Sin más preámbulos, os presento a Lekuamna Ketuafor Godwin, un camerunés que bien podría ser el
Mago del Bambú:
El móvil, el maletín, el chaleco, la corbata…
Ahí lo tenéis. Un hombre con unas capacidades excepcionales (y no es coña) y que sin embargo vive mucho peor que todos nosotros (supongo). Es más, dado que la esperanza de vida en camerún es de 53 años, a parte de vivir peor, seguramente vivirá menos. Quizá sea el mejor ejemplo de la suerte que tenemos de haber nacido donde hemos nacido. Si el bueno de Lekuamna hubiera nacido en Llanes, seguramente ahora sería un artesano de reconocido prestigio. Quién sabe, a lo mejor hubiera emigrado a Madrid y a estas alturas ya tendría el culo pelado de desfilar en Cibeles, tendría una línea de Pret-a-porter hecha de bambú y habría lanzado ya una funda para el iPhone. Viviría a todo trapo en el Barrio de Salamanca y tenerle en una fiesta sería de lo más in. Y no os digo nada si hubiera nacido en Bristol, lo mínimo caballero del imperio británico.
Sin embargo ahí está todo orgulloso, con sus manos de currante enseñando sus creaciones a un tipo con una cámara. Con eso a Lekuamna le basta, con eso y con tener un pedazo de laptop HP de hace una década. Es maestro y en sus ratos libres trabaja el bambú, lo que le permite ganarse un dinerillo extra. Su sueño es establecer una escuela artesana y enseñarle su técnica a más cameruneses para acabar estableciendo una empresa dedicada a fabricar puro WIN de bambú. Y yo me quito el sombrero ante semejante crack.
La putada es que es muy posible que sus ideas geniales sean plagiadas por algún listillo y la corbata de bambú acabe siendo la sensación de la próxima primavera. Made in China, por supuesto, mientras el sigue pegado a su Alcatel esperando la llamada que cambie su vida…
Lo siento mucho chicas, pero es un hecho: George Clooney la tiene pequeña.
Aun así, melofo.
Al parecer, frente a las nuevas directivas de seguridad aérea que impondrán el uso de escáneres coporales, el bueno de George quiere crear una línea de ropa interior para disimular sus atributos masculinos (
Fuente). A pesar de que el pobre asegura que “no tiene nada que esconder”, parece ser que “no se siente cómodo enseñando más de la cuenta por culpa de estos novedosos aparatos”. Pobrecito.
Cualquier hombre de pelo en pecho, respetable tranca e indudables cualidades mojabragas como George estaría más que contento con los nuevos escáneres. Es obvio, las pocas indecisas caerían rendidas ante unos atributos XL. Es más, estoy por apostar a que el Conde Lecquio ya tiene pasajes reservados para Ámsterdam, principalmente para corroborar aquello que se vio en aquel yate.
El resto de pichacortas precoces estamos tranquilos. Eso seguro…
Fíjate bien, porque es lo que parece. Escalofriante.
“… cuando una mujer tiene su primer hijo, el hombre está agachado en el tejado de la casa o en las ramas de un árbol sobre ella, con cuerdas atadas a su escroto. Mientras duran los dolores del parto, la esposa tira de las cuerdas vigorosamente y así el marido comparte la dolorosa, pero en definitiva placentera, experiencia del parto.” (Berrin 1978).
Esta es la curiosa costumbre que al parecer tenían los índios
Huichol, descendientes de los aztecas. Supongo que sea una estrategia de control de natalidad, porque todo el mundo sabe que “Mal de muchos, consuelo de pocos”. No hay más referencias que la que está aquí (
que he traducido literalmente de este post de Anthrolology), pero si no es verdad, está bien inventado.
Y no lo vayáis compartiendo por ahí, no vaya a ser que se entere la Aído y nos adapte la costumbre a nuestra sociedad.
