Mi nueva tele y el efecto Nuria Roca.

Como mis seguidores de twitter sabrán, hace unos días me compré una Samsung para mi casa de Versalles. Los primeros días estuve contento, hasta que me di cuenta de que hay una zona vertical en medio de la pantalla en la que el brillo es menor, como si alguno de los LED del borde fuera menos intenso. Objetivamente, tengo que decir que se nota muy poco, sólo se ve claramente con los videojuegos, que suelen tener imágenes más homogéneas que la vida misma. El problema es que veo la puta banda en todas las circunstancias, es lo que llamo

El efecto Nuria Roca.

Veréis, Nuria Roca fue uno de mis iconos sexuales de mi postadolescencia. Desde que la vi en aquel mítico Waku-Waku quedé prendado. Uno de esos casos en los que una chica te entra por la vista y que además te gusta como es.

Nuria Roca, muy mona ella.

El caso es que durante mucho tiempo tuvo la categoría de “chica con la que me casaría” según mi propia escala. Hasta que un día llegó mi mujer con el modo rompehuevos encendido y me dijo:

-Voy a hacer que dejes de darme la vara con la Nuria Roca esta.
-Imposible, dije yo.
-Tiene un ojo virolo.
-No me lo creo. ¡Calumnias!

Pero sí, efectivamente, mi adorada Nuria bizquea bastante, efecto que se nota claramente en un vídeo. Claro, a lo mejor no te has dado cuenta nunca, normal, porque es muy sutil. Sin embargo yo no soy capaz de ver otra cosa cuando la veo. Debe de ser una de las pocas mujeres a las que soy capaz de mirar a los ojos indefinidamente. Es tan fuerte la fijación que he adquirido por su defecto que está completamente defenestrada en mi corazón. Ridículo, lo sé. Igual que el defecto de mi tele nueva: sutil, pero no soy capaz de ver otra cosa.

Mañana la devuelvo y me compro otra.

Egalité? Puede, pero no para los gays.

Llevo varios días pensando en escribir un post con todas las cosas que los españoles deberíamos de aprender de los franceses. Es duro, pero salir del país conlleva necesariamente ponerlo en su contexto y, desgraciadamente, en la comparación España pierde en muchos puntos. Sin embargo, hay uno en el que gana y me gustaría resaltarlo para que nos felicitemos entre todos:

En España los homosexuales están más integrados en la sociedad que en Francia.

Sí amigos, en nuestro país los gays y las lesbianas son personas más normales que aquí. Naturalmente, desde el punto de vista legislativo ya les damos mil vueltas a los franceses, pues estamos a la cabeza de Europa en cuanto a matrimonio, adopción y demás. En Francia los homosexuales no pueden casarse, no pueden adoptar y creo que hasta hace bien poco no podían donar sangre. Pero las leyes son una cosa y el día a día es otra. Y es ahí donde veo las diferencias. Veréis, Oviedo no es precisamente una ciudad progresista y sin embargo es común ver parejas homosexuales cogidas de la mano, besándose o comprando juntos con total tranquilidad. Puede que en un comienzo llamasen la atención, pero no creo que ahora sea el caso. Las parejas gays con las que me cruzo por la calle, con las que coincido en los restaurantes o de pique-nique mantienen esa actitud de disfrazar su relación de amistad, como hacían los gays que recuerdo haber visto en mi infancia y adolescencia. Y me parece triste. Recuerdo con especial dolor a una pareja en IKEA, que se comían con los ojos pero que evitaron tocarse tras haber llegado al acuerdo de comprarse una MALM para el dormitorio, mientras que otras parejas hetero sí que se daban mimos por el mismo motivo (por alguna razón elegir una cama parece que incrementa la sensación de intimidad con tu pareja). Esta sensación de que los gays están ocultos se incrementa si vas al barrio gay por antonomasia de París: Le Marais, donde a lo más que se llega es a poner una pegatina multicolor en la puerta de algún local. Uno que está acostumbrado a Chueca, un barrio donde la gente es libre de ser como le de la gana, se sorprende al ver como Le Marais sigue siendo un gueto donde imagino que la libertad quede detrás de la puerta de la casa de cada uno.

Naturalmente, habrá excepciones y seguro que muchos me llevarían la contraria, a lo mejor no tengo razón y es una falsa impresión mía, pero al menos es compartida con el resto de españoles con los que alterno. Concuerda además con otras excepciones a su famoso Liberté, Egalité et Fraternité que desgraciadamente es poco más que el lema nacional, porque desde luego no refleja la realidad del día a día Francés. Y si no que se lo digan a Laurent Blanc. Pero esto amigos, será tema de otro post.
Sed buenos.

