle un gran dinamismo a la novela. Hasta aquí sería otro libro más sobre un veterano de guerra de Vietnam (como el autor), pero para poder llevar sus conclusiones hasta el extremo, el autor decidió crear un marco de Ciencia Ficción pura y dura, en el que con un par de premisas básicas el viaje más veloz que la luz es posible, pero sometido a las leyes físicas que conocemos. Esto lo presenta el autor con rigor pero de soslayo, sin meter esos párrafos “te lo voy a contar todo detalladamente para que veas que me he documentado” tan habituales en los escritores de Ci-Fi de segunda fila. De esta forma existen los agujeros de gusano, que permiten el viaje casi instantáneo en tiempo subjetivo (para los ocupantes de la nave), pero no respecto al marco de referencia terrestre. Es decir, los soldados salen de la tierra, se meten en el agujero de gusano, le cascan a los alienígenas y vuelven a la Tierra en lo que para ellos son unos meses, pero que en realidad en casa han sido décadas. Esto le sirve al autor para elucubrar sobre las sociedades humanas, pero también para incidir en la alienación (mejor palabra imposible) del soldado, un tema sobre el que los veteranos de Vietnam han escrito muchas veces. En la novela también se abordan clásicos castrenses como las drogas, la propaganda, la dureza que supone quitarle la vida a otro, la insubordinación… Creo que las reflexiones del autor se sobreentienden en muchas de las situaciones descritas y se perciben a través de los pensamientos del protagonista que, para no entorpecer la narración, es hombre de acción y pocas palabras.Creo que es la mezcla de ciencia-ficción y novela bélica (dos de mis temas favoritos) la que hace que el libro me haya gustado tanto. Lo digo y lo repito siempre, me gusta la literatura bélica porque desprecio la guerra (o es al revés) y en este sentido este es uno de los libros más pacifistas que he leído nunca.He leído varias reseñas del mismo y parece que sólo hay dos opiniones del mismo: obra maestra (que debe ser lo que pensaron los jurados de los Hugo y Los Nébula) o novelita de aventuras. Creo que te merece la pena comprobarlo por tí mismo.

Mi review del Kindle de Amazon.

Como ya comenté, este año los reyes me trajeron el Kindle, para que pudiera leer tranquilamente durante mi estancia en Francia. Y esta es mi reseña:

tl; dr:

Es un lector de ebooks perfecto y además barato.

Reseña argumentada:

Por si no te has enterado todavía, el Kindle es el lector de libros electrónicos que vende Amazon. Para un resumen de características, el artículo de la wiki es suficiente. El modelo que yo tengo es el grafito de tercera generación.

Primeras impresiones.

Comencemos por el principio. El cacharro viene en una caja de cartón calculadamente mierdosa, con un manual calculadamente simple. También viene un cable microUSB y un adaptador de enchufe estadounidense, por mucho que lo hayas pedido desde Europa. Esto en un principio parece una mierda, pero luego resulta irrelevante, como veremos más adelante. Cuando cogí el aparato me di cuenta de que el estandard de calidad del mismo era altísimo, desde luego superior al del gadget medio. Aunque es de plástico, éste es de altísima calidad y está muy bien terminado. Es completamente mate y de un color gris muy agradable. Los botones son excelentes y tienen todos una respuesta óptima. Desde luego es un acierto no haber caído en las mierdas esas modernas de plásticos brillantes, aluminios y demás, desde mi punto de vista es todo un acierto de diseño haber recurrido a un plástico que más bien parece de salpicadero de coche.

La pantalla.

Naturalmente, lo segundo que se hace tras coger el aparato es encenderlo. Ahí empieza el idilio de verdad con el cacharro. Todavía no he encontrando a nadie que no haya alucinado al ver la pantalla por primera vez. Parece increíble que lo que estás viendo no sea un papel pegado encima. El contraste es alucinante, pues las letras son verdaderamente “negro sobre blanco” y la capacidad de mostrar 16 niveles de grises permite cierto nivel de antialias (o al menos eso me parece a mi). El confort de lectura es equivalente al de una buena novela y desde luego mejor que la típica edición de bolsillo vieja con papel amarillo. Esto quiere decir que lo puedes leer en las mismas condiciones que leerías un folio, es decir, desde una penumbra razonable hasta la luz solar directa sin problemas y sin reflejos. La pantalla es sin duda su principal baza (junto con la batería) respecto a otros dispositivos versátiles que también sirven para leer ebooks. Yo he leído cinco horas seguidas en el Kindle y tan campante, algo que no puedo hacer en mi ordenador, por ejemplo, y eso que tiene pantalla mate retroiluminada con LED.

