Corría el año 1996 o 97. Aquella época fue gloriosa en lo que a videojuegos se refiere, no sólo por su calidad, sino porque era el apogeo de la Era del CD-Mix (que Alá guarde siempre a su creador). En mi instituto un chaval tenía una grabadora de CD 1X que le habían traído de EEUU y la financiaba a base de cobrar por cada grabación. No recuerdo exactamente cuánto, imagino que 2000-3000 Ptas., pero sí recuerdo ver una lista escrita en un papel cuadriculado muy manoseado con lo que ofrecía. Le llevabas las pelas, le decías lo que querías y al día siguiente te traía un CD traxdata o verbatim (muy valorados) recién tostado. A parte de colecciones porno, lo más solicitado eran las recopilaciones de videojuegos CD-Mix, pequeñas grandes maravillas que nos dieron miles de horas de diversión a toda una generación. No recuerdo el número, pero yo compré uno bastante centrado en estrategia que traía, entre otros, el X-Com (Terror from the Deep), el Panzer General II, el Héroes of Might and Magic II y el Warcraft II [Edito mis equivocados recuerdos]. Gracias a Elrohir ahora sé que era el CD-Mix 8, con juegazos de estrategia impresionantes como el Masters of Orion II, Heroes of Might and Magic II, Star General, Command and Conquer II y el Afterlife (de Lucas Arts, otro que era el copón). A parte de estos monumentos, también traía juegos de acción, plataformas y otras pequeñeces (Como el Baku Baku Animal, que mi hermana y yo todavía recordamos).
Entre esas pequeñeces había un juego muy sencillo pero que a mi hermana y a mí nos dió horas y horas de risas, piques y diversión. Un juego que siempre he recordado con mucho cariño y que, desgraciadamente, no ha pasado a la historia. Se trata de el Death Rally.
¡Con la aparición estelar de Duke Nukem!
En pocas palabras, el Death Rally es el hijo psicodélico del Carmageddon y los Micro Machines. Es un juego de carreras en 2D en el que los coches se ven desde arriba en el que nuestro personaje trata de hacerse un nombre en carreras ilegales. Para ganar se puede llegar el primero… o acabar con todos los oponentes. Para ello hay ametralladoras, bombas, minas, pinchos pero también mejores motores, neumáticos u óxido nítrico. Es de los primeros juegos que yo recuerdo con modo campaña, en el que las victorias proporcionan dinero con el que comprar mejoras o nuevos coches. Si la premisa ya es buena, carreras vertiginosas en las que todo vale, la ejecución es perfecta. Ya de aquella tenía una fluidez impresionante, banda sonora del copón y efectos de sonido muy cachondos. Pero no sólo eso, el juego tiene sus coñitas como los competidores: Duke Nukem (muy de moda por entonces), Bogus Bill (parodia del amigo Bill Gates), las drojas (hay un champiñón alucinógeno que distorsiona la realidad al pisarlo), el claxon (que no sirve de nada, pero divierte un montón) o abrasar a los espectadores para hacer hueco para los derrapes. Sin las coñas, el juego ya es divertido y muy adictivo, pero es gracias a las chorradillas por lo que yo lo recuerdo tan bien. Finalmente, decir que se podía jugar en pantalla partida, lo que era un plus para nosotros.
httpv://www.youtube.com/watch?v=CdcutLFWKHc&feature=related
Un ejemplo de carrera.
La buena noticia es que la compañía que lo creó (Remedy, la del Max Payne) ha decidido declarar el juego freeware y ponerlo para descargar en su página web 14 años después de su creación. Imagino que a muchos de vosotros os parezca una mierdecilla, pero os garantizo que después de tanto tiempo sigue siendo tan divertido (y difícil por cierto) como el primer día. ¡Ah! Y funciona en Linux perfectamente usando el wine. ¿Qué más se puede pedir?… un multiplayer on-line, pero eso ya sería un anacronismo.