Os regalo una startup 2.0.

Como ya sabéis, tengo todo mi piso versallesco amueblado de IKEA. A parte de la experiencia que tenía previa de Oviedo, creo que aquí en Francia he alcanzado un nivel superior de comprensión de la tienda sueca. Antes de lanzarme a la aventura, me empapé bien de la web de IKEA para ir a tiro fijo, ayudado también por una aplicación Android con todo el catálogo de la tienda. De esa forma, conseguí optimizar mis viajes y reducirlos a alrededor de media docena (que no está mal).

El caso es que durante todo el proceso, me di cuenta de que me vendría de lujo cierta información que no pude encontrar en ningún lado. Información por la que estaría dispuesto a pagar, puesto que me ahorraría gasolina, tiempo y no pocas disputas con la parienta: ¿Cuál es el mayor paquete que puedo meter en mi C3? ¿Caben a la vez un sillón POANG y una cómoda MALM? Imagino que se le habrá ocurrido a mucha gente antes que yo, pero no he encontrado nada. Lo que me molaría es una base de datos (wiki puede ser) que tuviese por un lado las dimensiones interiores de mi coche y por otro las dimensiones de los paquetes de IKEA (que están en su web) de esa forma, podrías saber de antemano si tal paquete cabe en tu coche o no. Podría ser teórico, tomando medidas de los fabricantes de los coches, pero creo que lo más efectivo sería hacer medidas en función de las diferentes configuraciones de asientos, maletero y demás. Por eso sugería lo de la wiki. Ya la guinda sería la aplicación para el smartphone, clara candidata a ser la fuente de ingresos del proyecto.

La implementación la dejo a los expertos, yo dejo la idea escrita aquí con la esperanza de que algún día se haga realidad (y de que alguien se gane la vida y diga ¡Eh! Me forro gracias a las chorradas que leí en un blog).

Becas y otras mierdas.

Una de las cosas que tiene salir fuera es que puedes ver tu propio país con perspectiva, que es como se ven las cosas mejor.

En España somos muy aficionados a las becas, a los becarios y a las becarias. Estamos encantados con un sistema que permite que la gente coja experiencia antes de trabajar, que permite que los recién salidos de la enseñanza tomen su primer contacto con el trabajo, pero de una forma light, para no agobiar. Una costumbre que, en definitiva, permite a los jóvenes reforzar sus capacidades y aptitudes cara a encontrar un empleo.

LOS COJONES.

Seguramente ahora voy a soltar una sarta de obviedades que ya conocerás, porque imagino que un alto porcentaje de mis lectores habrán pasado por una etapa de becario, pero no me voy a quedar callado. Se mire por donde se mire, una beca es un abuso, un insulto y una aberración que no deberíamos permitir en nuestro país. Si sobre el papel podrían defenderse (cosa que dudo) la realidad es bien distinta: las becas son mecanismos que permiten que un empresario (el Estado incluído) disponga de mano de obra barata y sin derechos. No nos engañemos, no conozco ningún caso de becario que estuviera realizando una labor significativamente diferente que los empleados equivalentes de la empresa. Joder, yo mismo pasé de investigador becario a contratado sin que mis obligaciones, horarios ni responsabilidades variasen ni un ápice. Como yo, casi toda la gente que conozco. De hecho una de las ilusiones por las que uno acepta una beca de mierda en una empresa es por si acaso al final se convierte en contrato. Muchos son atraídos a los tablones de anuncios de las facultades con esa ilusión, sin darse cuenta que esa misma beca es la que lleva ofreciéndose desde hace diez años, porque el empresario sabe que entre todos le proporcionamos un peón nuevo cada seis meses y además le agradecemos el favor.

No amigos. Para formar existen los contratos de formación, en los que deberían figurar claramente las obligaciones y los derechos del trabajador en formación, que aparte de aprender, realizará un trabajo para la empresa.

Quizá la peor variante de este sistema esclavista sean las becas de investigación. De todos es sabido que los investigadores no trabajamos y, por lo tanto, es inútil ofrecernos un trabajo real, con su contrato y todo. Es mejor darnos una ayuda, que con eso nos conformamos. A este carro se suben todas las fundaciones de las cajas de ahorros (la famosa obra social), muchas de las fundaciones de grandes empresas y algunas fundaciones filantrópicas (como la que me paga a mí). Normalmente son becas cuya única finalidad es cosmética, la empresa se gasta unos pocos € para salir en los papeles y luego hacerse la foto. Oye, que si te toca una, ni tan mal, pero dado que estamos en el país de la chapuza, la pandereta y el enchufe, las posibilidades son escasas si no conoces a nadie de antemano. En cualquier caso, creedme si os digo las becas de investigación que se ofrecen en España son UNA PUTA MIERDA PINCHADA EN UN PALO, porque cuando sales fuera te das cuenta que cobras menos y tienes menos derechos que el último mono.

