Parto Huichol.


Fíjate bien, porque es lo que parece. Escalofriante.

“… cuando una mujer tiene su primer hijo, el hombre está agachado en el tejado de la casa o en las ramas de un árbol sobre ella, con cuerdas atadas a su escroto. Mientras duran los dolores del parto, la esposa tira de las cuerdas vigorosamente y así el marido comparte la dolorosa, pero en definitiva placentera, experiencia del parto.” (Berrin 1978).

Esta es la curiosa costumbre que al parecer tenían los índios Huichol, descendientes de los aztecas. Supongo que sea una estrategia de control de natalidad, porque todo el mundo sabe que “Mal de muchos, consuelo de pocos”. No hay más referencias que la que está aquí (que he traducido literalmente de este post de Anthrolology), pero si no es verdad, está bien inventado.

Y no lo vayáis compartiendo por ahí, no vaya a ser que se entere la Aído y nos adapte la costumbre a nuestra sociedad.

Adriansito, el niño más bonito.

Adriansito es un niño gordechito que canta ragatón, esa música de mierda que está alienando a nuestra juventud. Seguro que no va a dejar indiferente a nadie. A mi por lo menos me hace replantearme eso de que todos somos iguales, de que merecemos el mismo respeto y de que hay que comprender al prójimo. Con Adriansito me cuesta, verdaderamente.

Ojo a las bailarinas.

Yo creo que es un ser del futuro que ha venido a avisarnos de que si seguimos así el mundo se va a acabar, tipo “Ultimatum a la Tierra” o algo así.

(Lleva circulando unos días por la Interweb, pero hay que ponerlo aquí igual).

Si yo fuera dictador…

No se si le pasa a todo el mundo o si son mis delirios de grandeza impulsados por mi egomanía, pero muchas veces fantaseo con ser el dictador de mi propia sociedad. Una vez dijo Winston Churchill que la democracia no era perfecta, pero era el mejor de los sistemas conocidos, puedo estar de acuerdo (aunque ya os digo que pienso que vivimos en una democracia sensu lato, otro día os lo cuento), pero a mi me parece que todos seríamos más felices si yo fuese el dirigente único e indiscutible.

Para ser exactos, no me veo como un dictador al estilo de lo que se viene viendo en los últimos siglos, más bien me veo como el clásico tirano en cuyas manos el Senado romano ponía todo el poder con la esperanza de arreglar una situación peliaguda. Mis lectores fieles conocen mis opiniones sobre economía, ciencia o trabajo y yo creo que podeís presuponer mis opiniones al respecto de muchos otros temas. Sin embargo, en mi paja mental (que para eso es mía) yo soy un tirano omnipotente y omnipresente, metiéndome en la vida de mis subditos para erradicar los comportamientos que más me tocan los cojones. Quizá eso es lo que me da más miedo, que con una mano haría una sociedad bastante más justa que la actual, mientras que con la otra me convertiría en persona odiosa y terrible, cohartando libertades alegremente.

Sí amigos, me parece que el ser humano libre y despreocupado tiende hacia una estupidez y mala educación dignas de represión. Valgan como ejemplo los siguientes comportamientos que en mi mundo feliz estarían fuertemente perseguidos por Mi capricho (y mis cojones, ya que estamos).

  1. Que suene el móvil en el cine, en una conferencia, en una reunión… Está visto que poner el móvil en vibración es de una dificultad equivalente a lanzar el Sputnik. Yo puedo perdonar al que le suena el primero, puede ser un desgraciado olvido, pero que después de un primero haya un segundo al que le suene no merece Mi perdón. Si cuando oigo un móvil en estas situaciones recompruebo mil veces el mío para ver que está en silencio, no veo por qué no se va a poder castigar al indolente que no lo hace.
  2. Llevar la cabeza cubierta/gafas de sol en lugar cerrado. Dejando a un lado la gente que tiene la necesidad de hacerlo, que puede haberla, el resto no tendría cabida en mi sociedad perfecta. Está claro que gorras, sombreros y gafas de sol fueron creados para proteger de las inclemencias del tiempo, pero su uso a cubierto me resulta algo detestable. Precisamente son signos de identidad de algunas de las subclases humanas a extinguir (Canis a la cabeza), por lo que supongo que tampoco sería nada demasiado grave su prohibición.
  3. Mascar chicle con la boca abierta. Esta sí es grave. El ser humano es un animal bello, admirable perfección fruto de millones de años de evolución. Toda la inteligencia que debe destilar un rostro humano se va por el desagüe cuando dicho ser se dedica a rumiar goma enseñando el paladar al observador. Os juro que he visto vacas con aspecto más inteligente que muchos seres humanos con el chicle. Castigo especial merecerían aquellos que, además, son capaces de mascar haciendo ruido. Aquí ya me plantearía la eutanasia preventiva y todo.

Claro, ahora estarás pensando, vaya tío, que animal y tal. Pero piensa que también prohibiría el spam telefónico (pena de muerte), no habría políticos y seguramente mandaría ejecutar a Pablo Motos. ¿A que ahora no te parezco tan burro?

Tengo una super colección de videojuegos, ña, ña, ña…

Imaginad lo siguiente por separado:

  • Un asiático (malayo quizá) bailando semidesnudo con actitud procaz en una especie de chabola.
  • Una colección impresionante de videojuegos de la Neo Geo.
  • Música de los Pet Shop Boys.

Ahora disfrutadlo todo junto:

¡Con boya incluída!

¿El propósito? Desconocido, yo creo que es para vacilar a alguien que dudó de que tuviera semejante tesoro.

(Lo publicó Juananpol en twitter, para que luego digan que es una herramienta que no sirve para nada).

El juego de la galleta.

Hay una leyenda urbana que circula desde que tengo uso de razón: el Juego de la Galleta.

galleta

Simulación por ordenador.

No se me asusten, reconozcan que alguna vez lo han oído (me pregunto si alguno lo habrá practicado). El juego parece ser que consiste en un grupo de hombres que se masturban en grupo y eyaculan sobre una galleta. El último en terminar se tiene que comer la galleta con la” cobertura”. Así por lo menos es como circula la leyenda de boca en boca.

El juego plantea muchísimas preguntas: ¿Es divertido? ¿Es sano? ¿Fomenta la eyaculación precoz?… Pero hay una que en mi opinión es la más importante: ¿Realidad o ficción?. Y aquí no lo tengo nada claro, amigos y amigas, porque creo que las leyendas como estas no aparecen de la nada, tiene que estar basada en algún hecho real. Pero claro, dada mi fe en el ser humano, no soy capaz de creer del todo mi hipótesis. Por eso voy a preguntaros a vosotros:

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