Pisito en París.

Hace unos fines de semana hice esta foto, que creo que ilustra perfectamente la realidad inmobiliaria parisina:

Os traduzco lo que pone: 4ª planta (con ascensor hasta la 3ª). Perfecto estado (habría que verlo), tranquilo y soleado. Sin vis a vis (que es como se llama cuando tienes una ventana justo enfrente de tu ventana, a veces a escasos cm). 10,44 m² de superficie a nivel del suelo, 5,5 m² según la Ley Carrez (es decir, con techo por encima de 1,80 m, por lo que deducimos que es una buhardilla). Verdadero WC (no es un agujero en el suelo ni es compartido). 150.000€. El cuadro de la derecha indica la eficiencia energética, obviamente es G con perspectiva frío siberiano en invierno y calor sahariano en verano.

¿Hacen falta más comentarios? Si, deciros que los pisos de París se han revalorizado un 12% en el último año. Se podría hablar de burbuja, pero teniendo en cuenta que aquí no se construye casi nada (Y menos en St. Germain), yo diría que más bien los Franceses están locos. Franceses y medio mundo que se muere de ganas por tener casita en La Capitale. Naturalmente, el currante parisino medio tiene que elegir entre vivir a tomar por culo en una casa normal (para estándares españoles) o vivir en el centro en un zulo por un precio brutal. Lo que más me impacta es que no hay ningún tipo de complemento en mi instituto por vivir aquí, lo que significa que mis colegas están en condiciones mucho peores que los que viven en Montpellier, Lyon o Grenoble.

Otro día os pongo el apartamento de 40 m² en la Isla de St. Louis que valía 2.500.000 de €. Primer piso y completamente sobre el sena. Ese en cambio lo veo más justificado, sería un picadero perfecto…

Chauvinismo y consumo.

Seguramente que uno de los primeros adjetivos que se nos vienen a la cabeza al pensar en un francés es chauvinista. Básicamente, el chauvinismo es la creencia de que el propio país o región es el mejor en cualquier aspecto. Si bien es la primera impresión que suele dar un francés, estos 12 meses me han hecho comprender que la realidad es algo diferente. No sólo eso, me han hecho sentir envidia de ese sentimiento tan particular que tienen los franceses hacia su país. ¿Piensan los franceses que Francia es el mejor país del mundo? No dudo que haya muchos que si, como en todas partes, pero la mayoría no lo cree. Más bien piensan que Francia es su país y eso les marca una serie de pautas a la hora de consumir.

Supermercado.

Si uno entra en un super francés, lo primero que le llamará la atención es la cantidad de banderitas tricolores que se ven en muchos productos. Galletas, conservas, aspiradoras o plantas, todo es susceptible de tener un letrero “Hecho en Francia”. No sólo eso, también se pueden ver lemas como “Hecho con ingredientes franceses” o “Diseñado y fabricado en Francia”. La primera impresión es pensar que los franceses no aceptan productos extranjeros, pero la realidad es no es tan sencilla. El francés compra tranquilamente cualquier cosa, pero si el producto made in China es apenas unos euros más barato que el nacional la duda ofende. Y no es que piensen que lo suyo sea mejor, no, enfrentados a un buen Rioja o a un buen Manchego reconocerán su calidad, disfrutarán de su gust pero ¡Ay amigos! No son franceses. Comprarán de vez en cuando, pero la mayoría de su vino y su queso será nacional. A esto ayuda la obligatoriedad de indicar claramente el origen de la materia prima y el lugar de procesado. Te invito a que la próxima vez que veas una lata de espárragos en el súper mires el origen del producto. Cuando veas que marcas como La Carretilla o El Cidacos venden espárragos peruanos o chinos te vas a quedar con cara de tonto. Entonces pagarás esos 50 céntimos extras que te permitirán consumir espárrago español, navarro por más señas. Y no será chauvinismo, será sentido común.

Coches.

Obviamente, Citroën, Peugeot y Renault lo petan en este país. Es cierto también que los franceses ven esas marcas como esencialmente de batalla y que sueñan con tener un coche alemán, un BMW o un Mercedes. Sin embargo, de esos alemanes sólo circulan los verdaderamente caros. Las series bajas son escasas, como son escasos también los Ford, los Seat o los Fiar. También son escasos los Minis, el coche que más aborrezco del mundo, por ser el santo y seña de lo peor que tenemos los españoles: el querer y quedarse corto. Ojo, que también se ven muchos Toyota por las calles. Toyota que, como bien recalcan en cada anuncio, están hechos en Francia. Es cierto que el gobierno da facilidades fiscales a la compra de coches fabricados aquí, pero, sinceramente, ¿Qué prefieres?.

