Descanso tuitero.

Como muchos habréis notado, hace unos cuantos días (20 o así) que no posteo en twitter. Como no quiero hacer un javimoya, aquí va la explicación:

He dejado de entrar en twitter porque estaba (y estoy) completamente enganchado.

Si, como lo lees, enganchado, adicto, colgado, yonki de los 140 caracteres. Si amigos, en los últimos meses me he ido dando cuenta de que mi relación con twitter estaba empezando a interferir peligrosamente en mi vida real, mi trabajo, mis amistades, mi familia y mi matrimonio. Parece una exageración, pero se lo que digo, me conozco y esto es algo que ya me ha pasado antes. Veréis, tengo una tendencia a la adicción (mental) a las cosas nuevas, a las cosas que cambian. Es complicado de explicar, así que os cuento un ejemplo: en 2002 me compré el Warcraft 3. Es un pedazo de juego de estrategia y en su momento jugué online mucho. Suficiente como para quedar menos con mi novia, estudiar menos y estar todo el día pensando en hacer un rush con los tanques de la Alianza. Pero ahora llega lo más gracioso, realmente yo no estaba tan enganchado al juego como a la ladder de Battle.net. Sí amigos, tras cada partida necesitaba verificar mi cambio en el escalafón de los jugadores del warcraft. El juego dejó de ser un fin en si mismo para convertirse en un medio para conseguir saciar mi pequeña obsesión.

Con twitter había empezado a pasarme lo mismo. Muchas veces me logueaba sólo con el objetivo de leer todos los twits de mi timeline desde la última vez, para al acabar darle al botón de refresco para ver si alguien había escrito algo nuevo. Lo hacía al levantarme (15 min en la cama leyendo lo que se había escrito durante la noche), en tiempos muertos en el labo, al llegar a casa, antes de acostarme… Pero la cosa no acaba aquí, muchas veces escribía tuits o compartía fotos con la única motivación de obtener respuestas o RTs, para obtener ese pequeño trofeo virtual que alimentase mi pequeña obsesión. Y eso no me gusta. Tampoco me gusta el haber estado tuiteando en nochevieja, estando con mi familia, a la que veo una vez al año, incluídos mis abuelos, que dada su edad puede haber sido perfectamente la última vez que los veo. No me gusta haber tuiteado en el cine, ni estando de cena con amigos, ni con mi mujer. No estoy orgulloso tampoco de haber tuiteado a escondidas en reuniones de trabajo en momentos en los que me juego mi carrera laboral (como suena).

Cuando sólo me logueaba desde el ordenador estando en Oviedo no tenía ningún problema, porque el twitter quedaba restringido a unas horas determinadas. Aquí en Francia la cosa ha cambiado, estoy más solo y tengo un smartphone y eso ha propiciado el dedicarle más horas de las que debiera. Y de alguna forma tengo que pararlo. Es por eso que he tomado la decisión de tomarme un descanso hasta que pueda controlar mi acceso, plantearme horarios o límites. No creáis, hay veces que me muero por comentar algo con la comunidad que tenía a mi alrededor, verdaderos amigos a los que echo de menos, pero os tengo que confesar que estoy mucho mejor sin estar todo el día dale que te pego. ¿Es posible? Si, sin duda. Tengo la cabeza más centrada, antes estaba más preocupado con la última discusión o con la última polémica que con las cosas que estaba haciendo. También he recuperado el sano hábito de reflexionar antes de formarme una opinión (algo que muchos tuiteros han olvidado). Tengo más tiempo para mí, ahora me dedico a correr todos los días, llamo más a la familia y quedo más con los amigos de aquí. Es más, hasta tengo ganas de volver a escribir posts. Naturalmente, el twitter como herramienta no tiene la culpa de nada de lo que comento… ¿O si?

Veréis, twitter es todo inmediatez. Las cosas se desarrollan en tiempo real, por lo que o estás conectado en el momento que ocurren o te pierdes la parte interesante. A mí me gustaba estar en la onda y he tenido debates y discusiones de lo más enriquecedor. El problema es que esos debates exigían estar conectado para poder seguirlos. Twitter no es como el Facebook o nuestro añorado GReader en los que el ritmo más pausado permite alejarse del ordenador o del smartphone para atender a las tareas del mundo real. En twitter estás o no estás. Sí, ya se que se puede estar unos minutos al día, pero yo de momento no puedo. Se que si lo abro voy a volver a la dinámica anterior y no quiero. Espero que no me echéis mucho de menos.

Os quiero. Volveré.

Publicado en Yo

Mi quinteto titular de mierditas.