Adriansito es un niño gordechito que canta ragatón, esa música de mierda que está alienando a nuestra juventud. Seguro que no va a dejar indiferente a nadie. A mi por lo menos me hace replantearme eso de que todos somos iguales, de que merecemos el mismo respeto y de que hay que comprender al prójimo. Con Adriansito me cuesta, verdaderamente.
Ojo a las bailarinas.
Yo creo que es un ser del futuro que ha venido a avisarnos de que si seguimos así el mundo se va a acabar, tipo “Ultimatum a la Tierra” o algo así.
(Lleva circulando unos días por la Interweb, pero hay que ponerlo aquí igual).
No se si le pasa a todo el mundo o si son mis delirios de grandeza impulsados por mi egomanía, pero muchas veces fantaseo con ser el dictador de mi propia sociedad. Una vez dijo Winston Churchill que la democracia no era perfecta, pero era el mejor de los sistemas conocidos, puedo estar de acuerdo (aunque ya os digo que pienso que vivimos en una democracia sensu lato, otro día os lo cuento), pero a mi me parece que todos seríamos más felices si yo fuese el dirigente único e indiscutible.
Para ser exactos, no me veo como un dictador al estilo de lo que se viene viendo en los últimos siglos, más bien me veo como el clásico tirano en cuyas manos el Senado romano ponía todo el poder con la esperanza de arreglar una situación peliaguda. Mis lectores fieles conocen mis opiniones sobre
economía,
ciencia o
trabajo y yo creo que podeís presuponer mis opiniones al respecto de muchos otros temas. Sin embargo, en mi paja mental (que para eso es mía) yo soy un tirano omnipotente y omnipresente, metiéndome en la vida de mis subditos para erradicar los comportamientos que más me tocan los cojones. Quizá eso es lo que me da más miedo, que con una mano haría una sociedad bastante más justa que la actual, mientras que con la otra me convertiría en persona odiosa y terrible, cohartando libertades alegremente.
Sí amigos, me parece que el ser humano libre y despreocupado tiende hacia una estupidez y mala educación dignas de represión. Valgan como ejemplo los siguientes comportamientos que en mi mundo feliz estarían fuertemente perseguidos por Mi capricho (y mis cojones, ya que estamos).
Que suene el móvil en el cine, en una conferencia, en una reunión… Está visto que poner el móvil en vibración es de una dificultad equivalente a lanzar el Sputnik. Yo puedo perdonar al que le suena el primero, puede ser un desgraciado olvido, pero que después de un primero haya un segundo al que le suene no merece Mi perdón. Si cuando oigo un móvil en estas situaciones recompruebo mil veces el mío para ver que está en silencio, no veo por qué no se va a poder castigar al indolente que no lo hace.
Llevar la cabeza cubierta/gafas de sol en lugar cerrado. Dejando a un lado la gente que tiene la necesidad de hacerlo, que puede haberla, el resto no tendría cabida en mi sociedad perfecta. Está claro que gorras, sombreros y gafas de sol fueron creados para proteger de las inclemencias del tiempo, pero su uso a cubierto me resulta algo detestable. Precisamente son signos de identidad de algunas de las subclases humanas a extinguir (Canis a la cabeza), por lo que supongo que tampoco sería nada demasiado grave su prohibición.
Mascar chicle con la boca abierta. Esta sí es grave. El ser humano es un animal bello, admirable perfección fruto de millones de años de evolución. Toda la inteligencia que debe destilar un rostro humano se va por el desagüe cuando dicho ser se dedica a rumiar goma enseñando el paladar al observador. Os juro que he visto vacas con aspecto más inteligente que muchos seres humanos con el chicle. Castigo especial merecerían aquellos que, además, son capaces de mascar haciendo ruido. Aquí ya me plantearía la eutanasia preventiva y todo.
Claro, ahora estarás pensando, vaya tío, que animal y tal. Pero piensa que también prohibiría el spam telefónico (pena de muerte), no habría políticos y seguramente mandaría ejecutar a Pablo Motos. ¿A que ahora no te parezco tan burro?