Viajes.

Quizá la parte que menos me gusta de su forma de pensar es que pasen las vacaciones en Francia. Yo eso lo veo muy triste, por la parte de empobrecimiento, o más bien de pérdida de la oportunidad de enriquecerse, que tiene el no salir de las fronteras del propio país, especialmente de un país tan homogéneo como este. Me resulta desolador ver como un ovetense como yo ha estado en muchos más sitios que mis compañeros de trabajo, teniendo a tiro de 2h de vuelo casi todas las capitales de Europa y a menos de 3h de tren Londres, Bruselas o Amsterdam. También es triste que cuando piensan en España piensan en Gerona y en Barcelona, principalmente porque no tienen ganas de alejarse más de la frontera. Por el contrario, son unos grandes conocedores de su propio país y tienen muchas vacaciones posibles dentro del hexágono.

No creo que un Francés piense que Francia tiene los mejores coches, las mejores patatas o las mejores playas. Sencillamente tiene implícitamente asumido que consumir mayoritariamente productos franceses beneficia a sus compatriotas y, en último término, le beneficia a él mismo. Es muy gracioso, pero por cada fenómeno mundial, ellos tienen la alternativa francesa. Si, les gusta el Ikea, pero tienen Conforama y Alinea, conocen Spotify, pero usan Deezer, tienen McDonalds, pero prefieren el Quick (yo también, por cierto). Es cierto que hay mucho de nacionalismo irracional en este comportamiento, pero de esta forma, han conseguido mantener un mercado interno muy poderoso, en el que la agricultura, la industria y el turismo interno sigue jugando un papel muy importante. Y eso me da envidia porque creo que los españoles somos bastante nocivos con nosotros mismos. Viendo el telediario despotricamos contra los empresarios y los políticos y nos lamentamos por el paro. Le echamos la culpa a otros, para luego ir al Lidl (¿Cuántos productos españoles vende?) subidos en un Skoda (Fabricación Checa con ingeniería alemana) soñando con ponernos hasta el culo en verano en algún resort de Punta Cana (en este caso, capital español, trabajadores extranjeros). Y así nos luce el pelo.

Descanso tuitero.

Como muchos habréis notado, hace unos cuantos días (20 o así) que no posteo en twitter. Como no quiero hacer un javimoya, aquí va la explicación:

He dejado de entrar en twitter porque estaba (y estoy) completamente enganchado.

Si, como lo lees, enganchado, adicto, colgado, yonki de los 140 caracteres. Si amigos, en los últimos meses me he ido dando cuenta de que mi relación con twitter estaba empezando a interferir peligrosamente en mi vida real, mi trabajo, mis amistades, mi familia y mi matrimonio. Parece una exageración, pero se lo que digo, me conozco y esto es algo que ya me ha pasado antes. Veréis, tengo una tendencia a la adicción (mental) a las cosas nuevas, a las cosas que cambian. Es complicado de explicar, así que os cuento un ejemplo: en 2002 me compré el Warcraft 3. Es un pedazo de juego de estrategia y en su momento jugué online mucho. Suficiente como para quedar menos con mi novia, estudiar menos y estar todo el día pensando en hacer un rush con los tanques de la Alianza. Pero ahora llega lo más gracioso, realmente yo no estaba tan enganchado al juego como a la ladder de Battle.net. Sí amigos, tras cada partida necesitaba verificar mi cambio en el escalafón de los jugadores del warcraft. El juego dejó de ser un fin en si mismo para convertirse en un medio para conseguir saciar mi pequeña obsesión.

Con twitter había empezado a pasarme lo mismo. Muchas veces me logueaba sólo con el objetivo de leer todos los twits de mi timeline desde la última vez, para al acabar darle al botón de refresco para ver si alguien había escrito algo nuevo. Lo hacía al levantarme (15 min en la cama leyendo lo que se había escrito durante la noche), en tiempos muertos en el labo, al llegar a casa, antes de acostarme… Pero la cosa no acaba aquí, muchas veces escribía tuits o compartía fotos con la única motivación de obtener respuestas o RTs, para obtener ese pequeño trofeo virtual que alimentase mi pequeña obsesión. Y eso no me gusta. Tampoco me gusta el haber estado tuiteando en nochevieja, estando con mi familia, a la que veo una vez al año, incluídos mis abuelos, que dada su edad puede haber sido perfectamente la última vez que los veo. No me gusta haber tuiteado en el cine, ni estando de cena con amigos, ni con mi mujer. No estoy orgulloso tampoco de haber tuiteado a escondidas en reuniones de trabajo en momentos en los que me juego mi carrera laboral (como suena).