Dicen que cuando uno está fuera es cuando aprende a valorar lo que tenía en casa. Hay muchas facetas mi vida que han mejorado en Francia, pero también hay otras que han empeorado. Una de ellas es la referida a las mierditas. ¿Qué son las mierditas? Pues son las golosinas y aperitivos con los que alegramos nuestras tardes de sábado, nuestras sesiones de pelis o nuestros paseos por Oviedo. Normalmente se compran en kioskos y más específicamente en las tiendas tutifruti, nombre exclusivamente ovetense por cierto (debido a la original, situada en la calle Cimadevilla) para referirse a los establecimientos que venden gominolas al peso en autoservicio, patatitas, mierditas y encurtidos. En Oviedo es difícil no tropezarse con los Caramelo, verdadero emporio que espero que dure hasta que yo me muera (como poco).

En fin, al tema que me lío. Aquí en Francia sólo puedo comer patatas fritas de sabores variados, he probado todas las que están a mi alcance y la mayoría me parecen una soberana mierda como boloñesa, pollo, mostaza. Sólo destacaría las patatitas sabor a wasabi del Auchan como verdadero aporte a mi cultura culinaria del aperitivo. En cambio en España, ay amigos en España ¡Qué variedad! ¡Qué riqueza!. Así que en pleno ataque de nostalgia, os voy a contar mis cinco mierditas favoritas. Espero que sirvan de guía, de homenaje y de tema de debate en los comentarios.

Allá vamos:

Jumpers.

Sin duda alguna mi mierdita favorita de todos los tiempos. Los descubrí durante el instituto (94-98) y se convirtieron en mi tentempié a la hora del recreo. Creo que costaban 15 ptas. de aquella. De sabor muy particular (dicen que mantequilla, pero a mi no me saben a mantequilla) y textura suave. Los hay en bolsa grande y bolsa familiar.

 

Jumpers sabor a mantequilla.

Tipo: “Aperitivo extrusionado horneado con sabor a mantequilla.”
Empresa: SYC, de Ejea de los Caballeros, Zaragoza.
Productos similares: El resto de la gama, con sabor a ketchup y queso, pero no son lo mismo. 
Mierdismo: 3/5
Pringosidad: 3/5
Crujientitud: 1/5 
 

Chaskis.

Los mejores aritos de maíz del mercado. Es un poco injusto llamar mierdita a este aperitivo que no lleva aditivos, ni colorantes ni nada. Es más, es el único producto de esta lista que puede quedar dignamente en un cocktail medianamente serio, al lado del Ferrero Rocher y del Rondel Oro/Rondel Verde. Constituyeron mi tentempié mañanero durante mi doctorado. Hay de varios tipos, natural, barbacoa, queso, ketchup… pero sólo me apasionan los naturales.

Chaskis nature

Tipo: Aperitivo de maíz horneado.
Empresa: Facundo, de Villada, Palencia.
Productos similares: Los triskis, pero no tienen comparación. 
Mierdismo: 1/5
Pringosidad: 1/5
Crujientitud: 5/5  
 

Shiki-Shin.

Conocidas comúnmente como patatas chinas. Llevaban el mítico slogan “Listas para comel” y al parecer tienen simpáticas formas orientales (¿?). Se supone que tienen sabor barbacoa y creo que es uno de los productos con menor densidad que se pueden encontrar en el mercado pues la bolsa pesa la friolera de 19 g.

Shiji Shin, las patatas chinas.

Tipo: Aperitivo de patata sabor barbacoa.
Empresa: Aspil, de Ribaforada, Navarra.
Productos similares: Las patatas light, pero como que no. 
Mierdismo: 2/5
Pringosidad: 2/5
Crujientitud: 4/5

Apetinas sabor ketchup.

El siguiente en la lista es uno de esos productos que demuestran que a veces una vuelta de tuerca es lo que hace falta para pasar al nivel superior. Básicamente son las pajitas de toda la vida con un recubrimiento satánico de color rojo. Dicen que es ketchup, pero lo dudo mucho, el ketchup no sabe tan bien ni de lejos y no se pega tanto a los dedos. La bolsa es de las míticas también, con sus verduras y el lema “Selección Gourmet”, como para darle más empaque si cabe a un producto verdaderamente WINRAR.

Apetinas sabor a ketchup.

Tipo: Aperitivo de patata sabor ketchup.
Empresa: Tosfrit, de Manzanares, Ciudad Real.
Productos similares: Las apetinas nature, que demuestran que sin lo rojo no valen nada.
Mierdismo: 4/5
Pringosidad: 4/5
Crujientitud: 4/5

Risketos.