En cualquiera de los casos, estamos hablando de una “retribución dineraria” que en el peor de los casos es poco más que una limosna y en el mejor se acerca a un sueldo, eso sí, sin paro, sin seguridad social pero sí con IRPF. Vamos, el tipo de cosa que a cualquier ciudadano de un país del primer mundo le pondría los pelos de punta. Y eso si cobras, porque también existen las becas por amor al arte, las pasantías y demás esclavitudes heredadas de un pasado de explotación que ya teníamos que haber superado.

Precisamente por eso creo que la única postura racional y razonable es la oposición frontal a este tipo de hábito de apariencia bondadosa y realidad perversa. Ahora es cuando diría eso de “a ver si a algún partido se le ocurre…” pero como ya soy mayor no lo voy a decir, porque se de sobra para quién gobiernan los representantes del pueblo (LOL).

Un abrazo y, si eres becario, dos.

De islas y terremotos (y twitter).

Esta mañana desayuné con la noticia del terremoto en Japón. Gracias a Internet, me enteré escuchando mi programa de radio preferido: “En días como hoy” dirigido por un excelente Juan Ramón Lucas en Radio Nacional de España. Como suele ser habitual en estos casos, tras un recuento de truculencias varias, contactaron con un empleado del Instituto Cervantes en Tokio para que diera su visión de lo que había ocurrido. A parte de lo que uno esperaría en estos casos, me llamó la atención la cantidad de veces que nuestro compatriota hizo referencia a Dios para explicar el hecho de que no hubiera pasado, relativamente, nada. Gracias a Dios… Si Dios quiere… eran las coletillas sobre las que este hombre apoyaba su discurso.

Ya sabéis que no soy especialmente beligerante con la cosa religiosa, es algo que no me quita el sueño, pero en este caso y teniendo Haití tan fresco, tanta mención a Dios me resultó cuando menos chocante. Por eso escribí este tuit:

El de Japón es de 8,8. El de Haití fue de 7. La diferencia no es Dios, es el dinero, el desarrollo y el conocimiento.

Así visto me resulta una obviedad bastante clara, pero resulta que a mis followers les gustó tanto que empezaron a retuitearlo profusamente. Tanto que me han llegado mensajes de robots que me dicen que ya soy un gurú de esos que crean opinión, cosa que no me creo. También me han comenzado a seguir unos cuantos de locos más. Como twitter da para tan poco, pues voy a aclarar lo que quería decir con tan poca frase:

Aun es pronto para decir nada, pero ya desde la mañana quedó claro que aunque el terremoto ha sido el peor del último siglo y medio en Japón, el número de víctimas va a ser muy reducido. A estas horas, aún contando todos los desaparecidos como muertos ( Dios no lo quiera ) no llegarían a 1000. Esa cifra tan baja no es propia de un terremoto que “Puede causar graves daños en varios cientos de kilómetros”. Desde luego, si lo comparamos con el de Haití, que fue de 7, la diferencia es abrumadora. Con 1000 veces menos de energía (cosas de la escala logarítmica de Richter), fue capaz de matar a 316.000 personas, herir a 350.000 y dejar a más de 1,5 millones de personas sin hogar (wiki). Es algo francamente impresionante y habla mucho de las tremendas diferencias que existen entre las condiciones de vida de ambos países. Por poner unos números:

Producto interior bruto: Japón: 5.390.897 M$ (3º del mundo); Haití: 6495 M$ (164º).

Índice de desarrollo humano: Japón: 0,884 (11º); Haití: 0,404 (145º).

Producción de documentos científicos 96-09: Japón: 1.341.281 (4º); Haití 249 (162º).

Naturalmente, cuando escribí el tuit no tenía presente estos datos, pero desde luego ya imaginaba que debía ser algo así. Sí tenía más presente las veces que he escuchado, leído o visto cómo en Japón se construye pensando en los terremotos, cómo los niños aprenden desde la escuela a actuar ante un terremoto e incluso me acuerdo perfectamente del terremoto de Kobe de 1995, que a pesar de haberse cargado un montón de edificios sólo causó 6434 muertes.

Dinero, desarrollo y conocimiento. Imposible decidir qué va primero, seguramente vayan los tres de la mano, pero para mí está claro que ahí está la diferencia, no es necesario meter a Dios por ninguna parte.