Como os dije el otro día, estoy sin bautizar y sin embargo me casé en una iglesia. Es más, entré sin bautizar y salí igualmente sin bautizar. Mucha gente se sorprende de esto sea posible y hasta me lo han llegado a negar (fanáticos tanto católicos como ateos). Voy a contaros cómo es posible.
Lo primero, un poco de introducción. Ya os dije que estoy sin bautizar y que además no tengo Fe en Dios. No me gustan las etiquetas, pero como creo que la existencia de Dios no puede probarse (al igual que su no-existencia) y como pienso que Dios por definición es un concepto fuera del entendimiento humano (omnipotente, omnisciente y omnipresente, son demasiados omnia) pues me suelo definir como agnóstico. Mi padre estudió en un seminario y mi madre fue de misa todos los domingos hasta los ventitantos, por lo que no recibí ni una educación religiosa ni antirreligiosa. Siempre me dejaron elegir en lo que creer y eso ha hecho de mí una persona muy tolerante y nada fanática en cuanto a la religión se refiere. (Otra cosa son mis opiniones sobre la Iglesia).
Empecé a salir con mi mujer un miércoles y el domingo fuí a recogerla a misa. Durante los años que estuvimos saliendo nuestras creencias no fueron motivo de conflicto. Ambos pensamos que corresponden a lo más íntimo del individuo y nos respetamos mutuamente. Ni yo le dije nunca nada sobre creer en un zombi ni ella trató de salvarme del infierno. Cuando, tras cinco años de novios, decidimos casarnos yo ya sabía que ella se había resignado a no cumplir con el precepto cristiano (y con su sueño de infancia) de casarse en su iglesia. A mí esto me daba rabia, porque sabía que a ella le hacía mucha ilusión. Parece obvio ¿No?, que un católico tenga que casarse por la iglesia con otro católico.
Pues no.
Según el derecho canónico, en concreto el canon 1086, para los católicos uno de los impedimentos para el matrimonio es la disparidad de culto. Esto significa que un católico no puede casarse con un no cristiano (de mano puede casarse con otros cristianos no católicos, aunque con matices). Las razones que se dan son obvias y cada uno puede imaginárselas (y el que no se las imagine que se las lea en el enlace que puse arriba). Hasta aquí nosotros lo teníamos claro, pero resulta que un amiga de una amiga se casó con un musulmán y, tras informamos, descubrimos que existe la Dispensa por Disparidad de Culto.
Es decir, los católicos pueden pedir un permiso (dispensa) para casarse con un no bautizado. Es un documento que el católico puede pedir en su parroquia y que se gestiona en el obispado correspondiente. Básicamente, consiste en que los contrayentes asuman que:
- Que la parte católica declare que está dispuesta a evitar cualquier peligro de apartarse de la fe, y prometa sinceramente que hará cuanto le sea posible para que toda la prole se bautice y se eduque en la Iglesia católica;
- Que se informe en su momento al otro contrayente sobre las promesas que debe hacer la parte católica, de modo que conste que es verdaderamente consciente de la promesa y de la obligación de la parte católica;
- Que ambas partes sean instruidas sobre los fines y propiedades esenciales del matrimonio, que no pueden ser excluidos por ninguno de los dos.
Naturalmente, cuando mi mujer fue a pedírselo a su cura de cabecera, éste le puso mala cara. Al fin y al cabo una de sus ovejas iba a caer en manos de un peligroso ateo, rojo, moro o alguna cosa peor. Como mi mujer me conocía bien, decidió seguir adelante. Yo debo confesar que me lleve una alegría, pues a mi lo de la boda por un lado o por otro me la sudaba, pero quería (y quiero) hacerle feliz. Como podéis ver en las condiciones, a mi no me pedían nada extraño, pues todas las obligaciones las tiene la parte católica (mi mujer). Esto fue muy importante para mí, porque yo no quería (ni quiero) tener nada que ver con la Iglesia, afortunadamente, el no bautizado lo que firma es estar al corriente de las obligaciones del bautizado (que son las que cualquiera esperaría), pero no hace ningún tipo de promesa. Esto no me supuso ningún problema porque yo ya conocía cómo vivía ella su Fe y cual era su actitud respecto a mí y a los que vengan después. Fuimos al obispado, firmamos y tan panchos. Todo el trámite me dió la sensación de que es una maniobra de la Iglesia para que, ya que no puede ganar un “cliente” (yo) al menos no pierde el otro.
La boda, pues muy parecidaa todas las demás, el matiz está en que yo no comulgué ni fui bendecido ni nada por el estilo (tampoco es tan raro, porque yo ya he estado en bodas por la iglesia entre dos bautizados sin haber misa). Yo podía haber elegido no hacer ninguna promesa, pero elegí decirlas también para que todo el mundo se diera por enterado que era la mujer de mi vida. Yo siempre digo en broma que es ella la que se casó conmigo por la iglesia y que yo me casé con ella en una iglesia (en el fondo nadie se casa por la iglesia, todos nos casamos por lo civil cuando llevamos los papeles al juzgado). De esta forma, ella pudo vivir el día más importante de su vida (hasta entonces) casi como había soñado y yo estoy orgulloso de haber contribuído a su felicidad aquel día. Porque, no nos engañemos, las bodas son para ellas, pero eso es tema de otro post…
Espero que si alguno de vosotros (o vosotras) está en nuestra situación, este post le descubra la alternativa perfecta para estos casos. Si tenéis alguna duda, preguntad y os ayudo en la medida de lo posible. Y si no estáis en el mismo caso, al menos habréis descubierto algo que seguro que ignorábais.