Cuando sólo me logueaba desde el ordenador estando en Oviedo no tenía ningún problema, porque el twitter quedaba restringido a unas horas determinadas. Aquí en Francia la cosa ha cambiado, estoy más solo y tengo un smartphone y eso ha propiciado el dedicarle más horas de las que debiera. Y de alguna forma tengo que pararlo. Es por eso que he tomado la decisión de tomarme un descanso hasta que pueda controlar mi acceso, plantearme horarios o límites. No creáis, hay veces que me muero por comentar algo con la comunidad que tenía a mi alrededor, verdaderos amigos a los que echo de menos, pero os tengo que confesar que estoy mucho mejor sin estar todo el día dale que te pego. ¿Es posible? Si, sin duda. Tengo la cabeza más centrada, antes estaba más preocupado con la última discusión o con la última polémica que con las cosas que estaba haciendo. También he recuperado el sano hábito de reflexionar antes de formarme una opinión (algo que muchos tuiteros han olvidado). Tengo más tiempo para mí, ahora me dedico a correr todos los días, llamo más a la familia y quedo más con los amigos de aquí. Es más, hasta tengo ganas de volver a escribir posts. Naturalmente, el twitter como herramienta no tiene la culpa de nada de lo que comento… ¿O si?

Veréis, twitter es todo inmediatez. Las cosas se desarrollan en tiempo real, por lo que o estás conectado en el momento que ocurren o te pierdes la parte interesante. A mí me gustaba estar en la onda y he tenido debates y discusiones de lo más enriquecedor. El problema es que esos debates exigían estar conectado para poder seguirlos. Twitter no es como el Facebook o nuestro añorado GReader en los que el ritmo más pausado permite alejarse del ordenador o del smartphone para atender a las tareas del mundo real. En twitter estás o no estás. Sí, ya se que se puede estar unos minutos al día, pero yo de momento no puedo. Se que si lo abro voy a volver a la dinámica anterior y no quiero. Espero que no me echéis mucho de menos.

Os quiero. Volveré.

Publicado en Yo

Mi quinteto titular de mierditas.

Dicen que cuando uno está fuera es cuando aprende a valorar lo que tenía en casa. Hay muchas facetas mi vida que han mejorado en Francia, pero también hay otras que han empeorado. Una de ellas es la referida a las mierditas. ¿Qué son las mierditas? Pues son las golosinas y aperitivos con los que alegramos nuestras tardes de sábado, nuestras sesiones de pelis o nuestros paseos por Oviedo. Normalmente se compran en kioskos y más específicamente en las tiendas tutifruti, nombre exclusivamente ovetense por cierto (debido a la original, situada en la calle Cimadevilla) para referirse a los establecimientos que venden gominolas al peso en autoservicio, patatitas, mierditas y encurtidos. En Oviedo es difícil no tropezarse con los Caramelo, verdadero emporio que espero que dure hasta que yo me muera (como poco).

En fin, al tema que me lío. Aquí en Francia sólo puedo comer patatas fritas de sabores variados, he probado todas las que están a mi alcance y la mayoría me parecen una soberana mierda como boloñesa, pollo, mostaza. Sólo destacaría las patatitas sabor a wasabi del Auchan como verdadero aporte a mi cultura culinaria del aperitivo. En cambio en España, ay amigos en España ¡Qué variedad! ¡Qué riqueza!. Así que en pleno ataque de nostalgia, os voy a contar mis cinco mierditas favoritas. Espero que sirvan de guía, de homenaje y de tema de debate en los comentarios.

Allá vamos:

Jumpers.

Sin duda alguna mi mierdita favorita de todos los tiempos. Los descubrí durante el instituto (94-98) y se convirtieron en mi tentempié a la hora del recreo. Creo que costaban 15 ptas. de aquella. De sabor muy particular (dicen que mantequilla, pero a mi no me saben a mantequilla) y textura suave. Los hay en bolsa grande y bolsa familiar.

 

Jumpers sabor a mantequilla.

Tipo: “Aperitivo extrusionado horneado con sabor a mantequilla.”
Empresa: SYC, de Ejea de los Caballeros, Zaragoza.
Productos similares: El resto de la gama, con sabor a ketchup y queso, pero no son lo mismo. 
Mierdismo: 3/5
Pringosidad: 3/5
Crujientitud: 1/5 
 

Chaskis.

Los mejores aritos de maíz del mercado. Es un poco injusto llamar mierdita a este aperitivo que no lleva aditivos, ni colorantes ni nada. Es más, es el único producto de esta lista que puede quedar dignamente en un cocktail medianamente serio, al lado del Ferrero Rocher y del Rondel Oro/Rondel Verde. Constituyeron mi tentempié mañanero durante mi doctorado. Hay de varios tipos, natural, barbacoa, queso, ketchup… pero sólo me apasionan los naturales.