¿Y para que puedo usarlo?

Para leer. Nada más. Si buscas por Internet podrás ver que la gente es capaz de usarlo para muchas cosas como navegar por la red o leer mails, también verás que trae una conexión para cascos para escuchar música e incluso ya hay una scene de gente que se dedica a hacer programas. En mi opinión es ridículo tratar de hacer que el Kindle haga otra cosa diferente de lo que sabe hacer. Es un lector de eBooks, nada más, pero eso lo hace mejor que ningún otro. Sí es cierto que no es nada versátil, como tampoco lo es una motosierra, pero si quieres cortar un árbol no vas con una navaja suiza ¿Verdad?. Pues eso. Se supone que conectado a Internet por wifi o por 3G (en el modelo correspondiente) tiene funciones sociales, pero francamente, no me interesa lo más mínimo (y gasta batería).

Usándolo.

Muy sencillo, descargas calibre en tu ordenador y empiezas a meter documentos en el aparato. Calibre es la herramienta perfecta para gestionar una biblioteca, porque es capaz de convertir casi cualquier cosa a un formato legible por Kindle. Obviamente, lo más sencillo es comprar un ebook en la tienda Kindle y cuando veas sus precios comprenderás por qué Amazon vende el aparato a un precio de ebook de marca blanca. Si no quieres comprar, pues lo de siempre, a tirar de descargas. Hay que tener ojo, porque la gente llama libro a cualquier mierda mal maquetada, pero pronto descubrirás como distinguir la paja del grano (el mejor consejo es desconfiar de los packs e ir a las webs especializadas en la temática de tu interés.

El Kindle tiene un menú donde muestra todos los documentos que guarda, eliges uno y empiezas a leer. Hay botones para pasar página a cada lado y un botón de formato para elegir el tamaño de letra y espaciado que más te guste, característica que echarás de menos en algunas ediciones en papel. En el 99% de los casos no usarás nada más. Con el cursor puedes seleccionar palabras, que puedes buscar en el diccionario, o resaltar párrafos, que quedarán almacenados en su apartado propio. Algo ideal para aquellos acostumbrados a subrayar los libros, yo, como no lo hago, pues no lo uso. También se pueden añadir notas, pero tampoco lo uso. Si hay dos características inherentes a un ebook que sí uso. Una de ellas es buscar. No hago notas ni resalto párrafos, pero sí que tengo buena memoria para acordarme de pasajes, con la función de búsqueda sólo hace falta recordar alguna palabra clave para encontrar el párrafo de interés. La otra es que al encender el kindle, lo que aparece en pantalla es la página donde lo dejaste. Obvio, imagino, pero no por ello menos agradable.

Y volviendo al tema del cargador. No me parece problemático porque todavía no he sido capaz de descargar la batería del Kindle. Me he leído cuatro novelas ya y todavía va por la mitad. Si bien es cierto que cada vez que lo he conectado al ordenador algo ha debido de recargarse. No me parece por lo tanto necesario tener otro cargador tirado por casa. Cuando me quede el 25% de batería lo dejo conectado por USB una noche al ordenador y pista.

Conclusión.

Yo era de los románticos del libro físico, del olor a papel y demás. Me sigue pareciendo que es la forma como debe de ser un libro y seguiré estando orgulloso de tener una biblioteca física bien surtida. Ahora bien, saber que en el bolso llevo tranquilamente cinco o seis novelas que me permiten hacer tranquilamente mis viajes en metro, TGV o avión sin añadirme un peso excesivo y, sobre todo, sin ocuparme espacio en mi choza versallesca es para mí la clave del cacharro. Porque en cuanto a prestaciones, pues más o menos las del libro de toda la vida, para bien y para mal.

Reseña dedicada a @Feostrongformal y a @Fooly_Cooly que hace tiempo que la esperan.

