No se si le pasa a todo el mundo o si son mis delirios de grandeza impulsados por mi egomanía, pero muchas veces fantaseo con ser el dictador de mi propia sociedad. Una vez dijo Winston Churchill que la democracia no era perfecta, pero era el mejor de los sistemas conocidos, puedo estar de acuerdo (aunque ya os digo que pienso que vivimos en una democracia sensu lato, otro día os lo cuento), pero a mi me parece que todos seríamos más felices si yo fuese el dirigente único e indiscutible.
Para ser exactos, no me veo como un dictador al estilo de lo que se viene viendo en los últimos siglos, más bien me veo como el clásico tirano en cuyas manos el Senado romano ponía todo el poder con la esperanza de arreglar una situación peliaguda. Mis lectores fieles conocen mis opiniones sobre economía, ciencia o trabajo y yo creo que podeís presuponer mis opiniones al respecto de muchos otros temas. Sin embargo, en mi paja mental (que para eso es mía) yo soy un tirano omnipotente y omnipresente, metiéndome en la vida de mis subditos para erradicar los comportamientos que más me tocan los cojones. Quizá eso es lo que me da más miedo, que con una mano haría una sociedad bastante más justa que la actual, mientras que con la otra me convertiría en persona odiosa y terrible, cohartando libertades alegremente.
Sí amigos, me parece que el ser humano libre y despreocupado tiende hacia una estupidez y mala educación dignas de represión. Valgan como ejemplo los siguientes comportamientos que en mi mundo feliz estarían fuertemente perseguidos por Mi capricho (y mis cojones, ya que estamos).
- Que suene el móvil en el cine, en una conferencia, en una reunión… Está visto que poner el móvil en vibración es de una dificultad equivalente a lanzar el Sputnik. Yo puedo perdonar al que le suena el primero, puede ser un desgraciado olvido, pero que después de un primero haya un segundo al que le suene no merece Mi perdón. Si cuando oigo un móvil en estas situaciones recompruebo mil veces el mío para ver que está en silencio, no veo por qué no se va a poder castigar al indolente que no lo hace.
- Llevar la cabeza cubierta/gafas de sol en lugar cerrado. Dejando a un lado la gente que tiene la necesidad de hacerlo, que puede haberla, el resto no tendría cabida en mi sociedad perfecta. Está claro que gorras, sombreros y gafas de sol fueron creados para proteger de las inclemencias del tiempo, pero su uso a cubierto me resulta algo detestable. Precisamente son signos de identidad de algunas de las subclases humanas a extinguir (Canis a la cabeza), por lo que supongo que tampoco sería nada demasiado grave su prohibición.
- Mascar chicle con la boca abierta. Esta sí es grave. El ser humano es un animal bello, admirable perfección fruto de millones de años de evolución. Toda la inteligencia que debe destilar un rostro humano se va por el desagüe cuando dicho ser se dedica a rumiar goma enseñando el paladar al observador. Os juro que he visto vacas con aspecto más inteligente que muchos seres humanos con el chicle. Castigo especial merecerían aquellos que, además, son capaces de mascar haciendo ruido. Aquí ya me plantearía la eutanasia preventiva y todo.
Claro, ahora estarás pensando, vaya tío, que animal y tal. Pero piensa que también prohibiría el spam telefónico (pena de muerte), no habría políticos y seguramente mandaría ejecutar a Pablo Motos. ¿A que ahora no te parezco tan burro?