Queda para el final el producto que podría ilustrar mejor el concepto de mierdita: los risketos. Piénsalo bien, ese color naranja chillón, ese sabor indescriptible (dicen que es de queso, pero está por ver cual), esa sensación de que te puedes comer mil de una sentada… Si un día se descubre que son el subproducto de algún programa secreto de la CIA no me extrañaría lo más mínimo. Yo creo que hasta brillan en la oscuridad. Muy imitados, los originales son los mejores. Al loro con los lemas: “Son los que más molan” y “Alegra ese careto, llegan los Risketos”.

Risketos, son los que más molan.

Tipo: Aperitivo de maíz sabor a queso.
Empresa: Risi, de Daganzo de Arriba, Madrid.
Productos similares: Los garrochitos, los torcis…
Mierdismo: 5/5
Pringosidad: 5/5
Crujientitud: 3/5

Con esto termina el repaso a mi peculiar quinteto favorito. Viéndolo así en perspectiva, luego nos extrañaremos de que en Europa se piense que los españoles comemos cualquier cosa. Como comentario final, he deciros que las webs de las empresas de aperitivos son un verdadero viaje al pasado, al cutrerío y al garrulismo internetero. Sin embargo, parece que casan bien con el espíritu de sus productos.

Cuidaos.

Hermanos y Enemigos. Divac y Petrovic.

Últimamente me estoy aficionando a los documentales y las biografías de los grandes mitos de mi infancia. Esta mañana de Domingo he decidido ver un fabuloso documental sobre la amistad y posterior distanciamento entre Divac y Petrovic, posiblemente los jugadores que abrieron verdaderamente la puerta de la NBA a los europeos.

El documental habla de baloncesto, de la que fue posiblemente la mejor selección de baloncesto de la Historia (la Yugoslavia de finales de los 80), habla de amistad, de guerra, de cómo todo puede enmerdarse cuando el fanatismo toma el control… Divac lo recuerda todo en primera persona, habla de Drazen, nos recuerda sus comienzos en la NBA y nos lleva de vuelta a Yugoslavia. Salen testimonios de míticos como Kukoc y Radja, la madre y el hermano de Drazen, de Magic, de Ainge…

Creo que es una buena elección por muchas razones. Para los que tenemos 30 años, porque vivimos y nos acordamos de lo que cuenta, para los aficionados al baloncesto, porque van a ver jugadas de las que ya no se ven hoy, y sobre todo para todos aquellos capaces de emocionarse con una historia muy humana. A mi me ha hecho llorar.

Muy recomendable.

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Parte 4

Parte 5

Parte 6

Explosiones en el cielo.

Si tengo que decir qué grupo me ha cautivado últimamente la respuesta sería Explosions In The Sky. Llevo un año más o menos escuchando un disco suyo al menos una vez a la semana, con épocas de trabajo rutinario en el invernadero en las que he llegado a ponerme la discografía completa día tras día. Nunca había tenido el nivel de enganche, de disfrute total con la música de un grupo, lo curioso es que tengo los mp3 en el disco duro con fecha de hace cuatro años y recuerdo haberlos escuchado un par de veces para olvidarlos completamente. Lo mío ha sido una especie de redescubrimiento.

¿Cómo suenan? Pues como un grupo con tres guitarras y una batería que hace canciones sin letra y que duran entre seis y diez minutos. Suenan como si cada canción fuese una pequeña sinfonía, con su movimiento lento, su allegro y su final apoteósicoa. Suenan a Tortoise, a Mogwai y a Sigur Ros, pero tampoco es que se parezcan demasiado. Suenan melodiosos, pero a veces suenan discordantes, un poco como la vida misma.

httpv://www.youtube.com/watch?v=2UNj5Oqs29g

Last known surroundings.

Me ha costado mucho amputar canciones de los discos, pero al final he preparado una pequeña lista de Spotify que creo que puede servir bien para que te hagas una idea de lo que pueden ofrecerte los Explosions in the Sky. Lo más seguro es que a la mayoría no os guste, pero me encantaría saber que alguno de vosotros ha descubierto el grupo gracias a mí.

Por cierto, que la historia de cómo conocí el grupo tiene miga también. Me lo descubrió un ex-compañero de trabajo durante una época que nos llevamos bien. Desgraciadamente, nuestra relación se enmerdó por razones que no vienen al caso y yo diría que ahora nos despreciamos mutuamente y en secreto, manteniendo las típicas conversaciones de cortesía cuando es menester. Aun así le debo el descubrimiento y le estaré eterna (y secretamente) agradecido por ello.

9 Meses – El pan bajo el brazo.

Bueno amigos, como cada trimestre toca hacer el post correspondiente sobre mi postdoc en Francia. Los que me seguís en twitter estáis al tanto, pero por si acaso lo pongo aquí por escrito.

Personal.