The Walking Dead.

Como ya os dije, los reyes me trajeron The Walking Dead (Compendium 1). Son los primeros 48 números del cómic encuadernados en un mismo voulmen de 1088 páginas de papel brillante de alta calidad.

Me las he trajinado en dos días y medio.

Para mí el año 2010 será el año de mi redescubrimiento del cómic. Fui un gran lector de adolescente y creo que me saqué todos los cómics disponibles en mi biblioteca pública. Sin embargo, al crecer, no supe encontrar el cómic capaz de atraerme en serio. Sí, los superhéroes molan y tal, pero prefiero algo más serio. Gracias a Watchmen y a V de Vendetta supe que en el cómic también hay lugar para mí. A lo mejor por eso las llaman “novelas gráficas”, para desmarcarse de la connotación infantil de la palabra cómic. Me da igual, son dos libros excelentes.

De The Walking Dead (TWD) sólo conocía un episodio que vi en la Fox y los comentarios de Vane en el blog, así que decidí pedirlo para Reyes, por si acaso alguien quería regalarme un libro y no se quería romper la cabeza mucho (Amazon UK se encargó de dejarlo en mi casa sin gastos de envío). No pude haber acertado más.

TWD es pura Ci-Fi, es pura acción, es pura sociología, es pura psicología, es puro gore… es tremendamente adictivo y me ha sido muy complicado cerrarlo cada vez que iba a dormir, comer o salir a la calle. Siempre me han encantado las historias postapocalípticas y creo que TWD ha sabido beber de las mejores fuentes. Me recuerda mucho a “El Día de los Trífidos” y, sobre todo, a “La Tierra permanece” (Una novela de 1953 de George Stewart que ya inventó todo esto de la postapocalipsis antes de que supiéramos lo que era esto). Al fin y al cabo los zombies son puro McGuffin pues lo que importa realmente son los personajes. ¡Y qué personajes!. Rick, Tyresse, Michonne y toda la banda son verdaderamente memorables y llegas a cogerles mucho cariño. Además, los autores no se cortan un pelo y, a diferencia de la costumbre, no dudan en cargarse a quién haga falta para recordar a lector los tiempos tan duros que les ha tocado vivir. El efecto es aún mayor cuando se marcan esas viñetas a página completa al girar una página impar. Estás leyendo y viendo cómo se cuece el bombazo, giras la página y ¡ZAS! dibujazo gore con uno de los protagonistas desmembrado (o cosas peores). Tengo que decir que muchos pasajes me dejaron mal cuerpo de lo violentos que son, tanto física como psicológicamente, pero no hacen más que reforzar aquello de que Homo homini lupus (El hombre es un lobo para el hombre), que yo creo que es el tema subyacente en la trama. TWD hace una exploración a fondo de lo más oscuro de la naturaleza humana y creo que, en este sentido, supera con creces al 95% de lo que he leído y visto hasta el momento. Además de explorar las relaciones sentimentales, de amistad, paternofiliales, también trata temas clásicos de la temática postapocalíptica como la definición de humanidad, la vigencia de las leyes cuando ya no existe la sociedad que las creó y, sobre todo, lo complicado que es tener que tomar decisiones por el grupo(en este sentido, decir que Rick le da mil millones de vueltas como personaje a Jack de Lost).

No puedo hacer más que recomendaros su lectura encarecidamente, porque a mí me ha dejado una sensación de vacío tremenda, como sólo las mejores novelas me han dejado. Yo por mi parte, me voy a comprar los libros recopilatorios de los números 49 a 78…

Libros de vacaciones.

Ya comenté que he consagrado estas vacaciones a la lectura. En julio me compré cuatro libros en Amazon para pasearlos por playas, terrazas y salones de la Côte d’Azur y de la Costa Verde. He tenido mucha suerte, porque cada uno de ellos me gustó más que el anterior. Sin duda, me han hecho disfrutar mucho más si cabe de las vacaciones. (No creáis que estaba yo sólo, mi mujer se ha metido entre pecho y espalda la trilogía de Millenium, que leeré en cuanto ventile lo que tengo pendiente).

Voy a comentaros los libros, por si acaso a alguno os interesa. No voy a meter spoilers, así que tranquilos. Los leí en inglés, pero os señalo el título de la traducción (si la hay) para vuestra comodidad.