Chaskis nature

Tipo: Aperitivo de maíz horneado.
Empresa: Facundo, de Villada, Palencia.
Productos similares: Los triskis, pero no tienen comparación. 
Mierdismo: 1/5
Pringosidad: 1/5
Crujientitud: 5/5  
 

Shiki-Shin.

Conocidas comúnmente como patatas chinas. Llevaban el mítico slogan “Listas para comel” y al parecer tienen simpáticas formas orientales (¿?). Se supone que tienen sabor barbacoa y creo que es uno de los productos con menor densidad que se pueden encontrar en el mercado pues la bolsa pesa la friolera de 19 g.

Shiji Shin, las patatas chinas.

Tipo: Aperitivo de patata sabor barbacoa.
Empresa: Aspil, de Ribaforada, Navarra.
Productos similares: Las patatas light, pero como que no. 
Mierdismo: 2/5
Pringosidad: 2/5
Crujientitud: 4/5

Apetinas sabor ketchup.

El siguiente en la lista es uno de esos productos que demuestran que a veces una vuelta de tuerca es lo que hace falta para pasar al nivel superior. Básicamente son las pajitas de toda la vida con un recubrimiento satánico de color rojo. Dicen que es ketchup, pero lo dudo mucho, el ketchup no sabe tan bien ni de lejos y no se pega tanto a los dedos. La bolsa es de las míticas también, con sus verduras y el lema “Selección Gourmet”, como para darle más empaque si cabe a un producto verdaderamente WINRAR.

Apetinas sabor a ketchup.

Tipo: Aperitivo de patata sabor ketchup.
Empresa: Tosfrit, de Manzanares, Ciudad Real.
Productos similares: Las apetinas nature, que demuestran que sin lo rojo no valen nada.
Mierdismo: 4/5
Pringosidad: 4/5
Crujientitud: 4/5

Risketos.

Queda para el final el producto que podría ilustrar mejor el concepto de mierdita: los risketos. Piénsalo bien, ese color naranja chillón, ese sabor indescriptible (dicen que es de queso, pero está por ver cual), esa sensación de que te puedes comer mil de una sentada… Si un día se descubre que son el subproducto de algún programa secreto de la CIA no me extrañaría lo más mínimo. Yo creo que hasta brillan en la oscuridad. Muy imitados, los originales son los mejores. Al loro con los lemas: “Son los que más molan” y “Alegra ese careto, llegan los Risketos”.

Risketos, son los que más molan.

Tipo: Aperitivo de maíz sabor a queso.
Empresa: Risi, de Daganzo de Arriba, Madrid.
Productos similares: Los garrochitos, los torcis…
Mierdismo: 5/5
Pringosidad: 5/5
Crujientitud: 3/5

Con esto termina el repaso a mi peculiar quinteto favorito. Viéndolo así en perspectiva, luego nos extrañaremos de que en Europa se piense que los españoles comemos cualquier cosa. Como comentario final, he deciros que las webs de las empresas de aperitivos son un verdadero viaje al pasado, al cutrerío y al garrulismo internetero. Sin embargo, parece que casan bien con el espíritu de sus productos.

Cuidaos.

Hermanos y Enemigos. Divac y Petrovic.

Últimamente me estoy aficionando a los documentales y las biografías de los grandes mitos de mi infancia. Esta mañana de Domingo he decidido ver un fabuloso documental sobre la amistad y posterior distanciamento entre Divac y Petrovic, posiblemente los jugadores que abrieron verdaderamente la puerta de la NBA a los europeos.

El documental habla de baloncesto, de la que fue posiblemente la mejor selección de baloncesto de la Historia (la Yugoslavia de finales de los 80), habla de amistad, de guerra, de cómo todo puede enmerdarse cuando el fanatismo toma el control… Divac lo recuerda todo en primera persona, habla de Drazen, nos recuerda sus comienzos en la NBA y nos lleva de vuelta a Yugoslavia. Salen testimonios de míticos como Kukoc y Radja, la madre y el hermano de Drazen, de Magic, de Ainge…

Creo que es una buena elección por muchas razones. Para los que tenemos 30 años, porque vivimos y nos acordamos de lo que cuenta, para los aficionados al baloncesto, porque van a ver jugadas de las que ya no se ven hoy, y sobre todo para todos aquellos capaces de emocionarse con una historia muy humana. A mi me ha hecho llorar.

Muy recomendable.

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