Pues aquí sin novedad. Con los franceses tengo una relación cordialmente profesional, incluso yo diría que especialmente cercana. Cuentan conmigo para cualquier celebración laboral (casi cada viernes) y creo que estoy integrado perfectamente. Como voy mejorando con el idioma puedo ser más natural y ahí empieza a aflorar una de mis mejores virtudes (imagino), que es el buen humor. Pero insisto, es profesional, lo que significa que cuando salgo del laboratorio estoy solo. ¿Solo? No, afortunadamente tengo un pequeño grupo de amigos españoles con los que me lo paso bien, salgo de cena, pique-nique y lo que haga falta. Además formamos una especie de red de seguridad básica cuando uno está lejos de la familia y los amigos.

Un amigo de Oviedo me preguntaba si la distancia había hecho mella en mis relaciones con los que quedaron en España. Creo que gracias a Internet (twitter, gtalk, facebook) y a la tarifa plana de llamadas internacionales estoy tan lejos y tan cerca como antes, lo cual es una buena noticia.

Con La Princesse, pues todo genial. La distancia no ha afectado a nuestra relación, incluso me atrevería a decir que la ha fortalecido. Ella es la que me animó a venir y es la que lo pasa peor, pero creo que los malos momentos se compensan con esos findes románticos y apasionados que pasamos cada dos o tres semanas.

Trabajo.

El mejor resumen que puedo hacer es que por fin he cumplido el sueño de mi vida: ser un investigador. No es que antes no me sintiera así, pero por mucho cariño que le tenga a la Universidad de Oviedo y a mi anterior grupo, no puedo negar que necesitaba cambiar de aires para aprender y progresar. Mi antiguo jefe siempre insistió en ello, en que tras la Tesis hay que subir de nivel, salir fuera y disfrutar. No se equivocaba. Estoy en un centro puntero, en un grupo puntero estoy rindiendo como nunca en mi vida trabajando menos que nunca. Esto se debe a que mi trabajo no es exactamente mío, en un experimento normal intervienen técnicos, jardineros y administrativos que me liberan de las tareas tediosas y poco cualificadas para que yo haga lo que tengo que hacer. Tengo más tiempo para pensar, para leer y para estar concentrado cuando es necesario y creo que eso es fundamental para rendir.

Sospecho que mi jefe está contento conmigo, porque hace unos días me confirmó que me va a contratar cuando se me acabe mi beca española. Es una buena noticia se mire por donde se mire: me alegra el presente, porque me confirma que estoy haciéndolo bien y me alegra el futuro, sobre todo cuando se avecinan malos tiempos para la (lírica) ciencia. Otra cosa buena es que mi jefe me dijo que había hecho las gestiones pertinentes para que me paguen el máximo posible para un Doctor en el sistema público francés. Cuando me dijo eso, queridos amigos, tuve que agarrarme a la silla para no abrazarle y plantarle un beso. Estoy acostumbrado a que los doctores traguen con contratos de licenciado (en el mejor de los casos) y aquí me dicen que con más de tres años de experiencia postdoctoral uno ya es un senior y merece todo el reconocimiento. Una de las definiciones de respeto es esa: que te traten como mereces. Y si es en términos pecuniarios, mejor que mejor.

Y ahora que digo eso, hablemos un poco de sueldos:

No penséis que en términos económicos es un pastón. De hecho es menos de lo que cobra un Doctor en la empresa privada francesa, menos que lo que ganan mis colegas del Pasteur (que es una fundación privada), es menos de el doble del salario mínimo en Francia (1321 €) y no es mucho más que el salario de un Dr. en el CSIC español. Sin embargo, es una pasada gracias a lo que aquí se llaman beneficios sociales. Al trabajar para el INRA tengo una serie de ventajas de lo más interesantes, como cantina subvencionada (2,50 – 4€ por cada comida), abono de transporte pagado (el anual zona 1-5 son más de 1300€), vacaciones subvencionadas (10-40% de descuento) si las gestiono a través de la asociación de trabajadores, 400€ al mes extras si tengo un crío, biblioteca, “comicteca”… Con todas estas ventajas el salario rinde bastante más de lo que uno piensa al principio y eso es un puntazo. Curiosamente, en la empresa privada las cosas están incluso mejor, pues se gana más dinero (doble o triple de lo que gano ahora por hacer lo mismo), algunas tienen beneficios impresionantes (como esa que te da cheques regalo de la FNAC, Decathlon y demás de 50€ al mes), pero claro, el trabajo es más duro e inseguro.

Nada más por ahora. La única pena que siento de todo esto es que por alguna razón no encuentro ganas para escribir más en el blog. Tiempo no me falta, pero os aseguro que estoy atascadísimo. Una pena, porque ideas tengo, pero me pongo delante de la pantalla en blanco y no sale nada.

Besos para ellas y abrazos para ellos.

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