  • Foreskin’s Lament (Lamentaciones de un Prepucio). Shalom Auslander. Los recuerdos de infancia de un niño criado en una familia ultraortodoxa judía en Nueva York. Uno de esos libros que te hace reír a carcajada limpia, aunque no está exento de drama. Tiene un estilo muy honesto y directo y cuenta algunas anécdotas que obligan a volver a la solapa para comprobar que lo que se lee es realidad y no ficción. En muchas reseñas se dice que es el antídoto antirreligioso definitivo, porque expone sin tapujos todas los preceptos chorras que tienen que seguir los judíos, pero yo no diría tanto. En todo caso es el antídoto contra el dogmatismo, el fanatismo y el sectarismo al que muchos niños se ven expuestos, ya sea religioso, político o de cualquier otro tipo (futbolístico, por ejemplo).
  • Taking the Medicine. Druin Burch. Una breve historia de la medicina centrada en cómo ha ido evolucionando la fundamentación de las ideas médicas. Es decir, de cómo se pasó de las creencias… a las evidencias. A través de capítulos cortos, el autor va poniendo ejemplos para ir apuntalando la idea central del libro: que los pacientes deben ser tratados exclusívamente con tratamientos que se hayan demostrado efectivos en ensayos de doble ciego. Y por el camino, palos contra las farmacéuticas, los gobiernos y los propios médicos, que a día de hoy siguen prescribiendo sólo un 80% de tratamientos bien fundamentados. Aunque está escrito por y para médicos, es lo suficientemente accesible como para que cualquiera con un mínimo de preocupación lo lea. A mí me encantó.
  • First Light. Geoffrey Wellum. Las memorias de un piloto de Spitfire durante la batalla de Inglaterra (Segunda Guerra Mundial). Ahora que me estoy aficionando a la historia bélica, este era un libro que pensé que sería el equivalente aéreo del fantabuloso Iron Coffins… pero no. Y no es culpa del libro, pues está muy bien y es muy entretenido, el caso es que no me llegó tanto como el del comandante de submarino. En parte es porque la vida de un piloto es infinitamente más fácil que la de un submarino. Sí, hay derribos amigos y enemigos, mueren muchos compañeros… pero por la noche duermen en territorio amigo. Y eso, como reconoce el autor, es una ventaja que pocos soldados tienen en guerra. Como digo siempre, cuanta más historia bélica leo, más pacifista me vuelvo. Y es la misma conclusión a la que llega el autor, cuando está en el aire es una lucha por la supervivencia pura y dura, o tú o yo, pero cuando vuelve a la base después de derribar a un enemigo siempre tiene un recuerdo para esa vida que acaba de segar.
  • Masters of Doom. David Kushner. El mejor para el final. Es la historia de id software, o lo que es lo mismo, la de John Romero y John Carmack, el dúo que cambió la historia de los videojuegos con Doom y Quake. Es verdad que el tema me toca de lleno, pues yo viví los acontecimientos que describe el libro: jugué al Doom (I y II) en su momento, leí los planes de Romero para el Daikatana en las revistas, jugué al Quake I, II y III Arena (en su momento y al III todavía hoy), jugé al Heretic, al Hexen, al Wolfestein 3D… (benditos CD-Mix). Vamos, que me he sentido identificado con muchas cosas que se cuentan en el libro. Sin embargo eso no le quita ni un ápice de interés, pues está escrito de forma primorosa, a pesar de que conozco cómo fue la historia, no he podido evitar engancharme a su desarrollo y participar del suspense que genera el autor. Todo un mérito. Creo que es un libro que gustará a cualquiera interesado en los videojuegos, a la informática o la tecnología en general. Yo me he quedado flipando con la historia que hay detrás de esos títulos tan queridos, una historia de amistad, simbiosis y ambición. Pero sin duda, he flipado con John Carmack (como bien predijo megateto, lector habitual del blog) un genio prodigioso y un tanto rarito.

Nada más. Los que me conozcáis en persona y queráis leer alguno, no tenéis más que pedírmelo. Ya sabéis que estoy encantado de compartirlos (y La Princess más, que así no andan atravesados por las estanterías).